Qué es ese dolor que sientes cuando tu pareja te deja para siempre

Pongamos que acabas de dejarlo con tu pareja. Los muros caen y, en el mismo momento del adiós definitivo, ese intenso dolor indica que un agujero negro ha nacido en tu interior para instalarse definitivamente -eso crees- en las paredes de tu estómago. Vale, se avecina catástrofe emocional. Ahora, párate a pensar un momento. Analizada objetivamente, el fin de una relación no entraría ni en el Top 10 de dramas que se sufren a lo largo de la vida. No encontrar trabajo, caer en una enfermedad seria o la muerte de un ser querido sí son auténticas tragedias. Entonces, ¿por qué somos capaces de elevar un adiós amoroso al máximo exponente de dolor? ¿Por qué lo colocamos entre los grandes finalistas al podium del sufrimiento? ¿Qué es exactamente ese sentimiento de desagarro que experimentamos cuando la persona que queremos se aleja para siempre?pareja te deja para siempre 1

Las rupturas duelen por la incertidumbre. La de no saber qué ha pasado y la del pavor que tienes a lo que está por venir. Te parece extraño que todo el mundo siga su curso mientras tú te has quedado en un impás que comenzó el día que todo se acabó. Te sientes noqueado. No te crees que sea verdad que esa persona, con la que tanto has compartido, se encuentre ahora a miles de kilómetros de ti. Y no hablo de distancia física. Preguntarse el porqué y el cómo no tiene sentido, pero repetirás y analizarás en tu cabeza una y otra vez todos los pasos que diste hasta llegar al precipicio.

Te queda tan claro que esa persona ya no está ahí para ti como que no eres su opción cuando tiene que escoger a un compañero definitivo. El alejamiento no es gradual, sino inmediato. Empiezas a comprobar que cualquier anónimo o conocido sabe más de su vida que tú, eres consciente de que, dentro de poco, sentirás que no conoces a esa persona con la que existía una unión que parecía irrompible. ¿Que pensará? ¿Aún le importaré? ¿Fui una carga para él? ¿Cuántas veces me miró y pensó "tengo que acabar con esto"? Todas esas preguntas se arremolinan en tu cabeza mientras los caminos se separan.

Antes de que se fuera, el día tenía bastantes menos horas. Ahora, cada minuto te resulta eterno. ¿A quién escribir cuando recibes esa buena noticia? ¿A quién llamar cuando estás nervioso? ¿Con quién comparto lo bueno y lo malo? Sí, hay amigos y familia, pero eso no lo ves. Lo único que puedes sentir es que se ha escapado tu mayor apoyo y que, ahora, te sientes completamente perdido.

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Duele, porque, aunque estés rodeado de gente, aunque tu vida esté llena de cosas preciosas y proyectos de futuro, tú estás cegado de amargura por ti mismo y por esa inmensa soledad que te aprieta día y noche. Tus esquemas han cambiado de un momento a otro y aún estás tratando de situarte en el mapa. Ni quieres parecer ansioso por hacer cosas ni ser una amargada que se pasa el día llorando. Todo por no suscitar pena.

Ahora, vuelve a mirar dentro de ti. Sigues siendo la misma persona que fuiste antes, así que volverás a serlo después. ¿Qué más da lo que haya sucedido entre medias? Preocúpate por ti, que ni eres el primero ni serás el último. Saldrás de esta. Lo lograrás, siempre pasa. Solo hay que aprender a hacerlo. Y quizá así, algún día, llegues a ser capaz de eliminar las rupturas amorosas del Top 10 de fatalidades en tu vida.

Crédito de la imagen: Jessica Tremp