7 consejos para que iros a vivir en pareja no sea el principio de vuestro fin

Crédito de la imagen: Samuel Hodge

Irse a vivir juntos es un paso muy importante en una relación de pareja. Lo ideal, por supuesto, es que a los dos os apetezca al mismo tiempo, porque, de hecho, esa puede ser una de las mayores tensiones, que uno quiera irse a vivir juntos y el otro no. En cualquier caso, ya sea con una ilusión rebosante compartida o con diez mil quinientas dudas en el bolsillo, o ambas cosas, aquí van algunos consejos para que el día a día conjunto no mine más de lo necesario vuestra relación.

1. Ten expectativas reales

Esto parece una obviedad, pero no lo es. Si todo va bien, al empezar a vivir juntos tendréis detalles el uno con el otro. El primer fin de semana él se levantará a hacerte el desayuno y el viernes por la noche ella preparará lasaña con velas en el salón. Pero hay que ser realista y ni todos los viernes uno va a cenar con velas ni todos los domingos tendrás zumo de naranja recién exprimido. Y, por lo que más queráis, no esperéis ducharos siempre juntos. Eso, sencillamente, no funciona así. Cuanto antes lo aceptes, mejor para ambos. Se llama rutina.

2. Haz cena con velas alguna vez

Ya hemos dicho que no va a ser todos los viernes, vale. Y quizá unos espaguetis a la carbonara tardan menos en hacerse y son más apañados, pero lo importante es que de vez en cuando hay que preparar algo especial. Algo que solo sea para vosotros, que os haga sentir que vuestra intimidad merece tiempo y dedicación. Comprad un postre especial para ver con vuestra serie favorita. Dejad los preparados del supermercado y cocinad pollo guisado mientras tomáis una copa de vino. Mimaos.

3. Habrá sexo, pero no tanto como esperabas

Esto pasará sí o sí. Aunque tú creas que no, aunque estés convencido de que las llaves de vuestro nidito de amor son en realidad una carretera sin curvas al desenfreno. Si no dejas de visualizar sexo en el baño, sexo en el pasillo, posturas imposibles en la cocina y un sofá lleno de fluidos, siento chafarte el sueño. Al principio habrá. Pero luego, ni a él ni a ti os apetecerá siempre y casi siempre que os apetezca querréis ir a la cama. Porque es grande y cómoda y luego no hay que limpiar, que los dos desnudos por ahí se acaba poniendo todo perdido. Eso sí, las opciones de tener sexo en lugares no sondeados aumentan cuando uno cena con velas. Así que dale más ímpetu al paso 2.

4. Las cuentas claras

Esto podrá parecer muy mundano, pero solo el punto 5 será capaz de traeros tantos problemas como este, así que tómatelo en serio. Irse a vivir juntos implica gastos compartidos. El alquiler, por supuesto. Pero la comida, las cosas de limpieza, imprevistos como que se atasca el fregadero y el fontanero os cobra 200 euros por diez minutos de visita. Hablad sobre todo esto antes de mudaros. Organizaos. Tened una cuenta común, o un bote en la cocina, donde cada uno pone su parte mensual y PAGAD las cosas conjuntas con ese dinero. Dejaos del buenista “no, cariño, que esto lo pago yo” cuando estás en el supermercado comprando lentejas y lejía. El dinero de la casa es para la casa. Respetadlo. Os estáis haciendo un favor.

5. Limpia. Ordena. Siempre

Aquí debería haber un compromiso firmado ante notario que incluyera la tortura malaya en caso de no cumplirse. Haced como queráis. Distribuíos las tareas, poneos un día de limpieza general, contratad a una persona que vaya una vez a la semana, lo que sea, pero organizaos. Porque nada os sacará más de quicio que encontraros los platos de ella sin fregar por la mañana o las cazadoras de él dando vueltas por una casa inundada de una capa blanca insoportable llamada polvo. No lo dejéis para mañana nunca, salvo que el punto 2 os haya llevado al 3.

6. Respeta su espacio

Respeta su espacio y ten el tuyo. Vivís juntos, no sois siameses, ¿vale? Ni compartes su cepillo de dientes, ni estás en el baño cuando hace sus necesidades ni le miras el WhatsApp mientras se ducha. Venga, repite esto conmigo: "No le miraré el whatsApp mientras se ducha". En serio, no.

7. Y ten paciencia

Sí, ten paciencia. Ten paciencia con su manera absurda de colocar los yogures en la nevera, con sus olvidos al hacer la compra y con su obcecación en separar la ropa de la lavadora en blanca, negra y de color. Ten paciencia porque contigo también hay que tenerla. Porque a ti hay que tolerarte la manía de poner los pies encima de la mesita del comedor y la regla esa de tener siempre una cartón de leche enfriando en la nevera. Tened paciencia y disfrutad. Estáis construyendo vuestra rutina, un universo que tendrá solo vuestras reglas; aquel lugar, al que si todo va bien, por fin ambos podréis llamar hogar.