Cuatro parejas hablan de sus relaciones abiertas y de poliamor

"Llevaba cuatro años con mi pareja cuando un día, de compras en un centro comercial, subiendo unas escaleras mecánicas, se desarrolló la conversación que cambiaría nuestra relación: 'Ese tío me pone muchísimo, ¿a ti te importaría que me lo follara?', le dije. '¿A mí? no', me contestó'. Y nos quedamos en silencio", contaba Noemí Casquet en un artículo hace un tiempo. Hasta entonces, nunca había hablado con su pareja de su forma de entender las relaciones, él tampoco había mencionado nada. Y los dos descubrieron que querían, casi en secreto, exactamente lo mismo: una relación abierta.

El amor romántico es esa tóxica construcción social que nos dice que somos seres incompletos en busca de una media naranja y que debemos entregarle nuestra vida a una sola persona. O sea, nuestra concepción del amor se traduce en monogamia: exclusividad sexual y afectiva por un tiempo ideal llamado "para siempre". Pero, ante los escasos ejemplos de éxito de este modelo de pareja, cada vez hay más personas diciendo en voz alta que no, que ellos quieren vivir sus vidas de otras formas que les hacen más felices. Tienen relaciones abiertas en las que caben terceras, cuartas y quintas personas, sexual e incluso emocionalmente. ¿Y eso cómo se hace? 

"Creo que estar en una relación no monógama te hace más libre y más compenetrado con tu pareja. Nosotros pensamos que el amor y el sexo pueden ir por separado. No queremos tener otra persona en nuestra relación, ni queremos intercambiarnos con otra pareja. Simplemente, si alguna vez sentimos deseo hacia otra persona, simplemente nos la follamos", escribía Noemí. Para ella y Alberto —su pareja— el hecho de mantener relaciones sexuales esporádicas con otras personas no es una traición, porque asumen la sexualidad como algo que solo pertenece a uno mismo y que no ha de ser reprimido, sino disfrutado.

Noemí y Alberto

Noemí y Alberto.

Suena bonito, pero tener una relación así —que desafía a la mayoría y que muchas de las personas de su entorno no van a entender— no es algo sencillo ni, todavía, para todo el mundo. "Los que se lanzan a ello son personas con un grado de abertura de mente muy grande, que van más allá de ese concepto tradicional de pareja y entienden que una sola persona no les puede aportar todo lo que ellos necesitan", dice la sexóloga Elena Crespi.

Las reglas

Como en las parejas monógamas, las relaciones abiertas tienen sus propias reglas y cada persona, su límite: qué se hace, dónde, con quién, cómo y en qué contexto. Saberlo o no saberlo. Se viven situaciones tensas que exponen de frente a los celos, las inseguridades y la autoestima. Contra todo eso, la comunicación es algo fundamental. "Para abrir una relación —en cualquiera de las formas que se puede hacer— y que funcione, se necesita muchísima confianza en el otro, sinceridad, comunicación constante, que les apetezca hacerlo y que su vínculo sentimental y sexual sea muy fuerte", aconseja Crespi.

Sin embargo, ninguna de estas cosas son garantía de éxito cuando uno se embarca en algo así, ni siquiera, las ganas de probarlo. Hay muchas parejas que ven en esta opción un parche para tapar heridas en la relación, un camino que suele traer más problemas que soluciones. "Cuando llevas mucho tiempo con alguien llega un punto en el que sientes que tal vez te estés perdiendo cosas, conocer gente, no solo en el terreno amoroso, sino vivir experiencias a las que no tienes 'acceso' por tener pareja, cosa que no tiene por qué ser mala en sí, pero no deja de ser un límite", dice Roger. De Barcelona y con 26 años, empezó una relación con una chica hará unos cinco años.

"Tener una relación abierta aceleró algo que ya estaba destinado a morir", dice Roger.

Al principio todo era amor y pasión, pero después de pasar la barrera de los dos años ese fuego se apagó. Ella quería vivir otras experiencias, no encontraba en él todo lo que deseaba, pero tampoco quería dejarle. Así que abrieron lo suyo creyendo haber encontrado la solución a su mala racha. Pero resultó un desastre. "Yo lo pasé muy mal. El pensar, 'hoy va a salir, a lo mejor hace algo' me afectaba muchísimo a pesar de que yo también tuviera la libertad de acostarme con otras chicas", confiesa Roger que había establecido con su pareja la norma de no contarse nada de lo que pasara. Así que, con el tiempo, se dieron cuenta de que lo suyo estaba destinado a morir, y murió.

