Esto es lo que he aprendido del sexo después de una relación a distancia

Cuando vives lejos de la persona a la que quieres debes aceptar y aprender una serie de cosas para que la chispa no se pierda y poder seguir disfrutando del placer sexual

Pienso en sus manos acariciándome la cara. Me mira con deseo, lo noto en sus ojos, en su pelo alborotado. Suspira cerca de mis oídos y el cuerpo se me estremece. Había imaginado este instante otras veces, antes de que ocurriera. Me apetece mucho tener un orgasmo y que él sea quien me lo provoque. Cuando terminamos, extasiados, sé que todo mi cuerpo está sonriendo. Se tumba a mi lado, está muy guapo, pienso. También sonríe. Ahora se irá, así que guardaré estas imágenes en mi imaginario para repetirlas cuando no esté. Y no volverá mañana, ni pasado, ni el siguiente. No sé cuándo volverá y no porque no quiera saberlo sino porque nuestra relación es a la distancia y las circunstancias de la vida no nos permiten asegurar una próxima fecha. Esta separación ha hecho que tenga que aprender una serie de cosas sobre el sexo que son indispensables para que ni la relación ni el placer mueran.

Exploración

La masturbación es algo que, desde que empiezas a explorar tu cuerpo, te acompaña a lo largo de la vida. Muchas parejas, cuando comienzan, dejan este placer en solitario de lado porque tienen con quien compartirlo. En este punto hay que recordar ciertas cosas importantes. Puedes seguir masturbándote aunque tengas pareja, no es ningún tipo de engaño, es un tipo de placer que se vive de manera diferente. En una relación a distancia, la masturbación es indispensable. Al principio, estaba tan ocupada que el placer en solitario lo provocaba como para salir del paso. Vaya, quitarme el calentón de encima y seguir con mi vida. A medida que la relación a distancia fue alargándose en el tiempo, la masturbación fue transformándose. Empezó a tratarse casi de hacer el amor conmigo misma: tomarme mi tiempo, utilizar diferentes juguetes, probar estímulos distintos... Aprendí a vivir estos instantes en soledad como todo un viaje de exploración íntimo y muy placentero.

Flirteo en la distancia

Cuando tienes una relación con muchos kilómetros de separación tienes que aprender, también, a mantener la chispa encendida. Puedes empezar con mensajes de deseo, de cómo echas de menos esos momentos en los que estabais desnudxs en la cama, puedes decirle qué recuerdos guardas y todos los instantes en que piensas en cómo era el sexo a su lado. Esto también es un aprendizaje. Tienes que perder el miedo a mostrar tu cuerpo a la otra persona si quieres enviarle alguna imagen o vídeo para mantener esa llama de la pasión. Así me pasó a mí, poco a poco, aprendí a tomar un lenguaje más sensual, sabía qué le gustaba y fui encontrando los momentos en los que entendía que empezábamos una especie de relación sexual a través del móvil. Llamadas y mensajes que hicieron que el placer se mantuviera.

Aceptación de la espera o no

El sexo es algo que, al no practicarse, puede ser que las ganas vayan en aumento. Este deseo por practicarlo es algo con lo que hay que convivir y hay que aprender a aceptar la espera. Esto debe ser así siempre y cuando el acuerdo que tenéis es el de la fidelidad. Podéis tener, también, una relación abierta y separar el sexo de vuestra relación amorosa para no tener que esperar a estar juntos para cumplir el deseo. Esto depende del acuerdo personal. En mi caso decidimos ser fieles a nuestra unión y el aprendizaje se centró a aceptar la espera de volvernos a ver para tener relaciones sexuales. Aprendí a vivir el placer en soledad gracias a la masturbación y en pareja a través de videollamadas o mensajes. Cuando volvíamos a vernos, era una explosión de orgasmos. Esto hacía que la relación sexual se idealizara, algo que, en realidad, no es muy positivo. 

Seguridad y confianza

Este último punto va relacionado directamente con el anterior. El hecho de haber llegado al acuerdo de sernos fieles supuso también aprender a darle (a darnos) la seguridad y la confianza necesarias para saber que, aunque estuviéramos de fiesta o aunque conociéramos a alguien que podía atraernos, no acabaríamos con esa persona en nuestra cama. Eso es un trabajo diario y es todo un aprendizaje. La conclusión puede ser positiva o negativa pero lo que sí es verdad es que tanto tiempo de relación a distancia me enseñó a descubrir partes de mí, de mi propio placer y de cómo compartirlo con alguien que está lejos. 

El deseo, a veces (y según el acuerdo), hay que reprimirlo. Quizás en próximas ocasiones sea más acertado tener una relación abierta y llevar adelante el trabajo de separar el sexo de los sentimientos.