Errores garrafales que cometen los primerizos en las relaciones

No hay una edad para tener una primera relación. Dejas de ir del todo a tu bola para empezar a tener un proyecto en común más o menos serio con otra persona. Tanto si eres de los que se ennoviaron por primera vez a los 15 como si has retrasado ese momento hasta la treintena, hay una serie de errores garrafales que son comunes a todos.

Ser demasiado intensos

Las hormonas se disparan, crees que eres la única persona en el planeta que siente lo que tú estás sintiendo ahora y, no nos engañemos, la sensación de que hay una persona en el mundo que se levanta por las mañanas pensando el ti es la hostia. Es normal que las muestras de cariño se sobredimensionen. El mensaje de "buenos días, princesa" por la mañana, puede estar bien, pero la duodécima vez empieza a ser cansino. Tampoco conviene abusar de las declaraciones de amor tipo Romeo y Julieta ni de las apariciones sorpresa a la salida del curro/clase, y no te aconsejo que le envíes todas y cada una de las canciones que te recuerdan a tu recién estrenada media naranja. Si la otra parte no está tan entregada como tú, puede llegar a agobiar de forma drástica.


Vivir la relación como una soltería

En el otro extremo está lo de dar por sentado que el hecho de compartir tu vida con alguien no va a alterar tus rutinas ni lo más mínimo. Si sigues haciendo tu vida como si la otra persona no existiera, además de algo raro al principio de una relación en el que todo son mariposas, denota una falta de interés y de madurez total. No incluir a la otra persona en ningún plan, no tenerla en cuenta en tu planing de vacaciones, no comentarle qué piensas hacer el fin de semana... Son cosas chungas de verdad. En lo de vivir como un soltero también se podría incluir que cuando sales por la noche con tus colegas sigas pensando que ligar está incluido en el plan. ¡Si es lo que quieres al menos deja claro que tu idea es la de una relación abierta! Poner los cuernos es odioso e innecesario. Y si lo haces en la primera...


"Recuerdo esa época en la que eras una sola persona"

Tienes novio/a. Eso no significa que te hayas convertido en un ser pegado a otro. Si quedar contigo se convierte en quedar con vosotros, de tu boca desaparece el me gusta por nos gusta constantemente, y traes a tu pareja a cualquier quedada incluso a las que claramente está fuera de lugar, vas a causar repelús entre tus colegas. Habrá momentos para ir los dos juntos, algo que además está muy bien para que tu chico/a conozca a una parte importante de tu vida, pero otras ocasiones en las que no. Aunque al principio solo te apetezca oler el pelo de esa persona 24 horas, aprenderás que es muy sano hacer planes de vez en cuando por separado y no dejar a los colegas de lado.


Vamos a gestionar bien esto de la familia

Hay dos tipos de persona: los que meten a su pareja desde el minuto uno en casa y los que prefieren que la familia no sepa de la existencia de esa persona hasta que no haya más remedio. Todo es válido, respetable y hay que aprender a respetar el modo en el que cada uno gestiona las cuestiones amorosas en este aspecto. Lo importante es que las dos partes esté de acuerdo y se sientan cómodas. Si una de ellas está harta de pasar los domingos con los padres o si la otra empieza a sentirse mal porque sea como un fantasma para su familia, habrá que hacer un esfuerzo por encajar las diferentes concepciones de la vida.


Sois pareja, no Rocco Siffredi y Sasha Grey

Una de las cosas que molan de tener pareja es que es un momento idóneo para descubrir, si no lo has hecho ya, qué es lo que te gusta realmente en la cama: cómo quieres que te hagan las cosas y sobre todo, como no quieres que te las hagan. Los primerizos seguramente quieren impresionar tanto que juegan a creerse que están en una porno, pero no. Es una situación perfecta para compartir algo maravilloso: el sexo con alguien a quien quieres.


No todo el mundo tiene que ser testigo de vuestro amor

Este es un error de primerizos y ultimizos pero se da con especial incidencia en los que sienten el amor en lo más profundo de su ser por primera vez en sus vidas. Crees que nadie ha experimentado eso antes que tú, que esa sensación es inigualable, que nada va a romper lo que sentís el uno por el otro y que os entendéis con solo miraros. Es muy guay todo eso, pero tienes que tener clara una cosa: el ser humano lleva millones de años enamorándose y los hombres primitivos de Altamira no dejaron ningún corazón pintado en la cueva, que yo sepa. Así que no hay necesidad de que milenios más tarde toda la humanidad tenga que ser testigo de tus pasteladas en las redes sociales.


Las prisas nunca fueron buenas

Lo de seguir siendo dos personas por separado que han decidido unirse también hace referencia a que por el hecho de empezar una relación no te metes automáticamente en su cabeza. No es necesario que al mes de estar juntos ya sepáis TODO el uno del otro. No os queréis menos ni sois peores novios porque su mejor amigo sepa cuál es su sabor de helado favorito y tú todavía no. Seguramente ese colega ha compartido muchos veranos con él y por tanto muchos helados y tú acabas de llegar a su vida, y no pasa ni media. El misterio del principio es algo maravilloso, no hay necesidad de explorar cada uno de sus recovecos el primer día.