La Gran Mentira Que Mantiene A La Gente En Relaciones Largas Pero Infelices

Existe un punto de no retorno para algunas parejas: estáis estancados. Ya no hay vuelta atrás, no sabéis cómo arreglar las cosas o rehacerlas, pero tampoco podéis tirar adelante. No hay nada más que sacar de esa unión, que hace mucho tiempo que dejó de tener sentido alguno. No seré la primera que ha dicho aquello de “ya no se quieren pero están acostumbrados a estar juntos, se han convertido en compañeros mas que en novios”. Enconces, ¿por qué no dejan una relación que ya no les aporta nada? Quizás sea por la rutina, por la comodidad o por la falta de inquietud. Los especialistas aportan una nueva visión sobre esta situación basada en una falacia que mantiene a estas parejas unidas y lo llaman el "síndrome de los costes sumergidos". ¿En qué consiste exactamente?

Un estudio publicado en la revista Current Psychology, realizado por  la psicóloga Sara Rego y otros dos colegas de la Universidad de Minho en Portugal, destaca que esta mentira que evita bastantes rupturas consiste en que las personas se niegan a renunciar a lo que tienen, incluso sabiendo que no es lo máximo a lo que pueden aspirar. Los psicólogos aseguran que esto ocurre cuando "una inversión previa en una opción (en este caso en la decisión de estar o no con alguien) lleva a una inversión continua en esa opción, a pesar de no ser la mejor decisión”. En otras palabras, que somos capaces de persistir en nuestro error solo por el hecho de no echar por la borda el tiempo invertido en él.

La investigación de los expertos se basa en situaciones hipotéticas cotidianas. Se presentó a los participantes dos casos en los que debían tomar una decisión. En el primero, tenían dos opciones: continuar con la relación infeliz o dejarla. En el segundo, en lugar de dejarles a elegir tan solo dos caminos, se les interrogaba sobre cuánto tiempo estarían dispuestos a invertir en una relación que no es la ideal.

En el primer caso, los investigadores concluyeron que era más probable que los participantes decidieran seguir adelante con la relación cuanto mayor tiempo y esfuerzo invertido hubiera conllevado. En este caso, se dejó de lado el factor tiempo de noviazgo. Con la segunda pregunta, se añadió el factor tiempo. Los participantes estaban dispuestos a invertir más tiempo en una relación que había durado más tiempo. Es decir: preferimos seguir con una relación chunga pero larga que con una corta a pesar de que hayamos puesto toda nuestra intensidad, e incluso esfuerzo económico, en ella.

¿Una de las consecuencias? Que hasta que no aparece otra persona que nos hace ver que podemos tener un futuro mucho más feliz, somos capaces de seguir adelante con una historia que ni fu ni fa.

Tranquilo, mucha más gente de la que parece está atrapada en relaciones cuyo único sustento es el tiempo que ha pasado desde que comenzó, que es casi el mismo que ha pasado desde que desapreció el amor. De este estudio podemos extraer dos conclusiones: debemos plantearnos de vez en cuanto los motivos que nos unen a nuestra pareja y que no debemos entristecernos con separaciones como la de Brangelina, Bisbal y Chenoa, Melanie Griffith y Antonio Banderas o Demi Moore y Aston Kutcher. Seguramente hayan hecho lo correcto.