Pero Entonces Qué, ¿Le Escribo O No Le Escribo?

1. Le escribo o no le escribo versión 3 de la mañana

¿Quién no se ha puesto a divagar o solucionar su vida en un trayecto en soledad hacia casa a las tantas de la madrugada? Miras la situación desde fuera y lo ves todo clarísimo: No volver a hablar: si no hablas al final no te acuerdas, y si no te acuerdas quiere decir que lo has superado. Oye, pues no parece tan difícil, ¿no? Son solo tres pasos.

Y te das miles de razones para refutar tu decisión: es lo mejor, porque te hizo esto, y aquello, y estás mejor así, y la cosa nunca iba a funcionar, y con otra persona será mucho mejor, y yo ahora lo que quiero es libertad…  Jajajaja. Pues nada, todo clarísimo. Y 3 segundos más tarde, ¡pam! Alguien ha encendido el interruptor: puede ser por ese póster que acabas de ver en la calle de aquel grupo que escuchabais juntos, o un pensamiento de un microsegundo en el imaginas que hoy dormís juntos, cualquier chorrada sirve: porque ahora quieres llamarle, y se te han olvidado todas las razones que acabas de darte a ti mismo para no hacerlo.

Que ni hoja de ruta, ni plan, ni hostias, es algo más profundo, una especie de sensación que te hace relacionar el escuchar su voz con sentirte como en casa. Si dormís juntos solo una vez más no va a pasar nada, que el plan va a funcionar igual, porque es solo una noche. Recuerdas todo lo bueno en menos de un minuto, y olvidas todo lo malo aún más rápido. Bueno, entonces, que hago ¿le llamo o no le llamo? Eso sí, por si acaso, mientras te lo piensas, ya has abierto la agenda del móvil por su letra , que otra cosa no, pero precavidos somos un rato.


2. Le escribo o no le escribo versión 'sé que pasa de mi cara'

Uno sabe cuándo alguien está pasando olímpicamente de su cara. Son pequeños detalles con importancia. Que si hace días que no sabes nada de esa persona, que si cuando le contestas te responde con solo un emoticono, que si últimamente ni menciona lo de quedar o te cuenta su vida pero no te pregunta por la tuya... Todo son señales y solo hay que aprender a leer entre líneas. Pero tú ahí, erre que erre. Siempre intentándolo una vez más. Porque igual últimamente va agobiado de curro o porque tu intuición te dice que tal vez no sabe exteriorizar sus sentimientos. Déjame que me ría un rato y déjame que te de un consejo: si no te escribe es porque no quiere. Ahora bien, a partir de aquí márcate el freestyle que quieras, pero atente a la consecuencia: que vuelva a pasar de tu cara.


3. Le escribo o no le escribo versión a “vamos a poner un poco de distancia”.

Qué difícil es poner distancia cuando uno no sabe ni cómo empezar a ponerla. Qué fácil es buscar argumentos para escribirle o llamarle. "Sé que no debería, sé que tal vez no es lo más correcto pero... me he acordado de ti porque..." Y ahí es cuando mandas a tomar por culo los días en los que te mantuviste firme a tus principios mientras decidías que no, que no ibas a escribirle. Eras duro, eras como una roca, tú lo tenía claro. Pero de repente, todo se desmorona y te vuelves de material blandiblú. "Solo quiero saber si está bien -que no se piense que no me preocupo-", "están haciendo su película favorita y me sabe mal no avisarle..." "Quizás ésta debería ser la definitiva y después de hablar todo se arregla..." Pero no. Nada se arregla. Porque tu imaginación cuando tienes ganas de escribir es maravillosamente infinita y porque si tuviera que ser para ti, sería fácil. No así de complicado. ¿Lo entiendes, verdad?

Y ahora la pregunta que te estás haciendo después de leer esto... ¿le escribes o no?

No

No

No

Tú decides.

Suerte.