Aprendiendo A Dejarte Ir

"No, ya no duele. Con el tiempo te das cuenta de que poco a poco las heridas cicatrizan y dejan de doler. Te das cuenta de que necesitas, de que quieres seguir adelante".

Parece que fue ayer. Me mataba por dentro que hubieras desaparecido, que poco a poco te desvanecieras ante mis ojos sin darme tiempo a reaccionar, a digerirlo, a entenderlo. Te necesitaba, muchísimo, pero ya no estabas y tu ausencia empezó a convertirse en una pérdida, en un duelo. ¿Cómo algo que ha sido tan real, tan cercano, puede pasar a ser algo prácticamente desconocido? Dejé de reconocerte, era tu cara, tus ojos, pero ya no eras tú.

Aun así,  me descubría a mí mismo observando casi a escondidas la foto de aquel marco, cubierto en polvo por el paso de los días. Joder, me rompía por dentro, me rompía creer que aquello había pasado, que todo lo que habíamos vivido, compartido, se había marchado para no volver. Y te guardé, dentro y fuera de mí. En lo alto del armario, por si quizás, algún día, te volvía a ver como esa parte de mí, como un tesoro olvidado. Pero un quizás siempre es una forma de escapar. Es el miedo disfrazado en una duda que te empuja hacia atrás, que te impide seguir tu propio camino.

Poco a poco, muy poco a poco, dejé de despertarme y acostarme pensando en ti, dejé de contar las palabras medidas para no herirte. Olvidé las verdades omitidas, las ilusiones reprimidas y la ingenuidad tímida de mis sueños. Dejé de perseguir quizases y recordé lo que fuimos para entender por qué hoy no somos.

Recogí nuestros recuerdos de lo alto del armario y los guardé en una caja, no para olvidarlos, sino para conservarlos, guardarlos en la mejor parte de mí. Y me sentí afortunado al contemplarla, al entender que a veces las cosas que merecen la pena en la vida son las que dejan heridas expuestas, heridas que se curan con el tiempo y que permiten seguir adelante con una valiosa vivencia. Con un valioso recuerdo, que ya no duele, ni se queja.

Desdibujé el “nosotros” para convertirlo en el “yo”, en ese “yo” añorado, olvidado durante tanto tiempo. Encontré que el espacio que necesitaba para sobrevivir hacía demasiado tiempo que había sido invadido por ti, o equivocadamente cedido por mí.

Y ahora sí, decido cerrar las cajas para siempre, las fotos, los recuerdos, esta colección de vida que marca la diferencia entre lo que algún día tuve y lo que ya perdí.

Me quedo con las imágenes de mis recuerdos, cuidadosamente seleccionadas y que cariñosamente resumen lo que fuiste, lo que fuimos, lo que soy.

Por todo lo maravilloso que me diste, por todo lo maravilloso que te di, te reservo un sitio privilegiado en mi memoria. Sin temor, ni rencor, porque nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. 

Te deseo lo mejor, me deseo lo mejor. 

Crédito de la imagen: Theo Gosselin