Estas son las 8 fantasías que los españoles querríamos probar en la cama

Jugar con los pies o hacerlo en público son algunas de estas prácticas sexuales “raras”, que —spoiler— no lo son para nada: seguro que tú también tienes alguna

Todos tenemos nuestras fantasías, y muchas veces creemos que somos los únicos. Sin embargo, la estadística demuestra lo contrario: hacerlo en público, jugar con los pies o ponerte cuero son algunas de estas prácticas sexuales que creemos “raras”, pero que no lo son para nada. Dos de cada tres españoles querrían probarlas en algún momento de sus vidas. Estas son ocho de las más populares, que el portal Psicología y Mente recoge, entre otras, en forma de lista.

1. En público

El morbo y riesgo de que te pillen. Estar con los pantalones y la ropa interior por las rodillas (o, incluso, desnudo), creyendo que de un momento a otro alguien te podría pillar, suele dar mucho morbo. A pesar de ser ilegal (está penada con multas que pueden subir hasta los mil euros, dependiendo de tu ciudad), muchísimos la hemos practicado y nos gusta.

2. Masoquismo sexual

Consiste en encontrar placer en la humillación tanto física como psicológica, ya sea a través de los golpes, la tortura con objetos o las cuerdas. Esta práctica es más común en mujeres, en parte, por la educación patriarcal y de sumisión que reciben. Aun así, cada vez se ha eliminado más el componente de sumisión ciega y algunas mujeres logran empoderarse y seguir recibiendo estos juegos sin conductas machistas y patriarcales.  

3. Sadismo sexual

Si el masoquismo es encontrar el placer en ser esclavo, el sadismo va al revés: encontrarlo siendo el amo. Esta parafilia busca dominar, torturar y vejar al otro para sentirse superior y lograr un estado de excitación sexual. El bondage, las relaciones de roles, los azotes y los flagelos son algunas de las prácticas más comunes asociadas a esta parafilia. Por supuesto, estas prácticas requieren consentimiento para evitar violencia y agresiones graves.

4. Fetichismo

Aunque como fetichistas entendamos a todos aquellos que tienen parafilias, la palabra viene de sentir placer sexual a través de objetos inanimados (eso es, de hecho, un fetiche). Dicho así, esta fantasía no suena a nada nuevo: todos sabemos que hay personas a quienes les atrae tener sexo usando prendas de goma, cuero o látex, lencería sexy, calcetines o bambas. Es un tipo de parafilia muy, muy común, siempre presente en sex-shops y webs de juguetes.

5. Travestismo

Es muy común en hombres heterosexuales. La palabra ya lo dice todo: consiste en ponerse ropa asociada al otro género solo para el acto sexual. Por supuesto, no es lo mismo que ser drag queen, travestí o transgénero, porque esos casos van vinculados a una identidad de género o inquietud artística. Para los parafílicos del travestismo, el cambio de ropa solo es sexual, para los demás, forma parte de su yo.

6. Voyeurismo

Mirar a otros haciendo el amor porque sabes que te pone. Es muy típico de matrimonios, en el que uno de los cónyuges busca a alguien que se acueste con su pareja mientras mira. O también en espacios como saunas, gloryholes o clubs de swingers, en los que hay personas que solo van a mirar, por puro placer voyeur. Algunos se tocan viéndolo, otros simplemente disfrutan mirando.  

7. Parcialismo

Es como el fetichismo, pero se cambia el objeto inanimado por una parte del cuerpo no-genital. Por ejemplo, podofilia (pies), maschalagnia (axilas), oculofilia (ojos), nasofilia (nariz) o alvinofilia (ombligo), entre otros.

8. Urofilia y coprofilia

Añadir las sustancias residuales humanas en tus prácticas sexuales. Es decir, orina (urofilia, también llamada ‘lluvia dorada’) o heces (la coprofilia, o también llamada ‘scat’). También se podría incluir en este grupo el vómito. Y sí, es una práctica existe, por muy asqueroso que pueda sonar. Seguramente a más de uno le ha venido a la cabeza el mítico viral “Two girls one cup”.

Estas son las parafilias más comunes de hombres y mujeres. Y sí, si tú también te has sentido atraído hacia ellas, es probable que tu pareja también haya tenido curiosidad. Quizá es hora de dejar atrás los estigmas y decírselo claramente: “quiero probarlo”, porque puede ser que ambos estéis reprimiéndoos las ganas por miedo al qué dirán los demás. Y, si te proponen una práctica que a ti no te gusta, recházala con tacto.