Cuando Esa Espina Que Tienes Clavada En El Corazón Vuelve Para Hacer Peligrar Tu Relación

Cuántas veces habré querido levantarme a su lado por las mañanas y dejar que el tiempo hiciera con nosotros lo que le diese la gana. Cuántas esperanzas tuve en que algún día las chispas saltarían resultado de la fricción entre nuestros cuerpos y cuántas películas me monté pensando en lo bonito que sería un 'nosotros', suma del 'tú y yo' más empalagoso de la industria del cine. Lo pensé mil veces y lo visualicé otras tantas, pero pasó por mi vida como un soplo de aire que me dejó sin aliento; y también sin relación. No hubo citas memorables ni anécdotas. Tampoco tuvimos broncas ni reconciliaciones.

Y daba igual que tuviera un millón de defectos, porque por alguna absurda razón se transformaban en aventuras y pruebas que lo hacían todo más excitante. Sin embargo, lo único que quedó fue la ausencia de lo que pudo haber sido y no fue, guardada en mi mente y mi corazón para siempre.

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Con el tiempo, la idílica y absurda idea de nuestro amor fue perdiendo fuerza y conocí a otra persona. Confieso que le abrí las puertas a regañadientes, sintiendo la frustración de tener que resignarme a olvidar aquél cuento de hadas con la persona que siempre había creído que iba a ser 'mi príncipe'. Pero él no estaba en 'el momento' para dar 'ese' paso. No podía (o no quería) saltar conmigo. Y se cayó mi venda.

Tras mucha reflexión y por el bien de mi salud mental y emocional, decidí que la historia que no pudo ser, no fuera, y la que estaba llamando a mi puerta viviera. Sin fechas de compromiso ni de caducidad, me conformaba con el pequeño latido de dos corazones con hambre. Llena de ilusión pero con los sentimientos justitos para empezar una relación, fuimos construyendo un concepto diferente, pero mucho más enriquecedor que todo aquello que me imaginé con quién no había tenido tiempo ni ganas para mí. Me consolaba pensar que no fue por no intentarlo, pero no encontraba calma ni abrigo en esa excusa, y siempre había un halo de aquella 'no relación' que fantaseaba a sus anchas por la que sí estaba presente.

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Y tras perderle la pista me acostumbré a mi chico. Me quise mejor en su constante lucha por hacerme feliz y me enamoré de nosotros y de la persona que conseguía hacer de mí. Esa espinita de un viejo 'quiero y no puedo' ya no formaba parte física ni mental de mi mundo y mucho menos de mi relación. Éramos dos piezas unidas con una lema muy claro: disfrutar hasta que agotemos nuestras fuerzas. Y en ese momento en el que todo va bien, aparece Murphy y te desmonta los planes. Ahora que todo va bien, ahora que tengo claro quién y cómo, ahora vuelve quién en su día no lo tenía claro.

Vuelve de repente, sin avisar, sin tener en cuenta que mi vida ya no es la vida que él dejó porque 'no era el momento'. Y me tentó. Sentí por un momento la duda y pensé por un instante en satisfacer ese deseo y las expectativas de toda una vida. Un instante de curiosidad que hubiera acabado con todo lo que había avanzado. Mi vida ya no tiene espacio ni tiempo para él. Aunque remueva, aunque tiente, aunque sea emocionante. Rotundamente no.

Quién no me valoró en su momento no merece segundas oportunidades, y más si darlas implica hacerle daño al chico que sí apostó por mí. Prefiero considerarlo una prueba de la vida tentándome traviesa para comprobar si realmente sé lo que quiero. Y sí, querida vida, quiero ante todo el mismo respeto que tuve yo cuando su respuesta fue un 'no'. Los juegos y los líos están bien para un rato pero no era mi caso, ni mi estilo. Al tener las dos opciones supe que ya tenía lo que había deseado siempre.