Estas Son Las 4 Mentiras Sobre El Amor Que Todos Nos Hemos Creído

La idea del amor es, como tantas otras cosas, una construcción social. En cada sociedad y momento se entiende el amor de pareja de una manera distinta. La sociedad evoluciona y con ella los valores asignados a una de las emociones más universales. Sin embargo algunas imágenes se repiten en la mente como si el tiempo y los valores sociales no pasasen por ellas. Y una de ellas es el amor romántico.

Porque si el amor no es romántico, ¿qué es? ¿Merece, de hecho, la pena un amor que no sea romántico? ¿Hay amor más allá del romanticismo? La respuesta clara y contundente es sí. No solo hay vida 'más allá' del amor romántico, sino que este está a menudo construido sobre unas premisas falaces que perpetúan roles anacrónicos y conducen a relaciones insanas, muchas veces con un individuo de la pareja emocionalmente sometido al otro.

En un estudio del Instituto andaluz de la Mujer se detectaron los cuatro principales mitos construidos en torno al amor romántico.

1. “El amor todo lo puede”

Detrás de esta frase tan de película hollywoodiense se esconde una lógica perversa de la que más vale ser consciente. Porque creer que el amor lo puede todo a menudo conduce a creer que el amor es una especie de fuerza omnipotente que siempre vencerá. Estaría incluso por encima de las evidencias de la realidad. Aunque tu pareja sea un desastre, aunque los conflictos sean obvios, aunque las discusiones hayan llegado a niveles de pérdida de respeto e insultos varios, da igual. Todo da igual porque el amor todo lo puede, los polos opuestos se atraen y el amor “verdadero” lo perdona y lo aguanta todo. En el amor se sufre, eso es parte de la historia según este relato, y al final el amor siempre se impone.

2. “El amor verdadero predestinado”

Este es uno de los aspectos del romanticismo más extendidos. Creer que hay una persona. Un él o un ella que dé sentido a nuestras vidas. Pero solo uno. Una horma para nuestro zapato escondida en algún lugar y a la que, claro, si encontramos no podemos dejar escapar bajo ningún concepto. Porque es nuestra horma y hormas solo hay una. La media naranja, como también se la conoce. Detrás de esta idea se esconden sin embargo una lógica falaz. Porque obvia que como todo en la vida las circunstancias importan. Y las cosas cambian.

No siempre se evoluciona de la misma manera. Y no siempre las cosas son como uno esperaba o como uno quiere. La creencia de que hay una supuesta mitad de uno por el mundo que complemente la aparente incompleta naturaleza de la que estamos hechos lleva a que, si las cosas van mal, la angustia sea atroz. Porque si solo hay una horma para nuestro zapato, entonces, hay que aguantar lo que sea. Porque era él o ella. Y el amor todo lo puede. Y qué soy yo sin él. Cómo voy a afrontar la vida sin ella.

3. “El amor es lo más importante y requiere entrega total”

Otro mantra del romanticismo es que todo gira en torno al amor. Porque el amor es un dios, el ente al que hay que adorar y que todo lo cambia. La pareja se convierte entonces en el centro de la vida. Todos los demás aspectos son secundarios y merecen ser hipotecados. Porque el amor es la felicidad y lo otro son poco más que entretenimientos para pasar el tiempo hasta que el amor “de verdad” llega. En esta idea, el querer mantener una esfera privada, autónoma, excluida de quien es tu pareja, supone una vulneración del amor. Porque el amor es entrega. No hay secretos. No hay esferas apartadas. El amor es todo y tú vales lo que vale tu entrega al ser amado. Es además tu pareja quien determina si eres feliz o no. Porque el amor es lo más importante y todo lo demás va detrás.

4. “El amor es posesión y exclusividad”

Quizá uno de los aspectos más peligrosos de esta lógica perversa es el mito de que los celos son señal de amor. Según él, el ser amado, tu media naranja, aquel que requiere entrega total y que podrá con todo caiga quien caiga, es tuyo. Y solo tuyo. Así que se ha de poseer, tener atado a tu vida. El mundo ajeno a vosotros son elementos amenazantes de los que debes protegerte a ti y a tu pareja. Los demás sobran en vuestro mundo. Tu pareja es tu mundo.

Lo cierto es que aquellos que creen a pies juntillas en el amor romántico parten de una visión fuertemente narcisista en la que se concibe el amor como una manera de llenar los vacíos personales propios. Y, aunque el amor romántico se jacte de buscar al verdadero amor, la realidad es otra. Porque el amor verdadero no parte de una idealización absoluta del otro y la relación, sino que fomenta una relación respetusa y madura en la que los dos individuos de la pareja son seres autónomos y completos, valiosos en sí mismo. Es decir, el amor verdadero es la relación entre dos naranjas enteritas, no una media naranja sola y desamparada que busca la mitad de sí misma.