Cuando alguien te toca por dentro da igual que no lo haya hecho por fuera

No. No te ha tocado. Vamos, ni rozarte al pasar. A lo mejor todavía ni siquiera sabe que existes. O peor, sí que lo sabe pero aún no sabe que eres la chica o el chico de su vida. Claro, es eso: que todavía no se ha dado cuenta. Pero mientras, tú te mueres por sus huesos… Que cada vez que te mira tienes un ‘calor localizado’ que si esto lo hace sin tocarte, ay madre, ¡qué no será si te sopla un ojo!

Es así, hay personas que sin necesidad de ponerte un dedo encima son capaces de hacerte sentir todo lo que no habías experimentado con otras que se han desvivido por ti. O no, pero que tocarte sí que te habían tocado. Llámalo atracción o “destino fatal con caminares de diva” —y lo pongo en femenino tan solo porque me concentro mejor— pero el caso es que te tiene rotica.

Y aun es peor si os conocéis porque, entonces, no te engañes, no estás pensando solo en el cambio climático que se va a dar en tu casa como decida subir, sino que, amiga, estás pillada. No, tú no. Soy yo, que me lo digo a mí misma en voz alta para asimilarlo. Pues sí, hay que asumirlo: cuando alguien te toca por dentro da igual que no lo haya hecho por fuera.

Que no es lo mismo desear que estar ilusionada. Un claro ejemplo es un beso. Si solo sientes deseo besas más bien a lo salvaje, con su tirón de pelos incorporado y cero pensamientos, lo que viene siendo la conocida figura del empotrador —empotradora en mi caso, gracias— pero si estás ilusionada lo que quieres es besar con la urgencia de quien no sabe si ese será el primer o el último beso. Y es verdad: no lo sabes. Por eso, en este caso, el tirón de pelos te lo das a ti mismo. Porque, hay qué ver, cómo con esta relación casta y pura que os lleváis ha conseguido dejarte cara de emoticono con ojos de corazón…

Dicen que el amor es lo mejor que te puede pasar en la vida… Pero mientras, ¿qué? ¿Qué pasa con el enamoramiento sin saber si es correspondido? ¿Qué me dices de la ilusión o de los comienzos? De esto nadie habla y es casi una enfermedad, que en Italia, que nos llevan la delantera, se plantean dar tres días de baja para mujeres con reglas dolorosas y el siguiente paso fijo que es darlas a los que padezcan enamoramiento. Lo veo.

En serio, no es fácil vivir con ello. Pero también es cierto que es lo que nos impulsa a vivir. Si no tuvieras esa incertidumbre de saber si piensa en ti, ese pellizco cada vez que hablas con él/ella, esa adrenalina que te recorre si parece que… “¿Ha tonteado conmigo? ¿eso es tontear? Yo creo que sí. Vamos que sí, ¿no?”, no seríamos capaces de actuar.

Porque, seamos sinceros, este estado anula nuestras capacidades. Nos quedamos ‘atontaos’ y no damos pie con bola porque estamos en las nubes. Así que, como esto no puede ser eterno , ni puedes acabar con todas las margaritas del mundo con un ‘me quiere, no me quiere’ porque irán a por ti los de Greenpeace y con toda la razón del mundo, lo mejor es coger este impulso para plantarle cara a la vida. O mejor dicho, a esa persona.

Haz acopio de seguridad y ármate de valor para decirle lo que sientes. Lo peor que puede pasar es que te diga que no siente lo mismo y, como de todas formas, no estabas con ella, ganarás al poder pasar página. Y lo mejor que te puede pasar… lo mejor es saber que te quedas con alguien que supo bien dónde tocar y que, por suerte, ese no será el último beso.