Puedo Decirte Que Quizás Seas Tú Mi 'Para Siempre'

Cuántas veces idealicé que aparecieses. Tú, el hombre por quién acabaré perdiendo definitivamente la cabeza, si no lo he hecho ya. Cuántas veces cerré los ojos soñando contigo, sin conocerte aún, ni percatarme de tu existencia. Con un romance de película, de las que empiezan bien, se tuercen tontamente para finalmente y sin sorpresa de nadie, arreglarse y vivir felices para siempre. Incontables son los ratos embobada conjeturando a mi 'príncipe azul', que resultó no ser un príncipe sino un guerrero, pero que sin embargo el azul le gusta y le sienta mucho mejor.

Pero bien es cierto que perdí la fe, la esperanza y sobre todo las ganas de seguir imaginando. O quizás me perdí a mi misma y con ello mi utopía. Fracasos que queman y dejan cicatrices. Incasables historias pasajeras que se quedan en el aire. Decepciones, que generan indiferencia y redención ante el futuro. Negro o más bien gris, como esos días en los que, taza de café en la mano, juraba no volver a enamorarme más. ¡Qué equivocada estaba!

Porque es justo ahí, cuando comienzas a aceptar que pasarás tu vida cocinando para una sola. Que nadie calentará tus fríos pies en la cama. Que la comodidad de tu propio mundo donde eres el único huésped se vuelve casi imprescindible. Justo ahí es cuando aparece él. Y no se va a conformar con entrar sin llamar, lo hace con soltura pero cuidadosamente.

Mi guerrero, así le definió mi mente cuando empecé a trazar el informe del chico nuevo, que se había propuesto poner mi mundo patas arriba. Porque aun después de no triunfar, volvió a la batalla, sin miedo. Valiente. También podría definirlo así, porque dejar la armadura en el perchero de la entrada no es sencillo. Ponerse la sonrisa encantadora y salir a por todas, o en este caso a por mí, no fue fácil y yo de eso sé bastante.

Así lo hizo, tras negarle una primera cita y ser yo quien se tirase a la piscina, sin manguitos ni colchonetas que me respaldasen y le sugiriese que quedásemos para tomar algo. Allí estaba con su mirada analítica y su cuerpo guardando las distancias. La persona por quien acabaría cada noche sonriendo como una boba estaba ahí, con un par de refrescos y los nervios poniendo música al encuentro. Me descolocó por completo.

Cuantas veces te imaginé y cuánto distas de aquella quimera. Pues la realidad siempre supera a la ficción. Amor. Amor es soñar contigo, conocerte y que sea cien veces mejor. Sublime. Porque ahora puedo decirte que definitivamente, quizás, o tal vez llegado el momento, seas tú para siempre y yo, tu siempre para ti.