El Falso Mito De Darse Un Tiempo Que Implica Huir... Tal Vez Como Un Cobarde

Hace tiempo que andáis mal. Los dos lo sabéis. Ya no os miráis como lo hacíais antes, cuando la complicidad os desbordaba por los ojos. En las últimas semanas, lo más intenso que habéis hecho es ver una peli en el sofá, cada uno en su lado y casi sin rozar los pies. Habéis acabado en la cama, pero durmiendo, como la vez pasada y como la otra. Os queréis, mucho, muchísimo, pero algo no funciona. Lo habéis hablado mil veces y siempre acabáis gritando. El “ya no me entiendes” ha reemplazado al “te quiero” y los reproches se escuchan incluso en silencio.

Amanecéis y os sentáis a hablar. Y con el sol llega la temida pregunta: ¿y si nos damos un tiempo? Un tiempo para pensar, para plantearnos la relación, para descubrir qué nos está pasando. Unas semanas para poner las ideas en orden, para daros perspectiva, conoceros a vosotros mismos, para, para, para... Una vocecita en ti grita “ojalá funcione”, pero admítelo: sabes que, en el fondo, aunque sea muy en el fondo, lo vuestro ya ha acabado.

Lo sabes desde el momento en el que te planteaste y aceptaste encontrar una solución desde la distancia y no hombro con hombro, como habéis hecho siempre. La verdad es que tu corazón tiene claro que por más aire que entre en vuestra relación, os habéis convertido en dos extraños. Porque cuando te fijas en su piel, te das cuenta de que no huele igual, sus caricias no calientan como lo hacían y sus labios ya no saben a lo mismo.

Y porque, seamos honestos, ninguno de los dos va a dedicar ese tiempo a encerrarse en un retiro meditativo. Vais a salir con los amigos solteros que os quedan, os vais a pillar un pedal de campeonato y vais a subir las fotos a Instagram para demostrar lo mucho que estáis aprovechando el tiempo. Porque todos sabemos que es así como se reflexiona en esos momentos. Al fin y al cabo, lleváis un montón haciendo planes en pareja y tus colegas ya ni te llaman para salir. Un tiempo suena a libertad, suena a locura y suena a diversión. ¿Hace cuánto que no tenías algo parecido a esto?

En el fondo, la idea suena cada vez más tentadora y peligrosa. Te apetece. Cuanto más lo piensas más te convences de que necesitas darte espacio, ser sólo tú. Precisamente por eso, piénsalo bien.

Si no necesitáis la mano del otro para superar vuestros baches, puede que, al fin y al cabo, sólo os falte coraje. Valentía para admitir que darse un tiempo a lo mejor sea una huida, una vía de escape para no tener que enfrentar la ruptura de golpe. Una especie de camino alternativo, más largo, pero menos pedregoso antes del final. Pero no os engañéis, el destino sigue siendo el mismo y el dolor no abandona a la primera de cambio. Aunque ojo, que la vida está hecha de excepciones.