Algunos ejemplos muy simples para identificar a esos amigos que en realidad no lo son

La amistad es, sin duda, uno de los tipos de relación personal, más completos y satisfactorios que podemos experimentar a lo largo de nuestra vida. Ya desde pequeños, en el colegio, en la calle, de entre todas las personas, encontramos algunas que se convierten en algo más que un simple roce personal, algo más que un contacto cordial o puntual en nuestra vida. Son personas con las que compartimos algo, ya sea tiempo, horarios, aficiones, espacio, interés o cualidades, pero que acaban quedándose. Gente con la que nos une un lazo, sea cual sea (a veces muy difícil de definir), que hace diferente, más íntima, nuestra manera de vivir la relación.

Puede que a simple vista no compartamos absolutamente nada con la otra persona, pero hay algo que hace que nos divirtamos con ella, que confiemos en ella, que nos apetezca saber de ella, que nos insta a pasar tiempo y a compartir un trocito de nuestro tiempo mayor que el que compartimos con cualquiera. Así es como surge la amistad. Pero, a veces, lo que llamamos ‘amigo’ y lo que el concepto de ‘amistad’ entiende, distan mucho el uno del otro. ¿Cuáles son las señales que nos indican que ese ‘amigo’ no es realmente merecedor del adjetivo? Aquí tienes cinco ejemplos muy simples y que encienden la luz roja:

1. No te respetan

Te dejan en evidencia delante de otros, cuentan cosas que saben perfectamente que no deben contar cuando tú estás delante.

2. Te celan

Las actitudes posesivas y celosas no existen solo en las relaciones afectivo-amorosas. Sí ese amigo se enfada porque vas con otros amigos o te exige saber todos tus pasos, es una amistad tóxica.

3. Te utilizan

Amigos que solo te llaman cuando necesitan algo, que te escuchan solo para ser escuchados o que no tienen en cuenta tu opinión, que te utilizan como medio o como compañía cuando lo necesitan.

4. Te mienten

Obviamente, no hablamos de mentiras piadosas sino de las que duelen y se hacen a sabiendas de que harán daño.

5. Te critican

Ya sea con otros amigos a tus espaldas o con desconocidos. Decir y hablar las cosas que nos molestan de los demás, es sano; insultar y criticar, desprestigiando a alguien a quien se supone que aprecias, no.

La amistad es algo precioso, y constituye una de las pocas experiencias de relación, que cuando surge, se cultiva prácticamente sola. No es necesario hablar todos los días con un amigo, ni verle obligatoriamente una vez a la semana. Un amigo es aquel que sabes que te apoya, que te comprende o que aún no haciéndolo, te acepta y te quiere así, cómo eres y con lo que decides. Un amigo es alguien a quien puedes admirar por las cosas más sencillas y del que incluso, puedes odiar algunas otras, pero aún así le quieres, le tienes cariño, y te sientes cómodo con él. En definitiva, cuando uno está al lado de un amigo de verdad, lo sabe, porque puede ser él mismo, porque se siente respetado y porque nota que la relación es pura.

A veces, nos equivocamos con las personas y eso también ocurre dentro de la amistad. No debemos martirizarnos por ello, el error forma parte de la vida. Si nos cruzamos con personas que cumplen alguno de los puntos anteriores (nos daremos cuenta pronto o tarde), lo único que debemos hacer es balanza. ¿Te hace daño, te incomoda, te quita más que te aporta? ¿Estarías con una pareja que tuviera las mismas características? Si la respuesta es no, ¿por qué mantenerlos como amigos? La amistad solo debe ser incondicional si no hace de nosotros una peor persona o una persona más triste. Si eso ocurre, no es una amistad, es una cárcel con risas.