Te dejé por WhatsApp y me quedó todo esto por decirte

Tenías la mano sobre mi barba, tu mirada bajo mi piel y en tu rostro dibujado el mundo en cuarto creciente. Yo te envolvía con mis brazos, olía tu perfume por última vez y exhalaba un suspiro que lo cambiaría todo. Esa es la única imagen tuya —nuestra— que aún guardo en el móvil y en la que me refugio cuando me desmorono ante los embates de la maldita nostalgia. Ya hace más de dos meses que no tienes noticias de mí, pero es que… ¿por qué una infidelidad cuando éramos tan jodidamente felices? Fue por culpa del móvil, por el puto móvil. Nuestra piedra angular, tu flaqueza y mi condena.

Mira que comenzamos bien. Hace ya más de un año y medio que te vi tan deslumbrante y estoica. No nos presentó un amigo, ni coincidimos en una discoteca con algún chupito de más, ni nos topamos por la calle al más puro estilo hollywoodiense rancio. Nos conocimos con un match, un inocente e inoportuno match.

Barba Codigo Nuevo

Estabas acabando Derecho, yo te ensarté un par de términos jurídicos mal utilizados y provoqué la primera sonrisa. Sin saberlo, comenzamos a construir nuestro peculiar y maravilloso mundo. Ya sabes a lo que me refiero. Por mucho que te reniegue y me concentre en olvidar tu nombre, apareces sin previo aviso en mi forma de hablar, en mis gestos o en los rincones escondidos de la ciudad. Es como si te mantuviera viva agonizando. No sé si es el inconsciente o un mal vicio para sentirme triste, porque esta tristeza, por mucho que duela, es lo único que me queda de ti.

¿Te acuerdas de las noches que parecían minutos? Qué crueldad. La del tiempo, digo. Sin darnos cuenta nos sorprendía el alba por esa extraña adicción a una pantalla iluminada. Joder, ninguna otra luz conseguía darme el calor y el respaldo de una de tus respuestas. Es posible que sea un mal de nuestro tiempo, qué se yo, pero encontraba en tus notificaciones toda la certidumbre que necesitaba para pasar el día.

Abandono Codigo Nuevo

Tras un sinfín de horas escribiéndonos, al fin nos vimos. Deambulamos hasta recalar en la terraza más cutre del barrio y nos tomamos una de esas birras a 1 € mientras obviábamos la ruidosa ciudad que atestiguaba ese fugaz encuentro. Nadie se percató de que el tiempo dejara de funcionar al besarte, ni que al despedirnos comenzara a echarte de menos.

Ni siquiera las luces amarillentas y las personas sin rostro que me iba encontrando por los pasillos del metro fueron conscientes de lo que comenzaste a crear en mí. No sé. Tus carencias, mi soledad, tus lentas caricias y mi hacerte reír. Yo te recordaba lo especial que eras y tú me rescatabas del abandono.

Poco tardamos en hacer esa "vida de pareja" moderna. Te etiquetaba en posts de Instagram divertidos para darte los buenos días, me pasabas enlaces de tus libros favoritos y subíamos el tono de la conversación en cualquier instante tras dejarnos llevar por la pasión, sin importarnos lo más mínimo que en ese momento no estuviéramos juntos. Una vez más, encontrábamos cobijo bajo las charlas cibernéticas para sosegar el ansia carnal.

Abismo de amor Codigo Nuevo

Siempre queríamos estar juntos, sobre todo al principio. Era normal, porque por algún motivo no aprendimos a mirarnos, sino que nos chillábamos suaves secretos de complicidad que solían terminar como tú ya sabes. Nos envolvía un fuego que azotaba nuestros labios para apenas si lograr control sobre nuestros cuerpos empapados en sudor caliente.  Nos descuartizábamos el uno al otro sobre un abismo de amor.

Qué sensación tan rara te da la amnesia del recuerdo, ¿verdad? Porque aunque me vengas a la cabeza, ahora hay dos tus, dos yoes; un antes y un después. Me imagino que algo de culpa tendré, por qué no reconocerlo. Quizás esa pasión fue decayendo por la monotonía, la desgana o el ansiolítico del después. Quizás fue porque hoy en día es más fácil conocer a alguien que luchar por lo que se desvanece. No sabría decirte. Pero no se me olvidará jamás, como te he dicho al principio, que aquello se fuera tal y como vino: con el puto móvil.

Mundo Codigo Nuevo

Casualidad o no, pillé tus encuentros clandestinos mientras te guardaba el teléfono. Esa notificación que en sus tiempos me alegraba al día, hizo que estallaran los celos para terminar introduciendo tu código y leer la conversación con un tal Alberto. Habías quedado hace dos días con él y, tal y como vi, no fue para tomar un cortado.

Me invadió el miedo más puro y sincero que recuerdo. Las sístoles y diástoles no paraban de bombear sangre para ver si mi cerebro conseguía asimilar ese engaño, esa traición. Todos nuestros besos, nuestras miradas y sonrisas… todo nuestro maldito mundo se desmoronó con ese quebranto que a día de hoy sigue cerrándose.

Leí la conversación en tu teléfono y te imaginé con otra persona. Solo pensé en marcharme, huir, desaparecer. Al poco rato salí de tu casa y te dejé como los cobardes, por WhatsApp, para no saber más de ti hasta el día de hoy. Te debía esta explicación. Bueno, más que a ti, tenía una deuda con nuestros recuerdos.

Buitres Codigo Nuevo

Hace un rato me vino a la cabeza esta frase: “Escribir es desgarrarse por dentro y exponer las tripas a los buitres”. Tiene mucho de verdad. Necesitaba sacarte con letras, que ya va siendo hora de darme una oportunidad, pero eso sí, con otra persona. Mientras tanto, voy contemplando cómo te vas apagando paulatinamente tan perfecta y mortífera como siempre.

Todavía no sé si es más bello el amor perdido o el encontrado. ¿Tú qué piensas? A decir verdad, tampoco me vendría bien saber tu respuesta. Por el momento intentaré contestarla por mí mismo aunque a veces se me haga cuesta arriba. Me imagino que lo entiendes. En fin, que tengas buen viaje, que yo ya he comenzado el mío. En algún lugar me espera, quién sabe si a través de la pantalla del móvil, el reverdecer de los buenos tiempos.