El himen, ese gran desconocido que nos convierte en santas o putas

¿Te acuerdas de tu primera vez? Claro que sí. Desde siempre se le ha dado una importancia enorme a la virginidad. Ellos tenían prisa por perderla con orgullo, ellas la guardaban para no perder su honor y la cosa no ha cambiado demasiado. Por desgracia, todavía hoy hay países en los que las mujeres son asesinadas, castigadas, discriminadas o, en sociedades como la nuestra, sufriendo bulliyngslutshaming y acoso sexual por haberse lanzado al sexo 'demasiado pronto' (¿quién decide eso?) y no ser lo suficientemente discreta.

Pero ¿cuándo se pierde la virginidad exactamente? Quien más quien menos, todo el mundo está de acuerdo en que uno deja de ser virgen cuando practica el coito (o sea, la penetración). Para las mujeres, eso pasa por vivir el temido momento de la ruptura del 'himen'. Una membrana alrededor de la cual solo hay mitos sangrientos, dolores de cabeza y mucho desconocimiento. El filtro según el cual una puede convertirse en una santa, si lo tiene (es decir, sangra), o en una puta, si no. Hablemos de ello.

¿Qué es?

Las mujeres no solemos echar un vistazo a nuestras partes íntimas hasta que somos adultas. En general, porque de niñas nos dijeron que no nos tocásemos 'ahí abajo' o, sencillamente, porque tendrías que haberte abierto de piernas con un espejo y armarte de paciencia para entender de qué iba la cosa (los hombres, en cambio, lo tienen todo más a mano). Por eso, probablemente siempre te hayas imaginado el himen como una membrana dentro de la vagina tipo film transparente que se rompe como una pompa de jabón en la primera relación sexual. Como un precinto que hay que agujerear con el pene. Nada más lejos de la realidad.

"Justo en el interior de la abertura vaginal, junto a la pared, se ubica un repliegue membranoso en forma de anillo, como una corona", más conocido como 'himen', explican las médicas Nina Brochmann y Ellen Støkken en su best seller El libro de la vaginaSegún cuentan las expertas, esta membrana es tan ancha como profunda y, de hecho, es bastante gruesa, fuerte y elástica.

Hay que tener en cuenta que el himen va cambiando con el paso de los años, especialmente en la pubertad. Con la llegada de las hormonas y, probablemente, las primeras relaciones sexuales el himen va adquiriendo la forma que tendrá finalmente cuando seamos adultas, pasando de anillo a media luna invertida. Es decir, que tu himen sigue estando ahí, pero ha mutado para permitir una mejor entrada a tu vagina.

¿Todas lo tenemos igual?

Como pasa con el resto de las partes de nuestro cuerpo, cada himen es distinto en cada mujer. El más común es el que ya hemos comentado en forma de circulo con un agujero en medio, pero existen muchos tipos distintos que, debido a su forma, pueden llegar a causar más dolor durante la primera penetración e, incluso, problemas más graves de salud. "Muchos presentan pliegues e irregularidades, lo cual no indica que haya habido actividad sexual", dicen las expertas.

En el peor de los casos, la mujer se puede encontrar con un himen sin ningún tipo de abertura hacia la vagina. Según dicen Brochmann y Støkken, son casos muy poco comunes y que no se descubren hasta la primera regla. "Suelen ser muy duros y rígidos, y esta variante puede causar problemas porque ¡la sangre menstrual tiene que salir por alguna parte! La sangre queda atrapada en la vagina, lo cual puede ocasionar dolores muy intensos y requerir una operación", cuentan.

Pero no imagines ahora que el himen es tan estrecho que se desgarra cuando introduces algo en la vagina por primera vez. De hecho, es elástico y también puede dilatarse, aunque no lo suficiente como para permitir un coito sin dolor. Y como cada cuerpo es distinto, merece la pena recalcar que el himen no se rasga ni sangra en el 100% de los casos. "Depende de la elasticidad (y la forma) del himen. En aquellas que tienen un himen con una forma determinada, por ejemplo, cuando cubre la abertura vaginal como la letra 'ø', esta parte debería romperse para dejar espacio a un pene o a unos dedos", aclaran las médicas.

¿Para qué sirve?

Para nada. El himen es el equivalente en las mujeres al pezón masculino. No tiene ninguna función biológica y no es más que, como lo llaman Brochmann y Støkken, "un vestigio del desarrollo fetal". Sin embargo, históricamente se ha utilizado para determinar si una mujer era virgen (y merecía respeto, casarse y seguir con su vida) o ya había tenido relaciones sexuales.

El mito de la prueba de la virginidad

En casi todas las culturas se han practicado pruebas y rituales para comprobar la virginidad de las mujeres antes del matrimonio o después de la noche de bodas. En nuestro país era común tender las sábanas manchadas de sangre en el balcón el día siguiente para que todo el vecindario supiera que se había consumado el matrimonio y que la mujer había llegado pura.

Sin embargo, varios estudios han comprobado que ni todos las mujeres sangran al tener relaciones por primera vez, ni se puede comprobar la virginidad de una mujer examinando su vagina. "Normalmente no se aprecia ninguna diferencia entre el himen de las chicas que han practicado sexo y el de las que nunca han tenido relaciones sexuales", dicen las médicas. De hecho, en muchos casos la membrana llega a restaurarse sin cicatrices después de rasgarse o sufrir pequeñas lesiones.

Sabiendo todo esto, se llega a la conclusión de que las pruebas de virginidad no son más que un instrumento de una cultura cargada de machismo. De hecho, todavía hoy algunos médicos expiden certificados de virginidad o reconstruyen el himen con cirugía a algunas mujeres que acuden a ellos atemorizadas por las consecuencias. Por eso, la única solución a este y otros problemas respecto a la sexualidad es la información y educación por parte de la comunidad médica y las escuelas para que llegue a las personas que más lo necesitan.