Los 5 Mandamientos Que Aprendí De Mis Padres

De tal palo tal astilla, y en todas las casas se comen habas, y en la mía a calderadas. Esta es una de las primeras cosas que aprendí de vosotros: los refranes. Nadie nos enseña tantos dichos y formas de hablar como nuestros padres, y quizá, los abuelos. Todas las cosas que decido decir pueden tener un contenido diferente e incluso a veces totalmente opuesto al vuestro, pero siempre lo diré del mismo modo en el que lo decíais vosotros, con los mismos giros y las mismas expresiones. Es un estigma que permanecerá conmigo de por vida. Pero no es el único.


1. El verdadero y extraño significado del "amor incondicional"

Es ese tipo de amor que nadie comprende hasta que tiene un niño, pero en cualquier caso todos intuimos. Como si de alguna manera tuviese la sensación de que podría matar a alguien a sangre fría y aun así vosotros seguiríais queriéndome. Porque es un amor que no se elige, sino que está dentro de vosotros y no lo podéis evitar o negar. Es extraño, pero es también lo más esencial que un niño necesita saber.


2. Comer bien lo cura casi todo

O al menos lo mejora. Desde una depresión hasta un catarro. Días en los que llegaba a casa desmoralizada, triste o solo cansada, me plantabais delante un plato de croquetas, o unos simples huevos fritos, y de pronto todo se volvía liviano. Una sopa y pollo cuando estaba acatarrada, un arroz blanco para los días de descomposición, o una pizza con todos los ingredientes que me encantaban para la primera vez que me rompieron el corazón. Tenéis recetas para cualquier situación.


3. Reírse es una droga dura

Ya fuese cuando de renacuaja me retabais a una guerra de cosquillas o cuando de adulta os veía manejaros con el WhatsApp. Las risas en familia fueron las primeras de todas las que llegarían después. Junto a vosotros se formó mi sentido del humor, y aprendí el placer de las carcajadas libres de prejuicios. Risas incontrolables y ridículas que me harían feliz para siempre.


4. La no tan frase hecha de "creer en uno mismo"

Tal vez fue a raíz de ese amor incondicional del que hablaba, pero una inmensa confianza en mí misma germinó en mi interior. La sensación de que podía con todo y de que nadie me detendría, y que nunca habría abismo demasiado alto o río demasiado ancho que no pudiera atravesar, porque vosotros siempre estaríais allí para ofrecerme una red protectora. Todo era posible, solo tenía que intentarlo.


5. Cualquier cosa que hoy duela, mañana sanará

Todo pasa. Incluso las cosas más difíciles y retorcidas se superan. Y lo que no nos destruye nos hace más fuertes. Cualquier asunto por el que sufrí en el pasado lo superé en el presente, y eso me da una pista muy grande sobre lo que sucederá con aquello que me preocupa hoy.


Mañana quizá aún duela, pero no hay nada que el tiempo no cure ni mal que cien años dure. Y con refranes vuelvo a terminar. Me habéis dado decenas para cada situación, se quedan conmigo, para cuando me toque enseñárselos a una nueva generación. Aunque para eso aún queda tiempo, que cuando sea padre, comeré huevos.

Gracias a vosotros me convertí en lo que soy hoy. Gracias a vosotros os dedico ahora estos minutos.