No será hoy ni será mañana, pero acuérdate de esto: volverás

Una ruptura puede llegar a provocar un dolor inhumano. Esa persona con la que nos habíamos fundido, con la que nos habíamos proyectado en el futuro y con la que nos veíamos envejecer ha decidido que ya no quiere formar parte de nuestra vida. Empieza entonces un duro trabajo para empezar a pasar página y la primera fase de todas es la negación: "Esto no es real", "será temporal", "volverá, seguro que volverá".

Porque hay a quien no le importa el abandono, quien no escucha las razones o sinrazones del otro y solo cree que lo único importante en la vida es retener a esa persona sea como sea. Vivir en la ilusión de que alguien que lo ha rechazado volverá a su lado pidiendo perdón. Que después de ver que lo que hay por ahí fuera no merece la pena, se dará cuenta de que él o ella es único, de que todo ha sido un error y volverá. Volverá pidiendo perdón y jurando un amor que será más fuerte y duradero de lo que habría sido si no lo hubieran dejado.

Aunque detrás de todo esto se esconde una profunda necesidad de ser aceptado cueste lo que cueste. Porque casi todos los que esperan hoy a que él o ella vuelvan habrían jurado ayer que eso no es amor, sino falta de autoestima y respeto a uno mismo. Porque esperando sin condiciones la vuelta de alguien, como el que aguarda el regreso del hijo pródigo, se condena a sí mismo al estancamiento mientras la vida pasa en frente de él. Porque sí, el abandono duele, el rechazo deja heridas que la razón no entiende y la esperanza puede jugar malas pasadas. Pero el respeto a uno mismo debe estar siempre por delante de todo y todos.

Porque nadie merece que su vida sea un paréntesis a la deriva. Porque quien no ha sabido valorar lo que uno lleva dentro no verá la luz del amor y lo maravilloso que la persona a la que ha dejado es después, solo por el hecho de comprobar que el resto del mundo es peor. Y sobre todo, nadie merece que alguien vuelva a su lado porque no han encontrado nada mejor, porque es la opción menos mala. Con quien compartimos nuestra vida ha de saber valorarnos durante el tiempo en que los caminos se han encontrado. Ese es el único tiempo que importa.

Solo el durante tiene sentido. Solo eso es real. Lo demás son quimeras en el aire, modos de mantener la vida en stand by mientras el otro ejerce con plenitud su derecho a volar. Por eso si uno vuelve o no vuelve, si la vida os junta después o no hace que os encontréis ni a la vuelta de la esquina, no puede condicionar tu presente. Vive aunque él no este. Sueña y ríe aunque ella se haya ido. La vida no necesita su vuelta para ser plena.