3 motivos por los que siempre acabas decepcionándote con el amor

El motivo de esa insatisfacción en el amor reside precisamente en tu tendencia a pensar que alguien

Da igual que tengas 16, 24 o 30 años. Tengas la edad que tengas es muy probable que en algún momento de tu vida te hayas sentido profundamente decepcionado/a en el amor y que, incluso, pienses que tu suerte en este terreno jamás llegará. El proceso siempre es el mismo: conoces a alguien, os enrolláis, el amor inunda vuestras vidas y, poco a poco, todo ese torbellino de pasión deja lugar a la apatía, las discusiones y finalmente puede derivar una ruptura apoteósica que te convierte en un ser negativo durante meses y meses. 

Para la psicóloga clínica norteamericana, Barbara Markway, el motivo de esa insatisfacción en el amor reside precisamente en tu tendencia a pensar que alguien que prácticamente acabas de conocer es tu ‘media naranja’ y la persona que el destino había puesto en tu camino para ser felices y comer perdices. Vamos que te habías montado una película en la que ya te veías con el pack ‘casita+coche+gemelos+perrito’. Una forma de pensar que, según su artículo en Psychology Today, deberías comenzar a cambiar.

Estas son las tres principales razones que Markway señala para tu decepción en el amor:

La gente cambia con el tiempo

Parece una obviedad y, de hecho, lo es. Es casi imposible que la persona que conociste años atrás y que era la alegría de la huerta pase por momentos más difíciles y esto cambie o modifique su comportamiento hacia ti. Esto puede ocurrir porque tu pareja a adquirido nuevas responsabilidades personales o profesionales, pero también por motivos de salud o porque simplemente no tiene ninguna lógica mantener el estilo de vida de 20 años cuando se tienen 35 y una noche de cubatas te supone tres días de resaca.

Según la psicóloga, la mejor manera de afrontar los cambios en tu pareja pasa por replantearte tu manera de percibirlos y apreciar los que se producen para mejor. “Algunos cambios te ayudarán a ser más creativo en tu relación y eso te permitirá obtener beneficios del nuevo contexto”, explica Markway que sugiere que la manera correcta de replantearse la relación pasará por reflexionar y preguntarse: “¿Cómo podrían contribuir estos cambios a mejorar la relación?”.

Lo que antes no atraía ahora te repele

Una cosa es enamorarte de un escritor atormentado que riega su apartamento de libros a medio leer y copas de vino vacías, y otra muy diferente es convivir con él y su caos. Lo que antes era percibido como la consecuencia de una mente creativa y maravillosa ahora te parece que es el producto de una vagancia y guarrería de mucho cuidado. “Cuando estamos en la fase romántica todo es filtrado a través de filtros de colores. Estamos muchos más dispuestos a ver el lado positivo en la otra persona”, apunta la psicóloga.

Para que esta situación no acabe frustrando tu relación, Markway recomienda dejar de centrarte en esos detalles que te irritan y asegurarte de que, a pesar de las dificultades de la convivencia, lo importante es “estar seguro de que todavía compartís los mismos valores que harán que vuestra relación se duradera”. En este sentido y para aprender a valorar lo realmente importante en tus relaciones, la psicóloga recomienda la lectura del libro The Healthy Mind Toolkit de la autora Alice Boyes. 

Dejas que el ego dependa de tu pareja

Markway recuerda que, en el pasado, casarse con otra persona podía significar una mejora sustancial de tu estatus socioeconómico. El tema es que, aunque suene anticuado, esta concepción de ‘triunfar’ en la elección de tu pareja continúa existiendo y apps como Tinder, con su sistema de ‘deslizar sí o no’, fomentan este tipo de concepciones. Es por ello que la psicóloga rechaza frontalmente esta forma de entender las relaciones y el concepto de que “la otra persona me completa”, es decir, el mito de ‘la media naranja’.

“Basar nuestra autoestima en las cualidades de nuestra pareja es una buena manera de acabar sintiéndose frustrados. Recuerda que es bueno estar orgullosos de los logros de nuestra pareja, pero estos suelen ser éxitos fugaces”, señala la especialista que añade que “poner demasiada presión en la otra persona podría limitar su crecimiento personal y vuestra madurez como pareja”.