La Ciencia Explica Por Qué Desaparecemos Del Mapa Cuando Nos Enamoramos

El enamoramiento, visto desde fuera, puede ser un auténtico coñazo. Amigos que de la noche a la mañana dejan de cogerte el teléfono porque se pasan día y noche con su nueva pareja y que, cuando por fin se dignan a quedar contigo, se han vuelto completamente monotemáticos y cansinos.

- Me he comprado una camiseta verde.

- Pues mi novio dice que ha comido macarrones.

- ¿Te gusta? Es de temporada.

- Sí. Mira mi novio, qué bien cocina.

- Quizás la debería haber cogido en rojo.

- A mi novio le encanta el rojo.

Y así hasta el infinito. Claro que cuando estamos nosotros en ese lugar seguro que nos ponemos igual de pesados o más, pero estamos anestesiados por un cóctel de hormonas que provocan efectos parecidos al consumo de algunas drogas.

Pero ¿qué ocurre concretamente en nuestro cerebro cuando nos enamoramos? Según la antropóloga Helen Fisher, existen tres fases de procesos químicos responsables de acabar pillado hasta las trancas por una persona. Su teoría reivindica que los seres humanos seguimos un patrón que empieza en el deseo o impulso sexual, pasa por la atracción o el enamoramiento y termina en el apego o lazo afectivo de larga duración.

1. Cuando estás más salido que el pico de una plancha

La función principal de esta breve etapa es la búsqueda de pareja. Teniendo en cuenta que el deseo corresponde a una respuesta basada en gustos subjetivos, el denominador común para todos los seres humanos es la activación de las hormonas sexuales (estrógenos, testosterona y feromonas). Vamos, que cuando estamos solteros y sin compromiso somos hormonas con patas.

2. Crazy in love

Este proceso consiste en sentir un intenso deseo hacia la persona amada en el que intervienen cuatro sustancias fundamentales:

La dopamina, hormona de la motivación que se libera gracias a experiencias placenteras como por ejemplo tener relaciones sexuales satisfactorias.

La noradrenalina, que induce euforia en el cerebro, causando que la presión sanguínea aumente, el corazón lata más deprisa y tú quieras comerte el mundo.

La feniletilamina. ¿Sabes ese momento en el que nada importa y tienes una sensación de “estar en la gloria” cuando estás con la persona amada? Pues la culpa es de ésta anfetamina natural que además también produce pérdida de sueño y de apetito, y sensación de nerviosismo y alerta. De ahí que siempre tengamos ganas y fuerzas para estar con nuestro enamorado día y noche.

Si cuando estamos enamorados nos convertimos en seres obsesivos-compulsivos, la culpa es de la disminución de los niveles de serotonina. Chequear el móvil, perder la capacidad crítica… todo es culpa de la serotonina. Al reaccionar así, el cuerpo permite que nos ‘enganchemos’ a la persona amada. Maldita serotonina.

3. Juntos para siempre

Junto a un compañero/a que perdura en el tiempo, si no hay ningún problema de pareja, lo normal es sentir una sensación de calma y estabilidad, principal motivo de unión en la mayoría de parejas. Es en este momento donde aparecen y permanecen, incluso toda la vida si es necesario, dos hormonas: la oxitocina y la vasopresina. Ambas sirven para unir a la pareja y tienen nombre de pila; la primera es conocida popularmente como "la hormona del amor" (liberada tras el orgasmo y cualquier muestra de afecto) y la segunda como “sustancia de la monogamia” (impulsa a querer mantener una relación emocional estable con la pareja).

Por todo esto podemos afirmar que, el enamoramiento es, entre otras cosas, ciencia. Ahora ya sabes por qué nos ponemos tan pesados cuando conocemos a alguien especial, por qué dejamos de quedar con los/as amigos/as y nos centramos sólo en la pareja o por qué durante esta etapa sientes como si estuvieras a punto de cantar I’m singing in the rain y media calle fuera a hacerte los coros como si de repente tu vida fuese un musical.