Desde el principio

Como en los casos de Noemí y de Roger, lo más habitual es que, dentro de una pareja monógama, uno de los miembros de la pareja —o los dos— se dé cuenta de esa 'insatisfacción sexual' o ese deseo por estar con otras personas y se lo proponga al otro. Pero, por otra parte, también hay más jóvenes que inician sus relaciones abiertas con esa 'regla' de conservar la posibilidad de tener encuentros íntimos con quien se quiera. Diana y Arnau tienen 22 años, hace poco menos de un año que están juntos y estaban convencidos de querer vivir así su amor incluso antes de conocerse. 

"Estamos muy enamorados y creemos que el momento de probar algo así es ahora", afirma Diana.

"Nuestras anteriores parejas no habían querido, así que cuando nos encontramos conectamos en seguida", cuenta entusiasmada Diana por teléfono. Ellos tienen una única norma, la opuesta a la de Roger: contárselo todo. "Creemos que no hacerlo es como engañarnos, que pasarlo por alto u ocultarlo sería más como una infidelidad. No me siento amenazada ni herida porque disfrute de su sexualidad, sé que igualmente se podría enamorar de otra persona se acueste, o no, con ella", explica Diana.

Sexo y sentimientos

Eso fue exactamente lo que le pasó a Sofia. Tenía una relación abierta con Fernando (nombre ficticio) desde hace más de cinco años y, desde hace uno y medio, también con Alejandro. Los tres tienen menos de 25 años y practican el poliamor, un concepto todavía muy desconocido y que se asocia a tópicos como la promiscuidad o el prejuicio de que algo así no puede considerarse 'amor', precisamente, porque quien lo practica decide no cerrarse a la posibilidad de enamorarse de más de una persona al mismo tiempo.

"Para mí fue bastante fácil abrir mi mente a vivir algo así porque desde pequeña mis padres me enseñaron que el amor debe ser comprensivo y, sobre todo libre", explica Sofía. Conoció a Alejandro cuando llevaba cuatro años saliendo con Fernando y ambos empezaron a sentir cosas el uno por el otro. Dejó de ser 'solo sexo' esporádico, y eso marcó un punto de inflexión en su, por aquel entonces, relación principal. "Fue un momento difícil para todos. Siempre habíamos hablado de la posibilidad de que la monogamia afectiva no existiese, pero no nos habíamos encontrado con ello", dice Sofia.

El periodo de adaptación

Fernando tuvo que enfrentarse al hecho de perder la exclusividad por completo y Alejandro a enamorarse de alguien que ya tiene otro amor. Sin embargo, tras un tiempo de adaptación para asumir su nueva situación, los tres han encontrado un equilibrio basado en la individualidad de cada pareja —los dos chicos mantienen solo una relación cordial— y de cada uno por separado. "Somos dos parejas diferenciadas, es decir, no somos una 'trieja', simplemente mi novia es al mismo tiempo la novia del otro chico. Ninguna de las dos relaciones está subordinada a la otra: no hay una relación 'oficial' ni prioritaria que exija una mayor dedicación y otra 'de amantes' y secundaria que pueda ser dejada en un segundo plano", aclara Fernando.

Pero la cosa no termina aquí, porque la posibilidad de incluir a nuevas personas en sus vidas sigue abierta. "Los tres somos libres de establecer nuevas relaciones, de corta o larga duración, con terceras personas, aunque intentamos no liarnos con personas del entorno de los otros, para así evitar 'conflictos de intereses'", explica.

Monógamos, liberales, swingers o poliamorosos. Al final, lo único imprescindible en cualquier tipo de relación y fuera de ella es ser consecuente con uno mismo sin juzgar a los demás. Ninguno de ellos piensa que la monogamia sea peor que sus relaciones abiertas, sino que, simplemente no van con su forma de vivir y pensar por mucho que a su entorno le pese. Pero, como dicen Noemí y Alberto, aunque muchos de sus amigos y familiares no hayan logrado entender su relación, para ellos sí funciona. "Expresar nuestros pensamientos y vivir la vida a nuestro modo es la clave para ser felices. Y nosotros lo somos, ni te imaginas cuánto".