7 personas cuentan lo rastreras que fueron sus rupturas

Crédito de la imagen: Ryan Mcginley

Las rupturas duelen mucho, pero si son surrealistas, al menos dejan una buena anécdota para recordar en el futuro y reírte de lo mal que lo pasaste. También puedes leer estos siete finales nofelices para consolarte si tienes el corazón herido, para que veas que podría ser peor. O para que estés alerta en caso de que ahora mismo estés feliz como una perdiz con tu pareja. Los nombres son ficticios, pero puedo jurar por lo que quieras que los casos, no.

Manuela, 27 años. En la cama y en posición cucharita

"Yo estaba a punto de irme a vivir a otra ciudad durante solo seis meses. No habíamos hablado claramente sobre qué íbamos a hacer con lo nuestro porque me iba muy poco tiempo y a solo 600 kilómetros de distancia, pero, al parecer, sí deberíamos haberlo hecho. Cinco días antes de marcharme estábamos en la cama, abrazados en modo cucharita y me dijo: 'Oye, que no te había comentado nada, pero creo que no quiero una relación a distancia'. Yo flipando. Me quedé despierta toda la noche mientras él dormía. Por la mañana, tras acabar la charla y descubrir que me dejaba, me fui".


Ana, 28 años. Por Facebook, en el curro y con la jefa al lado

"Era otra época, hace cinco años para ser más exactos. El Whatsapp estaba empezando a irrumpir en nuestras vidas, pero aún no lo usaba todo el mundo. Y yo, que a las cosas tecnológicas siempre llego un poco tarde, aún no lo tenía. Aún así, logré mantener una relación a distancia durante tres años. Yo en España y él en Italia. Los dos trabajábamos prácticamente todo el día delante de un ordenador, así que normalmente hablábamos por el chat de Facebook y cuando llegábamos a casa, solíamos hacer un Skype.

Aquella tarde yo acababa de llegar al curro después de comer. Para mí todo seguía yendo sobre ruedas, una relación inquebrantable. A distancia, pero inquebrantable. Aun así un instinto me llevó a decirle algo así como: "anda que estás más rarito...". Se ve que él o no podía aguantar más o consideró que le estaba dando el pie que llevaba tiempo esperando. Y respondió: "Me conoces mucho. Sabía que te darías cuenta... Es verdad estoy raro porque hay algo que no anda bien y tengo que hablar contigo".

Después de esto siguió el gran drama que no viene a cuento. Pero resumidamente, así, recién llegada al curro con el café enfriándose al lado de mi escritorio y con mi jefa sentada a un metro escaso de mí fue como me enteré de que mi novio llevaba semanas pensando cómo dejarme... Su decisión final de utilizar el chat de Facebook. Y sí, había otra".

OMG

Carlos, 30 años. El bollo que no se eche a perder, por favor

"Yo estaba súper contento porque tenía mi primera novieta con 15 o 16 años. Pero por mucho tiempo que haya pasado, jamás se me olvidará aquella tarde. Iba paseando con mis amigos con un bollo en la mano que me acababa de comprar. La merienda, ya sabes. A lo lejos vi a mi novia con un chico que estaba subido encima de su moto con otro casco en la mano. Cuando iba a llamarla ella se giró y me vio. En ese momento puso cara de "lo siento", cogió el caso de aquel chaval y se piró sin más explicación. Yo no me lo creía. Cuando habían pasado unos minutos y aún estaba en shock un amigo me dijo: '¿Pero el bollo te lo vas a comer?'".


Ángel, 35 años. Un Nóbel vale más que tú

"Soy investigador, y como casi todos los investigadores de España, emigré a Suiza para desarrollar mi carrera. Tenía un buen trabajo, bien pagado y que me realizaba. Allí conocí a mi novia, también investigadora de primer nivel. Cuando todo parecía ir sobre ruedas algo se torció y se entrometió un tercero. Me dijo que que su ambición en la vida era ganar un premio Nóbel y que eso era imposible estando conmigo. Una relación le quitaba mucho tiempo para alcanzar su objetivo. Aún sigo esperando verla algún día dando su discurso de agradecimiento...".


Natalia, 32 años. Demasiado rompedora para los suegros

"Cuando empecé a salir con él me avisó de que sus padres eran un poco 'tradicionales'. Mis padres estaban separados y eso a los suyos no les iba a gustar. Me hizo fingir que mi familia era 'normal' e inventarme todo tipo de historias cuando me preguntaban "que qué íbamos a hacer estas vacaciones": Él vivía en otra ciudad y entre que nos separaban unos cuántos kilómetros y sus padres no entendían muy bien qué clase de relación era la nuestra, sumado a que mi familia, ante los ojos del pecado, estaba desestructurada, tomó la decisión de dejarme. Lo hizo por Messenger mientras estaba contándole que ya tenía los billetes para ir a verle. Me los comí con patatas y salí del cyber llorando. Fue la ruptura más rara y loca que me ha tocado vivir".


Marina, 27 años. Sinceridad ante todo

"¿Sabes cuando piensas que has conocido al amor de tu vida? Guapo, simpático, inteligente, os lleváis súper bien... Yo tenía todo eso. Nada podía fallar. Hasta que llegó el momento de ir a la cama. Me di cuenta de que no estaba muy bien dotado y que además, era bastante torpe. Sé que puede sonar frívolo, pero considero que el sexo es muy importante en una pareja y fue un bajonazo. Se lo comenté a una amiga y estaba de acuerdo en que tenía que dejarlo si no me satisfacía en todos los aspectos, pero sugirió que le diera otro motivo, que no había necesidad de hacer daño gratuito. Cuando quedé con él para dejarlo, no sé que me pasó, pero ese consejo se esfumó de mi cabeza. Así que le dije claramente que le dejaba porque la tenía pequeña".


Andrés, 29 años. En menos de 140 caracteres

Si viste Sexo en Nueva York, esta historia te sonará. "Fue un flechazo. Desde el primer día estábamos juntos todo el tiempo. Inseparables. Cuando llevábamos saliendo solo unas semanas, alquilé una habitación de hotel y la llené de post-its en los que decía que la quería de todas las maneras posibles. La cosa prosperó y al poco tiempo nos fuimos a vivir juntos. Pero tan pronto como empezó, se fue a la mierda. Un día volví a casa de trabajar y encontré un solo post-it: el que me había escrito ella para decirme que me dejaba".