Aprendiendo A Dejar Ir

Ya no me compensas...

Lo sé, quizás no fue la mejor manera de decirte adiós. ¿Por qué no elegí mejor las palabras? ¿por qué lo hice así?

Hastiada, liberada, sí, pero agotada. Así se siente una cuando decide derribar los muros de lo que se presupone como establecido. Atada a una vida de conformismo y planes susurrados.

Lo recuerdo como si fuera ayer. En el garaje, con el motor del coche en marcha, mientras me mirabas con los ojos inundados en lágrimas. Duele mucho despojarse de la persona a la que tanto se ha amado, pero a la que se ve más con cariño que con deseo. Renunciar a la persona fiel que tienes a tu lado, a la que te quiere, se preocupa tanto por ti y te respeta, es duro; pero a veces necesario.

Necesario cuando impide ver con distancia dónde conduce una relación en la que el deseo ha desaparecido y la rutina y la estabilidad te impiden seguir creciendo como persona.

Te extrañaré, mucho, muchísimo, no puedo ni imaginar cuánto. Me sigo despertando pensando en tus fotos, esas que guardé en el cajón intentando olvidarlas, esas en las que tanto sonreímos. Y sin mirarlas, me duelen, me duelen como si las tuviera grabadas en mi mente, en mi piel. Pero hay que saber marchar, resulta difícil saber cuándo y sobre todo por qué, pero palpita dentro.

Y sí, pienso: ¿y ahora qué? ¿cómo lo hacemos? ¿cómo dividimos nuestros libros, nuestros amigos? ¿cómo se divide el yo del nosotros? Y me arrepentiré, lo sé, pero debo hacerlo, debo saber la mujer que puedo llegar a ser. Sé que te dolerá, y que tienes todo el derecho a no perdonármelo nunca, pero es lo que siento.

Me reprocharé esas palabras omitidas en nuestra despedida, en ese último abrazo mitad amargo del que sabe que se marcha para no volver, mitad agradecido por tanto de lo que me has dado.

Respiro, 
aún de manera interrumpida, pero respiro.

Todo cicatriza, no hay mal que cien años dure ni idiota que los aguante. Hoy comienza el YO, sin paracaídas ni red de seguridad, sin nadie que me espere a cenar. Me demostraré que soy capaz, que lo merezco, que yo elijo, que yo me equivoco, que yo....

A veces en la vida hay trenes de los que hay que saber bajar a tiempo, sobre todo cuando viajas en el vagón y en realidad lo que deseas ser es, el maquinista de ese tren.

Crédito de la música: A Great Big World               Locución: Barbara Esteban