En El Amor, Segundas Partes Pueden Ser Buenas

¿Volver o no volver? Esa es la cuestión para muchas parejas. Todos conocemos a alguien o hemos vivido en primera persona una relación de aquellas que duran años, pero con constantes interrupciones. Cada vez que te encuentras a ese amigo que está en una relación así, no sabes si preguntarle cómo les va, ya que la pregunta que te viene es más bien "¿ahora en qué punto estáis?".

Las segundas partes en el cine tienen fama de muy decepcionantes, ¿ocurre lo mismo con el amor? Lo que pasa con las segundas partes es sobre todo que tenemos puestas muchas expectativas. Hay grandes películas que pasaron a ser consideradas mediocres solo por ser la segunda parte de otra aún mejor, como el típico hermano gemelo que podría ser guapo pero siempre será el feo de los dos, por tener un hermano demasiado atractivo con el que siempre se le compara.

En las relaciones de pareja también nos afectan mucho las expectativas. Cada vez que volvemos con un ex, inevitablemente llevamos la mochila de las experiencias anteriores, para bien y para mal. Discusiones que no se resolvieron del todo, defectos del otro que ya conocemos a la perfección, e incluso aquello que nos encantaba cuando nos enamoramos y que con el tiempo se desvaneció por culpa de la dichosa rutina.

Otro problema de las segundas relaciones es que si falló la primera vez, ¿por qué funcionará ahora? Muchas personas piensan que si ha habido una ruptura, eso ya es para siempre, especialmente si se perdió la confianza en construir algo juntos. Lo que pasa es que muchas veces el problema no estaba en la posibilidad de estar juntos, sino en algo de uno de los dos que tenía que cambiar, por tanto, ¿qué problema hay si cambia?

Las segundas partes en el amor son difíciles, asustan y a veces parecen la crónica de una muerte anunciada. Pero a veces nos merece la pena la apuesta, un intento más por construir algo que ya en su día pensamos que podía ser maravilloso. En ocasiones hace falta un trabajo extra, pero toda relación necesita ser trabajada y cuidada. Podemos ponerle toda la ilusión de esa primera vez, dejando los prejuicios de lado y apostando por que esta vez salga bien por fin.

Dice el proverbio: "si me engañas una vez, qué vergüenza para ti; si me engañas dos veces, qué vergüenza para mí". No podemos esperar resultados diferentes si siempre hacemos lo mismo, así que una cosa es lanzarse y dar a una relación otra oportunidad, y otra bien distinta es no aprender nunca, y que acabe por ser una relación con demasiados episodios y cortes de publicidad...

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