He cocinado con semen y he tenido una mezcla de sensaciones de lo más rara

Seguramente este artículo marque un antes y un después en mi vida social, y asumo el riesgo de no poder organizar ni una sola comida o cena más en casa. Pero esto tenía que probarlo. Hace unas semanas se viralizó un taller que se realiza en Londres y cuyo objetivo es cocinar con semen. Sí, amigos, con ese maravilloso fluido que nace de las profundidades masculinas, conquistador de orificios varios y, por descuido, de algún ojo. Este taller tiene como base el esperma, y se trata de crear nuevas propuestas culinarias para sorprender a los comensales. Mi vena de investigación y curiosidad me ha podido, y he llevado a cabo dos recetas con semen. Esto es lo que ha pasado.

Un ingrediente poco convencional

Encontrar un recetario fue sencillo. En 2008, el chef Paul 'Fotie' Photenhauer realizó un recetario utilizando como ingrediente estrella el semen. El libro se titula Natural Harvest: A collection of semen-based recipes, y lo puedes encontrar en algunas librerías online.

La idea de cocinar con semen se me hacía algo extraña, aunque no soy escrupulosa en el sexo y (lo siento, mamá) tampoco me molesta el sabor de este fluido. Pero una cosa es tragarlo en un contexto sexual y otra muy diferente hacerlo en frío. La introducción del libro habla sobre la cantidad de alimentos que nos comemos y que hemos interiorizado de una forma sorprendente. Por ejemplo, los testículos del toro, a los que llamamos 'criadillas' para que no se nos revuelva el estómago. O los huevos de gallina, que no son más que óvulos no fecundados. ¿Qué tiene de raro cocinar con semen? Es natural, nutricional y sabes de dónde viene. Y tienes un producto fresco asegurado, porque se ordeña la misma mañana.

El proceso de ordeñado fue algo extraño. Para agradecer a Alberto, mi pareja, su colaboración, decidí ayudarle a extraerlo. La obtención de la materia prima culminó en orgasmo y sin sufrimiento, por lo que podemos asegurar que es un producto apto para los vegetarianos con principios.

Noodles con salsa secreta

La primera receta que realicé fueron unos tallarines que, según el libro, contenían una 'salsa secreta'. Muy secreta no era. Consistía en mezclar semen fresco (1-2 cucharadas), con una cucharada de salsa de soja y media taza de caldo de pollo o verduras.

Se añade el jengibre en polvo y las especias que cada uno considere oportunas. Paralelamente se saltean unas verduritas (yo escogí zanahoria y berenjena) y se mezclan todos los ingredientes con los noodles previamente hervidos. Et voilà! 

Veredicto

Noemí: Si algo aporta el semen es textura, llegando a espesar las salsas de forma única, sin llegar a utilizar harina ni maicena. Reduce el sabor salado de las comidas, dándoles un toque dulce al estilo salsa teriyaki. Lo que más me sorprendió es que, a pesar de no notar el sabor (ni el olor) del semen, la sartén se quedó muy pegajosa, con esa capa escamosa y blanca que todos conocemos.

Alberto Frost: Muy buenos. Ligeros, sanos y con mucha más consistencia utilizando semen. Normalmente, la salsa y la pasta no acaban de mezclarse, en cambio el esperma hace que se pegue el sabor a los noodles. ¿Que si lo repetiría? Por supuesto, se ha convertido en nuestro plato estrella.

Panna Cotta con 'leche' 100% ecológica

Aunque la probé muy poco por ser intolerante a la lactosa, esta receta estaba buenísima.Es muy sencilla: para que salgan cuatro raciones de panna cotta utilizamos 250 ml de nata para cocinar, 250 ml de leche, 50 gr de azúcar, un toque de extracto de vainilla, gelatina (en mi caso, seis láminas) y 2-3 cucharadas de semen fresco. Como la cantidad de semen es un poco mayor, se necesitaron dos orgasmos para conseguirla.

Cogemos las láminas de gelatina y las remojamos en agua fría hasta que se ablanden. Paralelamente, mezclamos en una olla la nata, la leche, el azúcar, la vainilla y el semen. La clave de este postre italiano es alargar al máximo la cocción de los ingredientes, evitando que lleguen a hervir. Si hierve, la nata amarga, y si la retiramos muy pronto no sabe a nada. Una vez que tengamos el sabor deseado, agregamos la gelatina, esperamos a que se disuelva y la retiramos del fuego. Podemos colocar la panna cotta en tarrinas previamente bañadas con caramelo líquido. Se deja enfriar en la nevera unas 4-5 horas y ¡listo! Para servirla, podemos utilizar mermelada de frutas, sirope de fresa o de chocolate.

Veredicto

Noemí: He comido poco pero estaba deliciosa. En algunos momentos, sí que notaba el sabor del semen mezclado con el dulce del azúcar.

Alberto: Muy buena y no adivinaría nunca que lleva semen, excepto por el espesor que te deja en la garganta una vez la comes, esa viscosidad reconocible.

Mezcla de sensaciones

Curiosamente, cocinar con semen me ha parecido algo bastante natural y nada perturbador. Lo más extraño ha sido que Alberto se lo comiese. Aunque fuese algo totalmente consensuado, me he sentido un poco como en la película Hannibal. Era inevitable pensar que estábamos comiendo un fluido corporal. Pero la verdad es que, en cierto modo, daba mucho morbo.

Crédito de la imagen: Alberto Frost