4 historias que demuestran que encontrar el amor en Tinder sí es posible

Tinder. Casi cinco años entre nosotros y le han llovido flechas desde todas las esquinas. Que si es una fábrica de ‘mileniales tecnozombies’. Que si transforma nuestra identidad y nuestro cuerpo en mercancía. Que si es una bomba contra la autoestima. Que si es una amenaza para el amor. Una retahíla de prejuicios arcaicos que, si bien pueden resultar ciertos en determinadas ocasiones, no dejan de ser suposiciones simplistas de un panorama muchísimo más amplio. En Tinder, como en los bares, hay de todo. Y es que las aplicaciones de pareja no han transformado la naturaleza de las relaciones. Solo son un canal. El canal aventajado de nuestro siglo. O lo tomas o lo dejas. Pero sirvan estas historias para avisarte de que, si lo dejas, puedes estar renunciando al amor de tu vida.

Quería zorrear e ir de flor en flor. Me había quedado soltera meses atrás y quería conocer gente fuera de mi círculo habitual. Pero era invierno y el tiempo no animaba a echarse a las calles, así que recurrí a la tecnología. Ya había usado Tinder con anterioridad y me había parecido muy entretenido. Además, después de todo, a día de hoy hay más gente en Tinder y aplicaciones como esta que en los bares, así que hay más posibilidades de encontrar a alguien en la red que fuera de ella.

Entonces la encontré. Cuando comenzamos a hablar se fue de vacaciones al Lejano Oriente y estuvimos dos semanas sin comunicación. No quise escribirle para no parecer ansiosa pero apunté la fecha de su regreso en mi Google Calendar para retomar negociaciones. Incluso esperé unos días más para que no se me viera el plumero. Finalmente, y basándome en mi teoría de que cuando conoces gente por internet lo mejor es quedar enseguida para no hacerte pájaros en la cabeza, quedamos para tomar algo. Ahí supe que mi zorreo había terminado. Quedamos varias veces más hasta que, temiendo terminar con una cirrosis, me lancé. Y desde entonces, seis preciosos meses de amor.

Tinder es como cualquier otro sitio. No me parece más digno ni más práctico ni más efectivo conocer a alguien en un bar. Antes, lo de ligar por internet parecía destinado a gente fea o con problemas de socialización, pero hoy día es tan normal conocer gente por internet como en la cola de la panadería. Y hay de todo. Hay quien cuelga fotos tipo Interviú y pone claramente que quiere sexo y happy hour. Y hay quien te dicen que busca amistad y lo que surja, una frase como para hacerse una camiseta.

Estoy seguro de que, con Tinder o sin él, nos habríamos conocido porque estábamos destinadas a estar juntas. Pero sin Tinder, igual nos hubiéramos encontrado en un centro de jubiladas y sin dientes. Al final es una lotería. Puedes hacerte un perfil con la intención de conocer mucha gente y terminar cerrándolo con la primera persona que quedas porque merece la pena. A veces las intenciones no cuentan.

Cristina, 31 años, Valencia

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Siempre he tenido una relación perfecta con mi hermana, pero un día ella conoció al amor de su vida y me encontré más sola que la una. Pensé que me quedaría sola para siempre y, en definitiva, ¡me empecé a agobiar mucho! Así que viví un par de historias que salieron muy mal. Tan mal que pensé: mira, voy a instalar Tinder, que peor no me puede ir. Me puse un par de fotos de esas que dicen “que guapa sales, no pareces tú” y una descripción ingeniosa tipo soy terriblemente encantadora.

"Éste si, éste no, éste... ¡Qué fuerte, lo conozco!, ¡Pero si éste tenía novia! Éste no, éste si, ¡yuhuuu, hemos hecho un match!". Así fue como dí con mi Rubén. Empezamos a chatear y al poco tiempo nos dimos los teléfonos. Primero los mensajes. Luego las llamadas. Luego el vicio de querer hablar con él todos los días. Hasta que dije: “Rubén, va siendo hora de quedar”. Quería saber si todo aquello era real o producto de mi imaginación. Estaba tan nerviosa que cambié el taconazo por unas manoletinas por si me tropezaba y hacía el ridículo. Se presentó puntual como un reloj y fuimos juntos a la zona de Kinépolis, donde hay mucha gente, por si resultaba ser un loco.

