El amor para siempre no significa enamoramiento para toda la vida

El amor para toda la vida cada vez recibe peor prensa. Es comprensible. Su némesis, el amor líquido, fluye y nos inunda por todos lados adaptándose mucho mejor a los tiempos que corren. En general, las parejas duran poco porque las circunstancias de la vida moderna son cada vez menos propicias y el 'aguante' de los enamorados, que antes era de hormigón, hoy está hecho de papel de fumar. Somos una generación voluble, exigente e inconformista.

Nos han educado para que no dejemos de buscar, movidos por una insaciable voluntad de experiencias nuevas y aspiraciones utópicas. Claramente, estas ideas tan arraigadas van en contra del 'asentamiento' que supone una pareja a largo plazo, pero a largo plazo de verdad.

Por otro lado, el amor para toda la vida ha quedado lastrado por el concepto del amor romántico, una idea mucho más compleja y peligrosa que siempre ha estado vinculada a la pareja duradera. Cuando pensamos en estar con la misma persona para siempre —concepto que es falso en sí mismo— pensamos automáticamente en la maldita 'media naranja', en ese amor idealizado y falsamente perfecto por el que no hay que trabajar, que simplemente llega, te llena y te hace vivir feliz y comiendo perdiz. Todo mentira.

 Nos han educado para que no dejemos de buscar, movidos por una insaciable voluntad de experiencias nuevas y aspiraciones utópicas.

Este tipo de amor presupone que estamos incompletos y que debemos buscar a ese ser diseñado para cada uno de nosotros, el cual, además, no se produce precisamente en serie y con el que, una vez unidos, sufres un 'proceso de fusión' que justifica cualquier cosa. ¿Si esa persona es tu one true love pues habrá que perdonárselo todo, no? Y así nos quedamos, entregados a una devoción incondicional y peliculera. Error. Además, el amor romántico también está vinculado a la idea occidental del mismo, es decir, una pareja monógama y tradicionalmente entre hombre y mujer.

Está claro que si pensamos en esto es más sano renegar del amor para toda la vida. Por ello, es mejor no confundir una cosa con la otra. Una pareja para toda la vida no tiene que significar perder tu individualidad, no tienes que perdonarlo todo y tampoco es como nos lo pintaron en Hollywood. Podemos elegir amar a una persona durante toda nuestra vida, pero debemos elegirlo, nadie tiene que imponérnoslo y, sobre todo, tu pareja no debe convertirse en una necesidad sin la que no puedas vivir. Además, y esto es la base de cualquier relación duradera, se requiere trabajo. La felicidad hay que 'alimentarla'.

Una pareja a largo plazo no es sinónimo de enamoramiento a largo plazo. El enamoramiento forever es otra de las quimeras que nos han dado con queso en todo esto del amor romántico y que no ayuda en nada al amor para toda la vida. Es muy fácil romper una relación cuando dejas de sentir el fervor químico de la pasión inicial. Error otra vez. Es precisamente entonces cuando hay que comenzar a trabajar por la relación. El fin de la fase de enamoramiento marca el punto de inflexión donde se comprueba si sois material de pareja a largo plazo. Si cuando se apaga la llama queda algo más que cenizas, entonces vuestro amor tiene futuro.

El enamoramiento forever es otra de las quimeras que nos han dado con queso. 

Por supuesto, mantener una relación durante años requiere compromiso y muchas concesiones por ambas partes, siempre de una forma equilibrada para no quebrar la balanza, eso sí. Pero sobre todo, requiere de un consenso: tiene que haber unas reglas del juego y tienen que estar bien claritas. Cuando desvinculamos la idea de amor duradero de la de amor romántico se abre un abanico de posibilidades en forma de nuevos terrenos donde asentar tu relación.

Si cuando se apaga la llama queda algo más que cenizas, entonces vuestro amor tiene futuro.

El matrimonio representa para muchos una institución de otro siglo que ya no tiene cabida en las relaciones modernas. El compromiso, que debe poder romperse, se fundamenta en la voluntad de la pareja y no en la firma de un documento. Así que puestos a romper con el concepto occidental, se puede eliminar algún elemento de la ecuación tradicional, como la exclusividad. Muchas parejas, conscientes de los altibajos que se dan en la pasión y la complejidad de sus necesidades físicas y emocionales, mantienen relaciones abiertas, son swingers, etc.

También se puede ir un paso más allá y romper con la monogamia, por ejemplo, explorando nuevas formas de pareja como el poliamor, donde estas se componen de más de dos miembros. Lo importante es que ambas partes estén de acuerdo en el tipo de relación a mantener y que esta responda a sus necesidades. Es posible que la libertad a la hora de elegir nuestras propias reglas, en vez de seguir las impuestas por los modelos sociales, sea la clave de la ‘longevidad parejil’.

Y lo último pero no menos importante: la salud. Esa salud en la pareja que solo existe cuando cada uno de sus miembros funciona bien por separado. Tienes que tener claro que sin él o ella sigues siendo tú, que no eres de nadie y tu vida es tuya. En un amor para toda la vida no puedes buscar alguien que te complete, sino alguien que te complemente.