La Ley De Los 'Polos Opuestos' O Por Qué Buscamos Lo Que Es Tan Diferente A Nosotros

Cuántas veces has oído eso de que los polos opuestos se atraen. Cuántas veces has conocido parejas de las que has pensado lo diferentes que eran, que no pegaban ni con cola y, sin embargo, ahí estaban. Por no hablar de las cientos de pelis que nos venden amor entre dos personas muy diferentes por motivos diversos. Pero si te pones a repasar tu vida, cuantas relaciones de las que tú has tenido cumplen con la repetidísima frase de los polos. Pocas, ¿verdad?

Porque, aunque sea un tópico muy tópico, cuando conocemos a alguien tendemos a buscar los puntos de conexión, las famosas cosas en común, más que celebrar lo que nos diferencia. Algunos expertos no están muy de acuerdo con que las parejas duraderas sean las que cumplen famosa la ley de los polos. Pero si dejamos atrás diferencias de base y nos centramos más en la personalidad de cada uno, parece que empieza a tener mucho más sentido tener al lado a alguien que no se parezca a uno.

No tenemos ni idea de porqué, pero a veces nos sentimos atraídos por personas que no tienen nada que ver con nosotros o , al menos, con aspectos importantes de nuestra personalidad. Eso nos despierta una curiosidad que empieza a transformarse en querer saber y conocer más y más del otro. Y eso, estaremos todos de acuerdo, que, en cristiano, se llama "pillarse".

Si lo pensamos fríamente, es muy práctico que nuestra pareja tenga puntos comunes porque eso genera planes y ocio para hacer juntos, buscamos modos de vida similares y a priori formas de pensar que se asemejen, pero en cuestión de personalidad la cosa parece que va por el lado opuesto. Como los polos.

Puede que lo que inconscientemente busquemos sea “rellenar” esos huecos que tiene nuestra personalidad. La sexóloga Sylvia de Béjar lo cuenta en su libro Deseo: "En toda elección existe una agenda oculta, es decir, algo que escapa a tu conciencia y, una vez más, tiene que ver con las necesidades insatisfechas del pasado". De Béjar explica que la persona con la que compartas tu vida tiene que suponer un reto que superar, alguien que te obligue a mejorar y a enfrentarte a tus carencias o defectos. "Escogemos a alguien que nos empuja a madurar y a sanar las heridas emocionales de la infancia".

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Si te falta un puntito de locura, de atrevimiento, seguro que te llama muchísimo la atención la gente que va por la vida haciendo exactamente eso que a ti te encantaría. Lo mismo vale para los poco cariñosos o los que necesitan comunicarse constantemente con su pareja.  Solemos acercarnos a las personas que nos obligan a rebajar nuestras intensidades o llenan nuestros vacíos. 

Casi al cien por cien convencida, te diría que no vas a encontrar dos pesimistas o optimistas enamorados. Pasa también con las personas extremadamente sensibles. Si lloras a la mínima, te emocionas por todo, una canción puede emocionarte o sueles quebrarte en público con facilidad, lo más seguro es que tu pareja sea una roca en toda regla. Es como si el propio universo las compensase, y entonces la teoría de los polos empiezan a tener mucho más sentido.

Sin embargo, después de la fase de enamoramiento inicial, esos complementos pueden convertirse en conflictos. Ahí es cuando muchas parejas piensan "me he equivocado". Para que os vaya bien, es fundamental que haya admiración y empatía. Es importante recordar qué fue lo que nos enamoró de nuestra pareja y valorar esas virtudes que ahora pasan desapercibidas, porque ya forman parte de vuestra vida cotidiana. La diferencia entre las parejas duraderas y las que terminan rompiendo está siempre en su forma de resolver sus diferencias. Es normal que no estéis de acuerdo en todo pero, como dice de Béjar, "si actuáis desde el respeto y la empatía, no tiene por qué afectar a la sensación de equipo y la conexión entre vosotros".