Al salir de la cervecería pasó su brazo sobre mis hombros. Me quedé un poco patidifusa, pero pensé: "¡Qué sensación, parece que le he gustado!" En la cena terminamos de ponernos al día, nos reímos un montón y llegó el momento de dejarme en casa. ¡No me besó! Pero me regaló una cajita de bombones de la Caja Roja y me cautivó, porque amo el chocolate y me pareció un detalle muy "de la época de nuestros padres". Quedamos en seguir viéndonos, entré en casa y me quedé apoyada en la puerta pensando: "Es él".

Eso fue en marzo de 2016. Enseguida le presenté a mi familia y conocí a la suya. En menos de 6 meses hicimos un viaje de 3 semanas a Tailandia y pensé: "Si Rubén sigue conmigo después de andar por la selva, sin ducharme, maquillarme, con ojeras y llena de ronchones de mosquitos, es que me quiere”. Y así fue: a la vuelta decidimos irnos a vivir juntos. Hasta hoy. Año y medio después seguimos apoyándonos y queriéndonos. No creo que de otra forma le hubiera conocido. El destino nos hizo conectarnos en ese mismo momento y nosotros, que estábamos abiertos al “amor de verdad”, aprovechamos la oportunidad.

Samanta, 24 años, Barcelona

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Estuve alrededor de un año usando Tinder y Adoptauntio. Encontré de todo: chicos pasotas, chicos que buscaban 500 chicas a la vez, chicos que me declaraban su amor eterno el primer día. Conocí tantos que perdí la cuenta, aunque solo quedaba con aquellos que me daban buen rollo. Después de tanto fracaso, cansada, me dije a mí misma que ahí no había nada para mí y dejé todas las aplicaciones de pareja. Me costó mucho porque leer a tres o cuatro tíos decirte diariamente lo guapa y sexy que eres hasta creerte Scarlett Johanson es un vicio enorme.

Pasado un tiempo, y tras la insistencia de un amigo, volví a caer. El día siguiente tenía a 20 tios hablándome. Empecé a mirar perfiles y vi el de un chico que me llamó mucho la atención. Su foto era muy natural, de perfil y sonriendo. Nada de biceps ni postureo de ningún tipo. Decidí hablarle (sí, fui yo a por él) y comenzamos a conversar durante unos días, pero tenía la sensación de que era siempre yo la que andaba detrás de él. Así que lo dejé estar y no le hablé durante dos días. ¿Qué pasó? Pues obviamente me escribió. No podía dejarme escapar.

Me pidió que le enviase fotografías y yo le pedí su número de WhatsApp. En una semana ya habíamos quedado. Me vino a buscar y me besó nada más verme. Nos cogimos de la mano y hasta ahora, dos años después. Fue amor a primera vista, al menos por mi parte. Sí, hay mucho ligoteo en este tipo de aplicaciones, pero también mucha gente guay que quizá nunca conocerías sino las usaras. Yo recomiendo Tinder. Porque sí, sí es posible encontrar gente que ande buscando lo mismo que tú.

Guillermo, 25 años, Tarifa

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Yo no andaba buscando algo específico en Tinder. Si encontraba algo esporádico, pues guay, seguiría usándolo. Y si se daba algo más serio, más largo y profundo, pues más que guay. Digamos que tenía la mente abierta y no le hacía ascos a ningún tipo de relación. Aunque nunca pensé que podría surgir una relación en Tinder tan duradera como la que he terminado teniendo con Silvia, quien, por otra parte, creo que sí que andaba buscando algo más que un rollo de una noche o de una semana.

Todo empezó como empiezan estas cosas: era muy guapa. Empezamos a hablar un rato al día durante un par de semanas. Conociéndonos. El feeling era evidente. Teníamos mucho en común y me sentía muy bien con ella, así que no tenía razón para seguir buscando. Quedamos. Estuvimos toda la noche hablando y cuando nos despedimos nos besamos. Dejamos claro que no queríamos que aquello fuera cosa de un día. Que todo aquello no era simplemente para follar. Seguimos quedando tres veces por semana, hasta que el ir a comer o la playa dio paso a que nos acompañáramos a eventos. Ahí entendí que ya éramos una pareja. Ahora cumplimos un año y estamos a tope.

No creo que lo que nos ha ocurrido a nosotros sea excepcional. Es cierto que Tinder se usa principalmente para cosas esporádicas, especialmente por parte de los tíos que van más al grano. Pero estoy seguro de que muchas otras parejas se han encontrado ahí. Parejas que no se hubieran conocido de no ser por una aplicación como esta. Al final Tinder no es más que una herramienta para comunicarnos y conocernos. Cada uno le da el uso que quiere. Demonizarla es una tontería.