A veces lo peor no es que te dejen, es torturarte creyendo que tú tienes la culpa

"Se acabó". "Se ha acabado y no lo he acabado yo...o tal vez, sí". Una relación de pareja puede terminar de muchas formas. La monotonía, las malas actitudes, las infidelidades, las incompatibilidades y las circunstancias vitales y personales de cada uno, están ahí e influyen en la relación entre dos personas, pero, ¿qué ocurre cuando te dejan y no existe ningún motivo aparente? ¿Qué sucede cuando la persona con la que estabas y compartías tu vida hasta hace unos instantes te dice adiós y te obliga a despedirte, sin que medie ninguna traición o razón de peso aparente?

No existen terceras personas, no hay rencores de ningún tipo y te sigue teniendo cariño, pero aun así te ha dejado. La mayor parte de las personas que lo ven desde fuera te dirían que "simplemente se ha acabado el amor". Cuando un amor acaba, al menos por una de ambas partes, no puedes evitar entrar en la fase primaria de todo duelo: la negación. 

A veces de sopetón, de repente, sin previo aviso, un día te deja o te dice "tenemos que hablar", y entonces acaba. Esa persona no quiere continuar siendo tu pareja. Aquí es donde muchas veces comienza el martirio de las auto preguntas, porque muchas veces lo peor no es decir adiós, sino pensar que tú tienes la culpa, que has hecho que esa persona se canse y al final haya acabado por dejar de sentir lo que sentía. 

Empiezas a preguntarte a ti mismo continuamente qué es lo que hiciste mal, repasas punto por punto los posibles errores que hayas podido cometer, todos los defectos de ti mismo que hayan podido hacer que tu ex pareja se aburra y haya decidido irse, y lo peor: en un último ataque de esperanza ciega en el hecho de que la relación pueda continuar, intentas por todos los medios conseguir respuestas por parte de la otra persona (muchas veces, las respuestas que quieres oír), instándola a que te diga qué es lo que no has hecho bien y qué puedes hacer para arreglarlo. 

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Pero lo que no entiendes en ese momento de negación (el amor no es ciego, somos nosotros) es que, cuando el amor se acaba, no depende solo de cómo sea o lo que haga uno mismo. No depende solo de que tú hayas sido o no la pareja ideal. Que continúe no depende, a veces, de que hayas sido una excelente persona y hayas cuidado a tu pareja hasta la saciedad. En algunas ocasiones, con eso no basta. A veces simplemente no funciona porque la otra persona no está enamorada o ha dejado de estarlo, y eso puede no depender de ti.

Ahora bien, es necesario darte cuenta de cuál es tu realidad, pero eso no evitará que te duela saber que han dejado de quererte (o que nunca lo han hecho). No debes negar que rompe por dentro tener que dejar ir a la persona que amas de repente y sin poder hacer nada por evitarlo, pero debes ser consciente de que no tienes ese poder. No vas a poder retroceder y permanecer siempre en esa realidad en la que tu pareja te ama, por mucho que te gustaría.

Así que deja pasar tiempo, encuéntrate contigo mismo y entiende que no necesitas que nadie te diga si lo hiciste bien o mal, ni siquiera tú mismo. Necesitas convencerte, buscar lo real de la historia y dejarla ir si es necesario. Aunque duela, el tiempo hace el olvido y te ayudará a llegar a entender que mereces algo mejor, o mejor dicho, algo recíproco.