Para los que creen que una relación no puede sobrevivir a una infidelidad

Cuando te enteras de que te han puesto los cuernos el suelo bajo tus pies desaparece. Entras en estado de shock. Te sientes herido, humillado, hundido. Crees que toda tu relación ha sido una mentira y puedes llegar a pensar que en realidad nunca te han querido.

Es una situación dolorosa, donde las haya, y también extremadamente compleja, tanto por las razones por las que un miembro de la pareja ha sido infiel, como por las circunstancias que lo rodean, pero también por la decisión que hay que tomar cuando todo sale a la luz. Mucha gente tiene claro que jamás perdonaría una infidelidad y que la única solución es la ruptura, pero otras personas deciden seguir adelante a pesar de todo.

Se encuentran entonces ante un largo camino que puede llevarles a fortalecer su relación o a resbalar por un bucle de reproches y desconfianza que acabe dinamitándola de todas maneras. Para no llegar ahí es vital tener en cuenta ciertas cosas:

1. Se puede querer a más de una persona

El hecho de que nuestra pareja haya tenido una relación, ya sea física o emocional, con otra persona, no significa que no nos haya querido o que nos estuviese engañando cuando nos decía lo que sentía por nosotros. Porque el ser humano tiene una capacidad de amar infinita, por eso se puede querer al mismo tiempo a más de una pareja, a más de un hijo o a más de un amigo. Además, hay que tener en cuenta que las relaciones de pareja evolucionan y pasan por distintas fases.


2. El enamoramiento no es amor

La mejor descripción de la etapa del principio, del enamoramiento, es que estamos drogados por nuestras propias hormonas. Es una fase biológica en la que, de manera natural, tenemos más energía, menos hambre, más vitalidad y la tendencia a sacar lo mejor de nosotros mismos, pero también se produce una especie de ceguera hacia las partes negativas de la persona que tenemos delante.

Después de un tiempo, esta fase, por muy bonita que pueda parecer, afortunadamente para nuestra salud mental, se termina y deriva en lo que se llama el amor reposado, permitiéndonos centrar la atención en otras cosas importantes en la vida. Pero a partir de aquí es cuando hay que empezar a trabajar una relación. Hasta el momento todo había sido fácil y natural, pero llega el momento en el que se cae el velo hormonal y vemos a la persona tal y como es, con sus defectos y virtudes.


3. Ya no es lo mismo

Es extremadamente raro que se produzca una infidelidad durante el enamoramiento, porque ese cóctel de hormonas nos impide, además, fijarnos en otra gente. Pero, como decíamos, esta etapa llega a su fin y muchos lo confunden con la falta de amor y dicen: “es que ya no es lo mismo” o “creo que ya no estoy enamorado”, y tienen toda la razón del mundo, pero es absolutamente normal y necesario. Sin embargo, algunos se quedan enganchados a ese chute hormonal y cuando se acaba con una persona se van a buscarlo con otra. Si la pareja continúa, es entonces cuando puede que uno de ellos conozca a alguien que de nuevo le produzca esas sensaciones del principio y se de la infidelidad.


4. Decirlo o no decirlo

Aquí cada cual con su conciencia, con sus valores o con su forma de ser. Hay personas que pueden mantener dos relaciones paralelas sin inmutarse y otras que no pueden vivir con la culpa de haberse mandado un mensaje ambiguo con alguien. Además, todo dependerá del ‘tipo de contrato’ que hayamos establecido con nuestra pareja. Pero, cuando las cosas salen a la luz, especialmente cuando se trata de una relación exclusiva, que suele ser la más común, es muy probable que sea extremadamente doloroso para la otra persona y experimente pensamientos como los que describíamos al principio.


5. Y ahora qué

Se puede romper la relación y seguir cada uno con su vida o intentar superar el bache. El mayor problema es la desconfianza galopante que se habrá instalado entre las dos personas.

Inevitablemente se atravesará una época dura en la que se tendrá que convivir con esos sentimientos. Es necesario evitar, en la medida de lo posible, imaginar a la pareja con la otra persona con todo lujo de detalle porque no lleva a ninguna parte. Si se toma la decisión de perdonar, hay que hacer el esfuerzo de perdonar de verdad. Aparecerán muchos sentimientos de tristeza y de rabia, pero hay que encontrar la manera de expresarlos sin caer en los reproches.


No es una situación fácil de superar y es recomendable acudir a un profesional que les ayude a reenfocarla de manera constructiva y conseguir que su relación sea más fuerte. Más allá del dolor sigue siendo aquella persona por la que una vez perdimos el hambre y con la que ahora tenemos la oportunidad de crecer.