Una dominatrix financiera te cuenta cómo es excitar a hombres gastándose su dinero

Rebuscando en lo más profundo del oscuro océano del BDSM (ese conjunto de prácticas sexuales y fantasías vinculadas al dolor) encontré uno de sus fetiches menos dolorosos físicamente pero que es, sin duda, el que te destroza el ego y la cartera de la forma más seductoramente cruel: la dominación financiera o 'findom', del inglés financial domination. A primera oída, este juego sexual tan extendido en Estados Unidos y que empieza a dejarse ver en España, me pareció reducirse a hombres a los que les gusta ser un 'pagafantas' nivel top de una ama dominante, o dominatrix, que les exige regalos y dinero mientras les humilla e insulta. Pero, créeme, la cosa va mucho más allá.

Foto cedida por Ama Soniara

"Es un modo de vida, tienes que sentirla y disfrutarla. Por eso, el que es sumiso financiero de verdad lo es las 24 horas del día", así me presenta el asunto la dominatrix española Ama Soniaraque a pesar de tener solo 28 años presume de llevar una década en este oficio. "Siempre he sido muy mandona y cabezota. Leí algo en internet y pensé que esto era lo mío: mandar y mangonear para satisfacerme y obtener todo lo que quisiera. Y vaya que sí, me encantó", dice.

El findom puede practicarse en pareja o recurriendo al servicio de una ama dominante, en ambos casos se necesita mucha confianza entre ama y sumiso. Por eso, no suele ser algo que se encuentre fácilmente una noche en un bar de BDSM cualquiera. Contacto con Soniara a través de la detallada página web que tiene para sus clientes o, como a ella les gusta llamarlos , sus "siervos" o "perros sumisos". Me cuenta que la dominación financiera está montada alrededor de la erótica del poder y la consecuencia de perderlo, algo que parece simple pero que cuesta de creer.

Ejecutivos buscando aliviar su estrés

"La finalidad de cualquier práctica BDSM es obtener placer. Lo que hay que ver es con qué. En este caso, la persona que es dominada lo consigue a través de ceder el control de sus bienes a otra persona. Por otro lado, entra el tema de la humillación", me explica el psicólogo y sexólogo experto en sexualidades alternativas, Ignasi Puig Rodas . Según él, no todo el que practica el findom lo hace del mismo modo. Los hay que lo practican en persona o por internet (como en el caso de Soniara), centrándose solo en perder poder sobre el dinero o buscando el punto de ser rebajado por sus logros. 

Por eso, aunque asegura que tiene clientes de todas las edades y niveles de poder adquisitivo que literalmente la mantienen, la dómina Soniara considera que los 'verdaderos sumisos' del findom son aquellos que encajan en ese prototipo de hombre exitoso con un buen trabajo y un sueldo alto. Ese que, según ella, "cuando se pone ante su ama deja de ser el gran macho alfa para convertirse en tu perra fiel". Sin embargo, aunque Ignasi Puig sí ha podido comprobar mediante sus estudios que las personas que disfrutan de la dominación-sumisión pueden pertenecer a cualquier tipo de estrato social, no existen datos que demuestren que lo que más abunda son personas con poder en el trabajo.

“Existen muchos estereotipos sobre el BDSM. Se cree es que los que lo practican son personas que buscan descargarse de la una gran responsabilidad y estrés diario viviendo situaciones donde no tienen que decidir nada. Pero eso no siempre es así: ni todas las personas que practican sumisión tienen poder en su trabajo, ni todo el que tiene poder es un potencial sumiso”, sentencia Puig.

Mucho dinero y nada de sexo

Regalos, insultos, humillaciones, relatos eróticos, billetes de 500 y nada de sexo. Aclaremos algo: las dóminas financieras no son prostitutas, por lo que en una sesión de findom con Soniara no hay masturbaciones ni coito, solo juegos en los que el siervo le manda a su ama la cantidad de dinero que desea y ella se jacta en sus narices a través de Skype. "La gran mayoría solo se excitan cuando hablamos, pero mientras yo les veo no se tocan. Eso sería una falta de respeto por su parte hacia mí", me cuenta. "Algunas veces les digo yo cuánto deben pagar o en qué me voy a gastar su dinero. Otras, ellos mismos ruegan por enviarme su dinero", añade.

Sin embargo, Ignasi Puig me explica que la historia puede ser distinta para cada persona. “Yo nunca he presenciado una sesión de findom, pero según me han contado, algunas personas hacen una pequeña auditoria en persona cada cierto tiempo. El sumiso le entrega el poder total sobre su dinero a su ama y ella le da una pequeña asignación cada semana, o bien cuando se ven le pide explicaciones sobre sus gastos. Ahí entra la habilidad erótica y de humillaciones que tenga la dominatrix”, dice el sexólogo que, además, matiza que la vestimenta y el lenguaje son distintos y fundamentales con cada sumiso.

