4 motivos para discutir con tu pareja de vez en cuando

La evitación de los conflictos es mucho más peligrosa que la confrontación

Qué bonita es la armonía en las relaciones. Esos estados en los que tú y la otra persona parecéis encajar del modo más perfecto posible en todas y cada una de las dimensiones de la vida. Esos momentos en que no hay absolutamente nada que cambiarías de la situación. Son extraordinarios. Y en ambos sentidos de la palabra: maravillosos y poco habituales. Porque las relaciones implican conflicto. No son agradables ni deseables, es verdad, pero son inevitables. Y, de hecho, y según cuenta la psicóloga Jonice Webb en Psychology Today, son además muy recomendables desde una perspectiva emocional. Sorprendente pero cierto.

La armonía no dura para siempre

Para comprenderlo tienes que conocer las tres etapas cíclicas de las relaciones. En primer lugar está la armonía que tanto te gusta. No obstante, "esta fase no puede durar para siempre" y, en algún momento, "algo se interpone en el camino". Es entonces cuando se produce la etapa dos: ruptura. Y no, Webb no se refiere a una ruptura formal de la relación, sino a una ruptura de la armonía. De pronto las cosas no están bien. "Es la parte más difícil y desafiante" y la parte que muchas parejas intentan evitar a toda costa. El problema es que, sin ruptura, el conflicto permanece atascado en algún rincón. Y eso no es nada saludable. Es un veneno.

"La evitación puede parecer bastante efectiva por un tiempo, hasta que los sentimientos de frustración, molestia, ira o dolor se acumulen lo suficiente como para ir separando cada vez más a una pareja". En su lugar, recomienda Webb, adéntrate en una ruptura amable y, posteriormente, pasa a la etapa tres: la reparación. Es aquí donde la relación puede reforzarse de una manera espectacular. Primero, y como es lógico, gracias a la no acumulación de sentimientos negativos en el tiempo. Ese es el impacto inmediato que unas cuantas discusiones de vez en cuando tendrán en tu relación: un entorno emocional mucho más limpio y depurado.

Hacia una relación sana

Segundo, a través de un mayor conocimiento mutuo. En palabras de la psicóloga, con el afrontamiento constructivo de los conflictos "llegas a conocer mejor a tu pareja aprendiendo sobre sus sentimientos, y ella te conoce mejor a ti". Con la evitación no ganas nada. No progresas. No aprendes a descifrar. Tercero, mediante una mayor comprensión de "lo que puedes hacer, o necesitas hacer, para contribuir a la felicidad de tu pareja". La diferencia principal entre una relación saludable y una no saludable es el deseo de cooperar en lugar del deseo de competir. Y la información es clave para cooperar eficientemente. Siempre lo será.

Cuarto y último, por el mensaje que la propia discusión constructiva os envía a cada uno de vosotros. Dice algo así como "me importas lo suficiente como para sentarme aquí a expresar mis pensamientos y emociones, escuchar tus pensamientos y emociones y trabajar en una solución". En otras palabras: cuando, en lugar de huir de las discusiones desagradables, las encaráis juntos, estáis dejando claro que queréis a la otra persona y que sois un equipo. "Armonía-ruptura-reparación. Cada vez que transitáis juntos este ciclo, hacéis que vuestra relación sea más fuerte, más resistente y más gratificante emocionalmente".