10 cosas que son un rotundo 'NO' en la cama para los hombres

Sí, es cierto. Reconozcámoslo: la mayoría de los tíos somos menos imaginativos en el sexo que el guionista de Mujeres y hombres y viceversa. Por caprichos de la naturaleza, la evolución ha querido que muchos continúen comportándose como Pajares y Esteso delante de una sueca cuando se trata del noble arte del folleteo. Vamos, que somos más simples que el mecanismo de un botijo. Pero, ¿qué ocurre con la otra cara de la moneda? ¿Cómo han evolucionado ellas en el sexo?

no en la cama para los hombres

Pues mira tú por donde, ellas también cometen cagadas (y de las gordas) cuando se trata de dar y recibir placer en la cama. Desde dedos que se meten donde no toca y cuando no toca, hasta bromas con nuestra ‘cosita’ que no hacen ni gracia o ruidos frikis cuando se acercan al orgasmo. Sí, hijas, sí. Vosotras también podéis llegar a liarla bastante parda y para argumentarlo aquí está una lista que os librará de más de un momento bajonero con vuestra pareja, follamigo, ligue de Tinder o vecino del quinto.

1. A nosotros también nos mola que nos estimulen

Una de las acusaciones más comunes es que los tíos nos lanzamos a la penetración pasando de los preliminares. OK, es completamente cierto, pero, ¿os habéis planteado que mantener una erección durante más de 20 minutos es una puta hazaña? Por amor de dios, cuando notéis que se nos pone blandita o se nos baja la única manera de resucitarla es con una buena estimulación. Parar y volver a empezar con algún jueguecito es algo que tod@s deberíamos tatuarnos en la frente.

2. Increíble pero cierto: la falta de higiene

Aunque no sea lo más habitual, también hay tías a las que le huelen los pinreles a muerte y destrucción. Lo mismo ocurre con los sobacos y la entrepierna. Todos somos humanos, sí, pero hay cosas que solamente el Dove puede resolver. Otra cosa, practicarle sexo oral a una mujer nos encanta, pero también puede convertirse en un trauma forever. Los hay que no han vuelto a probar el bacalao y el marisco en su puta vida.

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3. Los bocados en el sexo oral y la lubricación inexistente

Tía, mi polla no es un cepillo de dientes. Puede que tú te pienses que la chupas como Mia Khalifa y que con tu técnica de succión eres capaz de que eyacule hasta el mismísimo Rey de la Noche de Juego de Tronos (por cierto, chupársela tiene que ser como tomarse un Calippo). Pero al igual que ocurre con el polo más famoso de Frigo, si lo muerdes la cagas. Sí, algunas son rollo piraña y lo peor es que no se dan cuenta con el frenesí de que te la están rayando como el queso de los macarrones. Otra cosa, si no escupe antes de comenzar es que no tiene ni puta idea.

4. Existe un mundo más allá de vuestro clítoris

Esto suele ocurrir cuando la tía está encima toda excitada a lo cowgirl y, de repente, se olvida de que hay una persona con la polla empalmada debajo de ella. Es entonces cuando ignorando tu necesidad de ‘meter y sacar’ comienza a frotar su clítoris contra tu pubis. Esta falta de acción para tu ‘pajarito’ normalmente hace que se te baje todo y se acabe saliendo más fláccida que el cuello de Karl Lagerfeld. Para entonces el ego tarzanil de tu macho empotrador se habrá ido de vacaciones a Albacete y lo que iba a ser el polvo de tu vida acaba en un momento de lo más bajonero.

5. Follar cansa y exige descansos

Que si el misionero, que si la vaquera invertida, el perrito, el carro, el helicóptero, la cuchara, etc. En total más de 15 minutos en los que el tío está dale que te pego aguantando tus 55 kilos de maravillosidad y manteniendo toda la sangre en el tejido cavernoso de su cipote. A no ser que tu churri sea Miguel Induráin, lo más normal es que al rato su rendimiento caiga en picado y, por tanto, sea normal que justo después de correrse se quede sobado. No justificamos que se dé la vuelta y ‘hasta luego Mari Carmen’ pero lo suyo sería alternar las posturas entre las más relax y las más hardcore.

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6. Que no se callen

Ok, esta es fácil de explicar. Cuando un tío está metido en la película porno de su cabeza, el tiempo y el espacio se detienen. Es rollo Matrix: está tan centrado e hiperempalmado que en cierta manera se pone en un piloto autómatico del placer. Por eso, iluminada de los guiones de película porno francesa de los años 70, lo más probable es que le cortes todo el rollo si le dices cualquier absurdez o, peor aún, algo que suene demasiado falso en plan: ¡Oh sí, dame tu leche mi Terminator del amor! Aunque, por suerte o por desgracia, normalmente suelen ser los tíos los que la cagan hablando demasiado.

7. Los deditos quietos

Quizás el tema más tabú y necesario de comentar de todos. No ha nada en el mundo que les corte más la bola al 99% de los tíos (siempre hablando de heterosexuales, claro) que un dedo introduciéndose en su ojete en pleno coito. A ver, que NADIE les quita la razón a quienes comentan que deberíamos probarlo, pero, si mentalmente les bloquea y les corta toda la bola pues habrá que aceptarlo. Es como si se tratase de un corto circuito mental, un giro dramático e inesperado al que muchos machirulos no están preparados (todavía).

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8. Las que te matan si te corres rápido

Después de enrollaros durante dos horas y de que lo pajees como si en lugar de polla tuviese las maracas de Machín, llega un punto en el que el tipo tiene más peligro que los misiles nucleares de Kim Jong-un. Cualquier movimiento en falso y se lía la Tercera Guerra Mundial. El tema es que cuando el pobre chaval por fin tiene su pinchito dura menos que los datos del móvil de Aless Gibaja. Lo peor es que algunas todavía te meten una bronca de la hostia cuando deberían estar contentas de ser tan jodidamente hot, hot, hot. Tranquilidad, nadie dijo que la cosa fuese a quedarse solo en un asalto: unos minutos de descanso y se vuelve al lío. 

9. No somos un AK-47

Vale que a la mayoría no os mola que nos hagamos ‘el conejito del Duracell’, pero también las hay que parece que tengan un agujero negro entre las patas. Siempre quieren más y, aunque te pongas morado y te falte el oxígeno en el cerebro, te agarran del cuello, te clavan las uñas y con la mirada inyectada en sangre te gritan: “Ahora no se te ocurra parar hijo de puta” o "¡Sigue, sigue, joder!". Pues lo sentimos por ellos, con la edad todo ese impulso conejil se pasa y tendemos a marcarnos un Luis Fonsi: Des-pa-ci-to.

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10. Las tías bistec

Otro fucking clásico: las que se quedan espatarradas en la cama sin moverse mientras tú te estás currando la Capilla Sixtina del sexo. No habla, no gime, no se manifiesta en todo el polvo pero al acabar te dice que le ha encantado. ¡¿Cómo puede ser que le encanta si no estaba allí (al menos en mente)?! A ver, se puede entender que en una pareja que lleve mucho tiempo a ella tampoco le apetezca presentarse a un casting de pornostar en Brazzers pero cúrratelo un poco tú también, ¿no? Para follar sin ganas mejor os miráis una serie y os metéis un Haagen Dazs de dos kilos.