Para quien no la vive de cerca la dominación financiera puede parecer una locura. Mandas dinero, te insultan y encima no ves ni tocas a tu 'ama'. Menuda tontería, ¿no?. Pero lo que no sabes es hasta qué punto es importante en este juego dominar la psicología. Ama y sumiso no se ven más que a través de la pantalla cuando ella quiere, jamás en persona. Su papel no es satisfacer lo que él desee aunque en el fondo lo haga. Porque una vez se ha convertido en 'perro', él ha perdido el poder sobre sí mismo y sobre su cuenta bancaria. Y le encanta.

"Al sumiso financiero le gusta sentir que pierde totalmente el control de algo muy importante y hay que saber gestionar eso. No es solo pedir dinero y recibirlo. Una verdadera sumisión financiera se consigue en meses o incluso años de relación, con confianza, respeto, y sabiendo cuál es el lugar de cada cual", me cuenta Soniara. Ella doblega su voluntad, consiguiendo que la prioricen por encima de cualquier cosa y no le importa si no llegan a fin de mes para hacerle regalos increíbles.

Soniara asegura que la cifra de dinero que ha llegado a recibir "seria incluso difícil de creer", aunque no quiere decirme cuál es ni cuánto gana de media al mes. Sin embargo, no le importa contarme cuál fue el regalo más caro que le han hecho sus más de 300 sumisos, de los cuales 50 son fieles y llevan años a sus pies: "el portátil desde el que los uso [a sus siervos] fue pagado por un buen perro, costó cerca de 3000 euros".

"No creo que el físico sea lo mas importante en esto, aunque hay que reconocer que ayuda. Realmente hay que tener una importante psicología para saber entrar en la mente de tu sumiso y conseguir de él cualquier cosa", dice Soniara. Foto cedida por Ama Soniara.

Un servicio a la medida de cada cliente

Llegados a este punto, habrá quien crea que las dominatrix de findom son unas estafadoras que se sientan a soltar insultos y a mandar fotos sujetando fajos de billetes. Pero este resulta ser un trabajo de fondo, al que dedicarle horas de creatividad para darle a cada sumiso lo que más le va. "Pagan por muchas cosas diferentes, no se puede catalogar a todos los sumisos por igual. No hay que olvidarse que son personas, y cada una es diferente", me aclara Soniara.

Entre sus rutinas como dominatrix se incluyen la escritura de relatos eróticos de sumisión, subir fotografías semidesnuda en poses eróticas (algo de eso también había que darles, para que vean a la 'diosa' que les humilla), inventar juegos y detallar en su web todo lo qué van a hacerles, no solo ella, sino también su novio, 'el Amo'. 

"Adorarás a tu amo, lamerás sus pies y suplicarás comerte su lefa", dice Soniara en su web respecto a su pareja. Él conoce perfectamente a qué se dedica su novia, lo comparte y, según afirma, su relación es muy sana porque hay muchísima confianza entre ellos. Así, los sumisos de Soniara se convierten en sus "cornudos y tragalefas", en una fantasía en la que ella les 'engaña' con él, ellos lo saben y financian todo lo que tenga que ver con su relación y su ocio, incluido el sexo.

Pero más allá de esas rutinas, le pido que me cuente alguna práctica que pueda considerarse como la máxima expresión del findom y me encuentro con el siguiente nivel de dominación financiera: la cosificación del sumiso. "El juego del cajero automático me encanta. Consiste en que el sumiso es usado como un cajero de un banco, como un objeto. Les hablo vía WhatsApp, Skype o email y les digo: 'Hola cajero. Vengo a retirar dinero'. Él procede a comportarse como tal, entonces pongo el pin y, una vez he retirado mi dinero [que el sumiso le ha mandado por transferencia bancaria], su función y mi atención hacia él acaban, ya que solo sirve para ser usado", explica.

Conocer esta manera de vivir me sumerge en una avalancha de dudas y encontronazos morales: ¿Ama y siervo acabarán normalizando el maltrato en su vida diaria o la humillación se acaba una vez se apaga el portátil? ¿Cómo se declara esto a Hacienda? Y, sobre todo, ¿disfruta la dominatrix de su 'trabajo'?

A esto último, me responde la misma Soniara: "De no ser así no tendría sentido hacerlo". Supongo que ellos, los que lo viven, no se hacen tantas preguntas como los que simplemente somos espectadores de un fenómeno sexual así. Simplemente lo hacen porque lo sienten y si, al fin y al cabo, no hacen daño a nadie, ¿por qué no iba a ser esta una práctica igual de válida como otra? Yo, desde luego, no encuentro ninguna razón.