Un Brindis Por Ese Amigo Que El Viento Se Llevó Y Nunca Más Se Supo

El luto no es sólo para los ex. También tiene nombre de amigo. De esos que tantas horas de desvelos y run run nos han 'regalado' con su repentina ausencia. Así que puestos a divagar y buscar explicaciones, hagámoslo con algún grado de descaro y despreocupación de más en el cuerpo. Alcemos nuestras copas, bien alto y bien llenas, y brindemos por ellas, sí por ellas, por esas amistades que fueron y ya no son, que no están ni se las espera.

Brindemos por ese amigo que encontró pareja y desapareció. Por la amiga que prefirió una partida al Candy Crush en el metro a responderte a tus WhatsApps para quedar. Por el que empezó dándote largas y acabó girando la cara al verte por la calle. Por la que un día se enfadó y no te explicó el porqué. Por el que te eliminó de Facebook, te hizo un unfollow en Twitter y te bloqueó en Instagram. Por la de la bronca monumental que, al menos, dejó grandes momentos para el recuerdo. Y, por supuesto, por todos aquellos que no hicieron suya la bandera de que "el que no llama es porque no quiere" y se hicieron fuertes tras el escudo del "voy fatal de tiempo".

Tiempo es lo que perdimos nosotros persiguiéndolos, tratando de entender en qué momento alcanzamos ese punto de no retorno y echándolos de menos. Y es que, queridos, el síndrome de Estocolomo amiguil existe. Es normal. No se borran de un plumazo los buenos ratos compartidos.

Ay, amigo, sólo sabe lo que unen la suciedad y la mugre compartida en los campamentos de verano el que lo ha vivido. Lo mismo que los viajes de 'sólo chicos' o 'sólo chicas' a la playa, las noches de farra etílica, las risas susurradas en las clases de universidad, las horas de conversación telefónica, los cafés a media tarde cuando buscabais un hueco como fuera para contaros en persona la última y definitiva chorrada... Y así, un suma y sigue que ahora pesa y te lleva a ensalzar e idealizar unas situaciones y cualidades que, seguramente, no son tan maravillosas como las recuerdas.

Por eso, chupito (sí, a veces es necesario subir la graduación alcohólica para soltar lastre) por cada desplante que te tocó vivir. Por las caras de asco que tuviste que aguantar. Por los mensajes sin contestar. Por los planes en los que no fuiste incluido. Por las medias mentiras o las verdades calladas. Y, especialmente, por la toxicidad en la que permitisteis que se instalara vuestra relación.

Aunque, ojo. Al César, lo que es del César. No acabaremos nuestra diatriba espirituosa sin darles las gracias. Gracias por lo que compartimos y por lo que aprendimos. Porque nos enseñaron a que, en ocasiones, echar el resto no es garantía de éxito. Entendimos que a veces es mejor una retirada a tiempo. Descubrimos la importancia de tener criterio para saber por qué causas perdidas merece la pena luchar. Y llegamos a la conclusión de que con los amigos, igual que con cualquier ex, también se pasa página. Ahora, después de tanto tiempo y tanto brindis, somos capaces de cambiar ese "algo se muere en el alma cuando un amigo se va", por centrarnos en disfrutar de aquellas personas que están ahora, porque no sabemos cuánto se quedarán.