Grandes sucesos históricos que sucedieron por un calentón

Como seres humanos, somos impulsivos y, en muchas ocasiones, actuamos pensando en nuestros propios intereses. Tal es así, que no nos damos cuenta de que, a veces, pensamos solo con nuestra entrepierna. El sexo condiciona tu día a día, más de lo que imaginas. Y no solo a ti; grandes decisiones de la historia de la humanidad se tomaron, en su momento, gracias a cuestiones puramente genitales. Espera, aunque no te guste la historia, quédate. Seguro que algunas de estas situaciones te podrían aparecer en el Trivial. Y, con un poco de suerte, te servirán para ligar con alguien.

El rey que quería irse de putas

En 1901, la reina Victoria de Inglaterra murió y el trono pasó a manos de su hijo, Eduardo VII. Alguien a quien, a día de hoy, se tacharía de adicto al sexo. En su día se le llamaba, popularmente, Eduardo 'El Acariciador'. Básicamente, era un tipo que se follaba a todo lo que se movía: prostitutas, mujeres de los grandes empresarios de Inglaterra (incluyendo a la madre de Winston Churchill), actrices y cortesanas.

La silla en cuestión. A ver quién sabe cómo se utiliza esto.

Pero lo que más adoraba nuestro protagonista eran los burdeles de Francia. De hecho, un fabricante de París le construyó una silla para que pudiese mantener relaciones con más de una mujer. Cuando Eduardo fue rey, propuso un tratado a Francia, uno de sus mayores enemigos. ¿Y eso para qué? Correcto: Para que le fuese más fácil irse de putas. De ahí nació la Entente Cordiale, un acuerdo de no agresión y regulación de la expansión colonial de ambos países; uno de los tratados más importantes de la historia que sigue vigente a día de hoy y que jugó un papel vital en el desenlace de la I Guerra Mundial.


El matrimonio entre clérigos

Martín Lutero fue un teólogo y fraile católico que reformó el cristianismo en Alemania. Creó lo que, actualmente, se conoce como luteranismo. Martín tenía conocimiento de que algunos curas mantenían relaciones sexuales fuera de la normativa del cristianismo. Por eso, propuso regularizar los matrimonios de los clérigos, para intentar así evitar el pecado fuera de la ley. En este punto, tengo que presentarte a Katharina von Bora, una monja rebelde que, junto con 11 monjas más, decidió escaparse y crear su propia corriente dentro del cristianismo. Cuando Martín se enteró de este suceso, empezó a buscar marido a estas mujeres. Katharina, quien ya le había echado el ojo al 'buenorro' de Lutero, rechazó a los dos pretendientes que tenían para ella. "O me caso contigo o con nadie". Katharina consiguió lo que quería y Martín tampoco lo debió pasar muy mal, porque tuvieron 6 hijos.

Martin Luther y Katharina von Bora


La batalla entre los Hatfield y los McCoy por un polvo

Del creador de Romeo y Julieta llega La historia REAL entre los Hatfield y los McCoy. Pongámonos en situación: 1878, Virginia del Este (EEUU). Ambas familias habían convivido sin problemas hasta el día de las elecciones. Resulta que, antiguamente, después de que la gente votara a su nuevo líder político, se celebraba una fiesta donde atiborrarse de comida y alcohol. Roseanna McCoy, una chica de 21 años, empezó a 'hacer ojitos' con un guapetón que se llamaba Johnse Hatfield, de 18 años. Tal fue la conexión, que se adentraron en el bosque para jugar al conocido teto.

La cosa se empezó a poner tensa cuando la familia McCoy le pidió a Johnse Hatfield que se casara con su hija, después de haber mancillado su honor. El muchacho dijo que no y Roseanna se quedó soltera y... preñada. Y ahí sí que se lió. Durante los siguientes 9 años, al menos una docena de miembros de ambas familias fueron asesinados, otros diez resultaron heridos y siete encerrados en la cárcel. Todo por un polvo, que esperamos que acabase en -azo. En tal caso, igual hasta les mereció la pena.

Johnse Hatfield y Roseanna McCoy


Pajas en el Nilo

Se dice que la corriente del río Nilo era la eyaculación del dios solar Atum y que surgió a través de la autofelación, el sudor y sus lágrimas. Todos los años, los faraones se acercaban al río para masturbarse en él y, así, garantizar que fuese fecundado por una semilla divina. Si esto te sorprende, espera, que aún hay más: en el Antiguo Egipto, muchas celebridades se masturbaban públicamente para demostrar la potencia sexual de los varones. Por lo que te puedes imaginar lo que era bañarse en el río o andar por la calle. Y aquí nos quejamos por los chicles.

Así que, la próxima vez que pienses con tu entrepierna y no con la cabeza, recuerda estos sucesos. Quizá, si te lo propones, puedas cambiar la historia de la humanidad. Quién sabe.