Tienes Derecho A No Quererme, Pero No A No Decírmelo

Efectivamente, tienes derecho a no quererme. Pero, como dijo Walter Riso en el encuentro con Código Nuevo “el desamor no llega en cinco minutos. Se gesta a través del tiempo”. Así que sí, tienes derecho a no quererme. Pero no tienes derecho a despreciarme, que es lo mismo que no valorarme (o peor). Porque se sabe. De igual manera que sabes cuando empiezas a querer, eres tremendamente consciente de cuando empiezas a no querer. Cuando esas cositas adorables empiezan a ser cansinas. Cuando empiezan a faltar los besos de buenos días y a sobrar los bostezos a deshora.

Cuando un fin de semana solo en casa se recibe con la mayor de las celebraciones y con una extraña sensación de liberación. Hay un momento, que por cierto nunca es de repente, en que te das cuenta de que estás empezando a echar de más. Que falta de mucho y sobra de todo. Y lo peor es que lo que te falta ya no te apetece buscarlo en tu pareja. Hasta aquí todo muy humano. Duro, pero real y humano. Uno puede, aunque no quisiera, dejar de querer. Pero nunca jamás se puede dejar de respetar.

Hay un momento, o muchos diría yo, en que tienes una opción. Una salida. Una esperanza. Un "hablemos". Un "me pasa esto o lo otro". Una pequeña rendija donde todavía tiene cabida la negociación. La sinceridad más ruda. Donde necesariamente tiene que llegar el momento "cariño, sentémonos, algo está fallando". Como cuando intentas subir una cuesta en tercera y el coche empieza a hacer ruidos raros. Se empieza a quejar. Empieza a temblar todo y sabes a ciencia cierta que, o reduces, o se te cala en plena subida. Y que lo único que quedará después es una larga caída libre cuesta abajo y unas cuantas magulladuras por el tortazo (en el mejor de los casos).

Los humanos funcionamos exactamente igual. Pudiendo reducir y apretar despacito el pedal. Decidimos tirar de freno de mano dejando al otro en el sitio del copiloto, solo y sin volante ni frenos. Únicamente viendo la escena. Perplejo. Y mirando de reojo la caída que viene. ¿De verdad no se podría haber evitado? No sé si hay muchas cosas que se deban cuando se acaba el amor, pero la que seguro no puede faltar es sinceridad. Honestidad. Como dice Riso: “tú sabías que empezaste a no quererme en un momento determinado. ¿Por qué no me dijiste a tiempo?”.

Rosa Padrosa, psicóloga especialista en sexualidad y pareja, opina que esto se puede deber a muchos factores. “para evitar el conflicto, por miedo de que al hablar se haga real, porque voy con el piloto automático y cuando me doy cuenta ya es tarde, etc. Pero lo que seguro falla es la comunicación”. Padrosa añade que “no se trata de tener esa conversación pendiente cuando el drama ya ha llegado, sino de comunicarnos día a día para saber cómo estás, cómo estoy, cómo estamos juntos y hacia dónde vamos”.

Aun así, y parafraseando una vez más a Walter Riso, en este proceso no hay pasos, pero hay un regla: “no me mereces si no me quieres”. Y como diría la pintora y musa mexicana Frida Kahlo: “Donde no puedas amar, no te demores”.