El efecto coolidge o la teoría científica que asegura que los hombres son más infieles que las mujeres

Siempre se ha asumido que los hombres son más promiscuos que las mujeres 'por naturaleza'. Pero ¿por qué? A lo que nuestras abuelas llamaban 'sus necesidades' -esas que las mujeres, nos aseguraban, no tenemos - no era sino otra forma de apelar esa relación del sexo con la hombría y, por tanto, su valor como individuo. Estaba en su genética, era normal que a un hombre le atrajeran las mujeres, la suya y cualquier otra, y ellas lo aceptaban así. Y, ojo, porque este argumento, machista donde los haya, no andaba tan desencaminado. Sin embargo, hasta hace relativamente poco no se había llevado de veras hasta un laboratorio. Antropólogos y psicólogos evolutivos hallaron la razón de ese misterio tan bien inculcado a la humanidad: la promiscuidad masculina tiene una relación directa con la perpetuidad de la especie.

Cuidado, porque esto que parece un chiste casposo tiene su explicación. El asunto tiene que ver con el 'período refractario', ese tiempo que tarda tu chico (y cualquiera) en poder tener una erección otra vez y, con ella, interés sexual después de haberse corrido. Aunque ese tiempo es relativo y depende de la situación, los científicos aseguran será más corto si tiene que follar con otra que si ha de repetir contigo. Qué majos.

Cuenta la historia que a finales de los años veinte, la esposa del presidente de los Estados Unidos, Calvin Coolidge, paseaba por los jardines de su casa cuando vio una pareja de gallos teniendo sexo. Preguntó al granjero cuántas veces se aparean y él contesto "¡Docenas!". La Sra. Coolidge le pidió al granjero que informara sobre esta situación a su marido, a modo de indirecta. Cuando el granjero le trasmitió la noticia al presidente, él respondió: "¿Siempre copulan con la misma hembra?". El granjero negó con la cabeza y dijo: "No señor, van cambiando." Entonces el presidente le replicó: "¿Ah, sí? ¿Podría informar de este hecho a la Sra. Coolidge, por favor?". A partir de esta anécdota, nace el 'efecto Coolidge'.

Este comportamiento se ha demostrado en varias especies de laboratorio. En 1956, los etólogos Frank A. Beach y Lisbeth Jordan aseguraron, tras sus experimentos con ratas, que el período refractario de muchos machos se ve disminuido considerablemente ante el estímulo de una nueva pareja sexual. Comprobaron que si encerraban a una rata macho con cuatro hembras, se las cepillaría a todas y se retiraría a un rincón, evitando cualquier contacto físico o sexual con ninguna de ellas. Al añadir, unos segundos después, a una nueva rata en celo, se abalanzaba sobre ella de nuevo.

Aunque en humanos no se ha probado del mismo modo -los científicos dicen que no sería ético - sí se experimentó con la argumentación indirecta, como mostrar caras de chicas a hombres y comprobar que prefieren la novedad. 

Aunque científicamente no haya quedado demostrado, antropólogos y psicólogos evolucionistas afirman la existencia del efecto Coolidge. El objetivo real del sexo no es el placer - ¿en serio? - sino la evolución de la especie. Bajo esta idea, una rata macho no repetirá con la misma hembra ya que podría haberla dejado embarazada en un primer momento. La selección natural impide que los machos vayan gastando energía y reservas espermáticas de forma inútil. Pero si ven otra hembra diferente, su instinto les empuja a dejarla embarazada y por eso, la erección reaparece rápidamente. 

Ojo, tras el experimento con las ratas, se propuso el mismo experimento con las hembras (en este caso con hámsters) y se observó exactamente el mismo comportamiento que en los machos pero con niveles más bajos. Si se extrapola este concepto de forma no experimental, el efecto Coolidge podría explicar porqué los hombres son más promiscuos que las mujeres. Vale, ellos lo hacen más veces, pero instintos, o 'necesidades', tenemos todos. 

En resumen, no se trata de que una chica les guste más o menos, se trata de que sean diferentes para poder dejar su espermatozoide en todas ellas. ¿Te sorprende? Seguramente no. Ahora, salvemos las distancias, porque no vale esconderse detrás de esta excusa barata para justificarle. Tu novio no es una rata, puede controlar sus instintos y seguro que no va buscando expandir la raza humana. Si te engaña, es porque quiere.