¿De Verdad Tienen Que Dar Ellos Siempre El Primer Paso?

Ana. En su habitación. 7.15 a.m.

Ana hoy se ha despertado nerviosa. Lo primero que hace es mirar el móvil por si David le ha escrito o llamado. Empieza a pensar que es raro que ya sea viernes y no le haya dicho nada de quedar...

David. Trabajando. 9.32 a.m.

Ya es viernes, y David está emocionado, porque esta semana ha conocido a Ana, y por fin va a tener la oportunidad de cenar con ella y verla con más calma. Durante la mañana, mientras está trabajando, su mente vuela inevitablemente a imaginarse que ya están juntos. No puede estar más contento, hasta que un primer asomo de malestar se apodera de él. De repente cae en la cuenta de que le va a tocar llamarla, y es muy tímido. Entonces piensa que quizá mejor escribirle un whatsapp, pero finalmente decide seguir trabajando y dejarlo para más tarde.

Ana. En el trabajo. 9.32 a.m.

Ana mira el móvil, y empieza a preocuparse por no tener noticias todavía. Abre el Whatsapp, y decide saludarle, darle los buenos días y ver qué pasa. Entonces, le viene a la cabeza la imagen de su mejor amiga diciéndole "no le escribas tú, que sea él quien dé el primer paso, que te demuestre que le importas". Es una idea que se repite muchas veces en su mente, la idea de que si es ella quien se lanza primero, entonces es que él no ha hecho lo suficiente. Un peso que se pone sobre él como una carga, pero que ella considera necesario para sentirse apreciada.


Ambos, David y Ana, están condenados por sus propios miedos, sus ideas sobre cómo deberían ser las cosas. Todos podemos tener dentro un David o una Ana en algún momento de la vida. El problema es que asumir un rol pasivo en las relaciones nos condena a las chicas a que nuestra felicidad dependa de lo que haga otra persona. En el mejor de los casos, historias como esta acaban en final feliz, pero en muchos otros al chico le puede su timidez, o a ella su necesidad de esperar indefinidamente, y nunca más vuelven a verse, dejando de lado la posibilidad de una gran relación personal.

Una historia que podía haber sido maravillosa se convierte en un juego de roles cargado de angustias y con mucho desgaste para la autoestima de los dos. Si sale bien y acaban juntos, cuando por fin el chico la llama o ella decide llamarlo a él y "saltarse las normas", entonces empieza la segunda parte de la película, una parte de la que muchas personas no son conscientes. Empieza la rutina de pareja, en la que ella sigue esperando y él sigue sintiéndose con la necesidad de dar un paso, con esa gran carga en su espalda.

Con miedos e ideas como esta se crean dinámicas de relaciones en las que muchas mujeres se pasan la vida en posición de espera: de que él les dé el beso de los buenos días, como si ellas no pudieran ser las que lo dieran; o de que él se acuerde del aniversario, la llame o le escriba un mensaje bonito. La propia dinámica alimenta la tensión en ellas y el rechazo en ellos, porque las primeras lo ven como una necesidad que no tienen nunca del todo cubierta, y ellos lo consideran un peso que la vida les ha puesto, y una obligación de la que quieren liberarse.

Fuera de estas dinámicas, estos prejuicios sociales y estos miedos, existe la posibilidad de tener o convertir una relación en algo único entre dos personas. Más allá de géneros, miedos o esquemas establecidos de lo correcto, existe la posibilidad de vivir relaciones auténticas basadas en el amor y la libertad de cada uno por dar y recibir lo que quiera en cada momento. Sobre el suelo de ese amor y esa libertad, es más fácil construir un clima de confianza, autoestima e ilusión.

Crédito de la Imagen: Jared Tyler