¿Existe el amor a primera vista?

Crédito de la imagen: Sara Lorusso

Te lo han vendido en las pelis de Disney, en Hollywood y las novelas rosas. Te lo han metido en vena desde pequeñ@ y, como es lógico, te lo has creído. Incluso es muy probable que (creas que) lo hayas experimentado, pero no te engañes: el amor a primera vista no existe. Al menos así parecen demostrarlo todos los estudios científicos al respecto. En realidad, estamos llamando amor a un cóctel de hormonas que se desparraman por nuestro sistema circulatorio cuando nos encontramos de cara con una potencial pareja sexual. En otras palabras, el calentón que nos da encontrarnos con un empotrador de primera leyendo Las edades de Lulú o una super profesora de bikram yoga haciendo la postura del perrito boca abajo. Un mito que nuestra cultura occidental se ha encargado de esculpir en nuestra conciencia colectiva pero que el mundo de la ciencia no se cansa de echar por tierra.

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A primera vista, pero nada de amor

La primera patada a tan manido concepto llega de parte de un estudio de la Universidad de Groninga (Holanda), en el que se demostró que en la mayoría de los casos estudiados los protagonistas del supuesto amor a primera vista fueron hombres. Para llegar a esta conclusión, sometieron a 396 participantes, 60% de ellos mujeres heterosexuales, a citas rápidas de entre 20 y 90 minutos con un resultado de 49 de estos flechazos de los que casi todos fueron experimentados por hombres.Los resultados sugieren que el amor a primera vista que hemos registrado no se parece ni al amor apasionado ni al amor en general”, apuntaron los holandeses. Es decir, que el género masculino es más impulsivo a la hora de escoger compañero sexual algo que, de entrada, poco tiene que ver con el amor.

La explicación a esta tendencia la ofreció la directora del Center for Children's Enviromental Health Research de la Universidad de Berkeley, Brenda Eskenazi, al recordar que, en base a la teoría evolucionista, los hombres responden instintivamente a los estímulos visuales que les indican que una determinada mujer tendrá una descendencia sana mientras que las mujeres buscan un buen compañero para criar su descendencia. En una línea muy similar, el catedrático en Psicobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), Ignacio Morgado, explica cómo los hombres heterosexuales de prácticamente todas las culturas se sienten potencialmente atraídos por las mujeres cuya relación entre el diámetro de la cintura y el de la cadera sea de 0,7, algo que se calcula dividiendo los centímetros de cintura entre los de la cadera.

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No llames amor al sexo

En esta misma línea, la prestigiosa bióloga y antropóloga norteamericana, Helen Fisher, apuntó en 2010 que la cuestión del amor a primera vista es “relativamente fácil de explicar” ya que, según sus observaciones, esa respuesta instintiva de algunos hombres y mujeres (el 41% de hombres dicen haberlo experimentado alguna vez en su vida frente al 29% de mujeres) al físico de otra persona es “tan básica como sentir sed o hambre”. “Es tan natural que incluso algunas especies animales experimentan la atracción instantánea hacia otro individuo. Sin embargo, en nuestro caso la cultura tiene un factor muy importante”, añadió Fisher.

Precisamente, en su libro Emociones e Inteligencia Social, Morgado profundiza en el papel determinante en la explosión de hormonas en el proceso pero también en cómo ese ‘boom’ del principio se convertirá con el tiempo en lo que conocemos como amor romántico: “El cerebro induce la producción gonadal de hormonas como los andrógenos masculinos o los estrógenos femeninos que aumentan el apetito o deseo sexual. Más tarde, la fogosidad y pasión iniciales dejan paso a un amor más maduro, a una emoción más relajada y consistente”.

Todo parece amor cuando hay amor

En definitiva, y volviendo a los expertos de la Universidad de Groninga, lo que en realidad ocurre cuando hablamos de ‘amor a primera vista’ es que la pasión inicial, una cuestión de pura química sexual, será recordada como un amor instantáneo si la relación avanza hacia algo más profundo en el futuro y se asienta. Un recuerdo compartido e idealizado que nos ayudará a consolidar nuestra relación pero que no habríamos recordado si la cosa no hubiera ido a más.

Esto explicaría, por ejemplo, por qué a veces vemos a alguien por la calle que nos parece el futuro padre de nuestros hijos o la mujer perfecta y a los cinco minutos ni nos acordamos de su aspecto. En cambio, si las circunstancias del momento hubieran sido las adecuadas y os hubieseis conocido dando lugar a una relación, lo más probable es que recordarais el episodio como un flechazo y no un simple calentón o un cruce de miradas indiscretas. Al final, y como recordaba la doctora Helen Fisher, colocar la etiqueta de amor sobre algo que no es más que puro instinto es una cuestión cultural que se ha visto alimentada por cientos de novelas románticas, películas de Hollywood y los cuentos de Disney con el príncipe azul y la joven inocente de turno. De ti depende creerte el ‘cuento de hadas’ o no.

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