Guía para que tus polvos jamás acaben en desastre total

Las reglas están para saltárselas, sí pero a veces (y sobre todo en una relación sexual) no está del todo mal que sigamos unos pasos básicos para llegar a buen puerto

Si eres de esas personas que ya se han estrenado en la pasión que surge entre las sábanas (o en otros espacios, viva la innovación) seguramente has tenido lo que podríamos llamar un polvo de mierda. Las características que tiene un polvo de mierda no son siempre las mismas porque la respuesta depende de a quién le preguntes. Algunas de esas características pueden ser: el polvo acabó muy rápido, había frialdad, los besos y los tocamientos no encajaban, el espacio era incómodo, movimientos torpes, malos olores, malos sabores, poca limpieza… Y así una lista en la que cada persona pondrá lo que haya vivido. Hay algunas pautas básicas que podemos seguir (junto a algún truco extra) para no volver a vivir algo semejante.

La educación sexual que recibimos es inexistente y lo poco que aprendemos en las instituciones educativas es limitado o no puede compararse con la realidad. Cuando vas acumulando experiencias vas aprendiendo qué te gusta y cómo te gusta. Cada persona transita su camino y va explorando sus gustos, en ese camino coincidimos y puede ser que vaya genial, que vaya regular y haya que ir adaptándose o que sea un desastre. Ninguna de las malas es el fin del mundo, solo hay que aprender a gestionarlas y a aplicar algunos pasos que pueden ayudarnos.

Autoexploración

No nos cansaremos de hablar de esto. Es sumamente importante tocarse, verse y explorarse. Es la única manera de saber qué nos gusta en la cama y cómo nos gusta. Aunque las personas de confianza de tu entorno te hablen de cómo se hace o de qué les gusta, no tendrá nada que ver contigo. Esos momentos de intimidad hay que aprovecharlos para dar rienda suelta a las curiosidades o a las fantasías. Masturbarse, mirarse, hacerse fotos (cuidado, no hace falta que se las envíes a nadie)… Este aprendizaje propio es, digamos, la base principal para que un polvo no sea una mierda.

El momento

A veces, los polvos que son un desastre suceden por este motivo: porque NO es el momento. Esos polvos de aquí te pillo, aquí te mato no están nada mal pero debemos asumir que pueden no llegar a ser el mejor sexo de nuestra vida. Si analizas tus relaciones sexuales y llegas a la conclusión de que siempre han seguido esta estructura, quizás debas empezar a planear el momento. No tiene que ser que le mandes un WhatsApp en plan “ey, quedamos para follar?”, no, pero sí puedes insinuar un encuentro y crear el ambiente para expandir el placer.

Venga va, preliminares

Aquí estamos otra vez en uno de los temas más frecuentes en relación al sexo. A veces se aconseja que se ignoren y otras veces que se tengan en cuenta al cien por cien. Nuestro consejo tira más por el segundo, ¿sabes por qué? Porque los preliminares no son “algo previo a”, ya de por sí son sexo. El proceso es casi lo más importante para hacer que el placer aumente. Hay tantas zonas erógenas en nuestro cuerpo que si nos decantamos por los pechos, el cuello y ya vamos a los genitales, estamos perdiendo excitación porque queremos. Por favor, haz un buen recorrido, explora el cuerpo entero de la otra persona, huélelo, acarícialo, bésalo y no vayas a tope, disfruta de esa fusión, escucha cómo reacciona la persona y ábrete a que también te lo hagan a ti. Llegar a un equilibrio y a una especie de baile en este proceso puede hacer que lleguéis al éxtasis. De verdad, casi todos los polvos de mierda es porque o bien esta parte no existe o bien vais a saco y no estáis prestando atención a lo que pasa.

Sexo oral

No hay una forma correcta de practicarle sexo oral a alguien. No la hay, no existe. Cada genital es diferente, con lo cual no podemos darte unos pasos concretos aunque sí algunos consejos para que el polvo no falle en este punto. Lo primero es no a la brusquedad —como verás lo de no a la brusquedad es para toda la relación sexual—, los genitales tienen tantísimos nervios que no hay que ir a saco a por ellos, empieza poco a poco y sin tocarlos: rodeándolos, muslos, piernas, vientre, caderas, pubis… La cuestión es dedicarle tiempo para que no haya movimientos torpes y se corte la conexión.

Tiempos

A lo largo de todo el texto hemos hablado de los tiempos, que no hay que ir a saco es muy importante. Es más, si ves que el sexo está siendo atropellado y que acabáis de encajar, haz una pausa. No pasa nada. Frena un poco y no tengas vergüenza en decir algo como: “¿tú también sientes que no está yendo bien del todo?”, de buen rollo… Una pausa puede hacer que se refresque el instante y podáis retomar el sexo con mejor pie. Cuando hablamos de tiempo hay un punto MUY importante que también se olvida: el post sexo. Un polvazo puede transformarse en polvo de mierda si, al terminar, una de las personas se viste y se va o cambia de actitud después de correrse. No hagáis esto, daros un poco de tiempo al terminar para que la conexión se mantenga y se disipe poco a poco, es un momento para compartir diversión, que entren risas, comentarios y cumplidos. Acabáis de compartir un momento muy íntimo y os merecéis este ratito.

Trucos extra

Cuando un polvo de mierda pasa a ser un polvo “ni tan mal”, ya hemos dado un paso. Si esto ocurre en el segundo encuentro, ya puedes pensar que el tercero o el cuarto quizás lleguen a ser polvazos. Es importante saber esto: con la práctica se mejora. Sabemos que el primer polvo suele ser para tener un primer contacto, con lo cual la comunicación así abiertamente explícita quizás no sea cómoda (que si lo es, ¡genial!) así que tus señales corporales y tus palabras pueden ir apareciendo a medida que la intimidad crece. Aquí damos dos detalles que os pueden ayudar a pasar de polvo “ni tan mal” a polvazo.

Esas miradas

Quizás no conocías este detalle pero es interesante tenerlo en cuenta y probarlo. Casi todas las personas al eyacular cierran los ojos. Es un momento de placer explosivo y estás tan concentradx que te pierdes en tu éxtasis. Es normal. Lo que recomendamos es probar no a cerrarlos sino a mirar a esa persona a los ojos. Obviamente no solo cuando tienes el orgasmo sino también durante todo el sexo. Los ojos cuentan mucho y las miradas son muy importantes para que la relación sexual tenga esa chispa que le da calidad.

Esas palabras

Aquí entra el conocido “dirty talk” pero no hace falta que os digáis guarradas. De verdad que no. Si tenéis la confianza y la intimidad ideal para que esto surja, adelante, cuando consigues conectar con palabras fuera de tono se enciende una parte que quizás desconocías. Si aún no queréis explorar eso, no hay problema, igualmente recomendamos usar palabras o frases cortas: “me encanta así, qué bien te mueves, te quiero besar, dame un beso, qué sexy estás, sigue así, ay sí, vaya piernas, vaya culo, vaya cuerpo…”. Esto hará que la relación sexual sea más cercana y, por tanto, más relajada y placentera.