Aprende a calcular si merece o no la pena meterte en esa relación

Se prevén olas migratorias de mariposas en tu estómago, se pronostican nubarrones en tu mirada y en tu juicio. La mayoría hacemos un 'all in' cuando llega el amor, o mejor dicho: cuando dejamos que llegue. Es resultado del cóctel de amor romántico que nos tragamos desde enanos y de habernos repetido tantas veces a los mileniales eso de "hay que vivir, déjate llevar, es ahora o nunca". Así que a veces vamos de cabeza a una relación estable con lo primero que nos atrae, y como filosofía mola, pero también nos lleva a relaciones frustradas y al fenómeno de usar y tirar emocional. Calibrar tus preferencias y decidir no comprometerte también puede ser una opción win-win: ganas tú y gana la otra persona.

Si estás terriblemente enamorad@ es posible que tu capacidad de raciocinio haya salido hace rato por la ventana haciendo parapente (si te asomas puedes verla todavía, ahí, en el horizonte, fuera de cobertura). Mándale un Whatsapp, y suerte.

El cálculo menos frío de todos

Haces cálculos inconscientes de coste-beneficio a diario: ¿cuánto tiempo invierto en ir hasta el centro vs lo que me apetece quedar con ese colega? ¿cuánta resaca tendré mañana vs lo bien que me lo pasaré saliendo hoy? Y en lo que respecta a las relaciones no debería ser muy distinto. Solo que las preguntas exactas a hacerte dependerán de tu forma de ser. Para aquellos que ven hacia dónde va la cosa y se están planteando si quieren continuar "en serio", vale la pena hacerlo entendiendo lo que significa 'estar con alguien' y preguntándose si les apetece de verdad. No es un cálculo egoísta: pondrás en la balanza cuánto estás dispuesto/a a entregar y verás si estás en condiciones de jugar a ser dos, porque de lo contrario harás más daño que otra cosa.

Dejar las cosas claras es gratis

A veces por querer preservar la magia nos creemos el Mago Pop y dejamos todas las íes sin puntos. Así no hay quien se entienda. Hay tantos tipos de relación como peces en el mar, pero puedes hacerte una idea aproximada de lo que alguien NO espera de ti si vais a ser pareja:

No significa usarlo de acompañante florero ni esperar que se adapte siempre a ti.

No significa tener siempre a esa persona como plan B y sudar de ella en cuanto nos surge algo emocionante.

Tampoco significa estar pendiente 24h de lo que haga esa persona, si sufres de dependencia emocional eso es otro tema. Todos los días no equivale a todo el día.

Y, desde luego, tampoco significa estar siempre pletóricos de felicidad retozando entre Skittles, porque las complicaciones de la otra persona van a ser las tuyas, y sobre todo vas a tener que lidiar con vuestras diferencias, que son enriquecedoras pero también van a crear fricciones.

Sí significa querer, cuidar, empatizar, entender a la otra persona. Disfrutar de la vida, pero entendiendo que ahora hay alguien a quien le puede doler cómo actúes y el tiempo que le dediques. Está claro que no firmarás nada con sangre y que, si ambos os queréis, no veréis coartada vuestra libertad, sino expandido vuestro horizonte. O eso es lo que deseamos para ti.

Mejor soltería que relación precaria

Hay señales que, en un 90% de los casos, indican que no te compensa una relación. Si vas a querer desaparecer tres días de la faz de la Tierra y no avisar ni a tu madre, si no te gusta hacer planes teniendo en cuenta los de la otra persona, o te da palo tener que cuidarla cuando tenga fiebre, no puedes renunciar a irte a ese festival porque está pasando por un mal momento, no piensas entender a su familia ni intentar congeniar con sus colegas, ya ni hagas el cálculo: ahórrale el mal trago a la otra persona, a ti mismo y a los colegas que os van a tener que ver sufrir.

Nadie nos obliga al compromiso: es interesante que tras la efímera 'liberación' sexual hippyesca de los 60 nuestra generación haya corrido en brazos de la monogamia y el romanticismo sin dudarlo. Desde el momento en el que nos sale el primer pelo en los genitales vamos todos suspirando por las esquinas en busca de nuestro medio aguacate (más hipster que la naranja, pero la misma mierda es) y venga a atar candados a los puentes. Pero no está de más valorar un poco más nuestra individualidad (que no individualismo) precisamente para que, cuando toque amar, lo hagamos un poco mejor.