Carta Abierta A Todos Los Que Han Dejado Ir A Un Amor

Mucho se suele hablar sobre el destino como algo que está ahí, ya escrito; y sobre esa teoría nosotros solo somos unas marionetas guiadas por una especie de mano mágica que nos lleva hacia la felicidad o la desdicha. En lo personal, prefiero ser yo quien tiene el control sobre lo que pasa en mi vida y asumo la responsabilidad por cada experiencia que he tenido, cada persona que he conocido, a todas las que he querido y por las que he dejado ir. ¿De qué lado estás tú?

Sea cual sea, si estás aquí es porque tú también has dejado ir a un amor –o estás por hacerlo– y muchas veces queremos hallar las repuestas a nuestras propias preguntas en las palabras de otros. Eso funciona, es ideal, porque en cada cosa que nos resulte difícil en la vida queremos tener aliados, y los conozcamos o no eso nos hace sentir mejor.

Dejar ir a quien quieres duele, eso no se discute. La vida se nos vuelve añicos, nos arrepentimos, lloramos, gritamos, nos desesperamos; volvemos a decirnos que fue la mejor decisión pero inmediatamente se hace presente ese condenado “no” que nos regresa al inicio, y en ese círculo podremos pasar mucho tiempo girando. La despedida es terrible, la queremos besar, abrazar; quisiéramos regresar atrás en el tiempo para enmendar aquello que hizo que hoy nos separemos, pero nada de esto es posible, solo nos queda decir “adiós, y que la vida nos vuelva a unir… tal vez”.

Y así empiezan a transcurrir los días sin ella, como aprendiendo a vivir de nuevo. Si decidimos dejarnos de hablar, empezamos a preguntarnos qué estará haciendo; y si seguimos siendo “amigos” no sabemos si actuar normal o fingir que nos da igual. Metemos la pata, la volvemos a sacar; queremos escribirle, llamarla y cualquier excusa nos parece válida cuando sabemos que es una total estupidez. Pero en cuestión de tiempo deja de estar; ya se fue.

Descubrimos que la vida sigue, conocemos personas nuevas, salimos, nos volvemos a “enamorar”, pero, ¿qué pasa si sentimos que no es igual? Bendita leyenda del hilo rojo que nos hace creer que de alguna forma aún estamos conectados, que no importa dónde estemos, qué estemos haciendo ni con quién, porque aún creemos que nos volveremos a ver. ¿Destino? No, en realidad es nuestra culpa, porque no la hemos dejado de querer y, aunque físicamente no esté, ella nunca se fue.

Nos cuesta aceptar que hemos estado jugando al fracaso, que le hemos estado apostando a los números incorrectos intencionalmente; y todo esto simplemente es trabajo oculto pero con un objetivo muy claro: creemos que vamos a volver. Le vuelves a hablar, os empezáis a escribir otra vez y, mientras antes no sabías cómo actuar, ahora todo lo ves con normalidad sin importar el tiempo que haya pasado. Respiras profundo y todo comienza de nuevo.

¿Por qué nos alejamos? Esto es lo que muchas veces resulta difícil entender. Hay experiencias que simplemente se tienen que vivir solo, hay cosas que ambos queremos hacer y que no estábamos listos para comprender; nos dejamos ir el uno al otro para que cada quien viviera eso en lo que no seríamos aliados sino un verdadero estorbo, y una vez que eso se vive estamos listos para ser un equipo otra vez.

A todos los que han dejado ir a un amor –y a los que están por hacerlo– seguramente les pasa, que por más que vives los días separado de esa persona a la que dejaste ir creyendo que nunca volverías a ver, tus decisiones, tus movimientos, todo lo que has estado haciendo durante este tiempo no ha sido más que carpintería para armar de nuevo ese rompecabezas llamado “amor de tu vida”. Pues bien, –si ya estáis listos de nuevo–, inténtalo, porque no hay más tiempo que perder.