Por qué te da la sensación de que hablas demasiado cuando estás con tus amigos

Pueden ser muchas causas, desde narcisismo hasta timidez (sí, aunque parezca contradictorio)

Estás con todos tus amigos, tomando una caña y te pones a contar una anécdota. Y otra, y otra. Todas son pertinentes, pero te da la sensación de que estás monopolizando la conversación. ¿Estarán pensando que por qué no me callo? ¿Pensarán que soy unx pesadx? ¿Debería callarme? Sentirse así es bastante común, les pasa a muchas personas (no, tranquilx, no estás solx). Lo único: dice mucho de tu psicología e incluso de tu salud cerebral.

El síntoma más claro de esto es narcisismo. Aunque, si eres de este tipo de personas, probablemente ni te hayas dado cuenta de que estás hablando demasiado. Como explica eldiario.es, “estas personas a menudo ni siquiera se dan cuenta de que sus propias ideas o experiencias pueden no ser tan interesantes para los demás y por eso las describen con lujo de detalles. Al mismo tiempo, no ponen atención a lo que les dicen los demás: solo se concentran en lo que seguirán contando a continuación”. Vamos, no saben conversar porque están sumergidas en su egocéntrico mundo.

El segundo síntoma que puede explicar esta verborrea es la ansiedad. Solemos pensar que la ansiedad te bloquea la capacidad de expresarte, que te obliga a estar en casa, cerrándote en ti mismx y sin comunicarte demasiado por miedo al rechazo. Pero no, el mutismo ansioso es solo una de las muchas formas en las que se manifiesta la ansiedad: hacer totalmente lo opuesto también puede indicar que la padeces.

Este “no dejar de hablar” tan ansioso suele estar caracterizado porque tiene un ritmo muy acelerado (no solo dices muchas cosas, sino que las sueltas como si tu boca fuera una metralleta) y es poco estructurado a nivel temático, vas de un tema a otro a medida que las ideas aparecen en la mente, es decir, haces paréntesis temáticos porque en tu cabeza tenía sentido decirlo ahora, aunque no estés respetando el orden de la conversación o no dejes hablar a los demás. Como solemos pensar que el trastorno de ansiedad general te impide hablar por miedos, es probable que gente que tenga este tipo de ansiedad no sepa identificarla. Más que nada que ven que sus “síntomas” son totalmente contrarios a los típicamente estipulados como que forman parte de esta enfermedad.

Sin embargo, como explica el portal de psicología La mente es maravillosa, “en ocasiones, llevar un día a día marcado por las prisas, la ansiedad y la presión, hace que terminemos comunicándonos de manera nerviosa”. Vamos, que esta forma ansiosa de comunicarnos no es tanto por una ansiedad social sino porque el día a día nos provoca ansiedad. Y claro, como este tipo de personas suelen ser muy perfeccionistas, después se rayan pensando: “no debería haber hablado tanto”, o “¿por qué dije eso?”, ya que se han mostrado comunicativamente imperfectos.

Otro síntoma que explica el artículo de eldiario.es es la timidez, aunque parezca contradictorio. “La timidez también puede enmascararse con exceso de habla”, asegura. Como te da vergüenza comunicarte y mostrarte abiertx, sueltas chapas de temas que te sientes cómodx (piensas: “estoy hablando, así que no soy tímidx”, pero lo haces con un tema que te da seguridad) y sin opción a réplica (sueltas monólogos para que no te puedan llevar la contraria y te pongan en una situación incómoda de debate que como persona tímida no puedas manejar bien).

Por último, hablar demasiado también pueden ser indicativo de enfermedades graves, como brotes psicóticos y signos tempranos de demencia. Sin embargo, como indica el autor, son unos síntomas muy exagerados (conversaciones demasiado largas e inconexas) que demuestran que necesitas ayuda de un profesional. Así que no hace falta ponerse hipocondríacx pensando que tienes una enfermedad psiquiátrica grave cuando quizá, simplemente, necesitas bajar el ritmo en tu día a día, ir a terapia y reducir la ansiedad mal gestionada.