Entre el hasta nunca y el para siempre

Blanco o negro. La vida muchas veces se resume en dos colores, ¿por qué? Somos seres de extremas emociones: o todo o nada; o me tomas o me dejas. Y sí, tiene su lógica ya que cuando nos enamoramos, cuando deseamos algo con todas nuestras fuerzas, las medias tintas no nos valen y que se ahorren el esfuerzo los que intentan vendernos motos de color grisáceo, porque no las vamos a aceptar. Pero pasa a veces, que sin ninguna explicación aparente, hay personas en tu vida que pasan a formar parte de una nube sin color, una nube que no es blanca, ni negra, ni siquiera es gris.

Esta vez no voy a llenarte los oídos con promesas ni a emborracharte con palabras que alienten tu nostalgia; sé que estarás harto de escuchar, leer y volver a escuchar frases sobre la agonía del placer roto y el olvido perseguido. Lo sé, eso ha quedado atrás. Ha pasado tiempo y ya te has convencido o te han convencido de que ese final fue lo mejor que te podía haber pasado, que no era para ti y de que era una relación imposible a pesar de que vivieras en un mundo donde aparentemente, todo era posible.

Sí, lo más jodido ya ha pasado y ahora solo te quedan vagos recuerdos, canciones y, quizás, alguna que otra sensación extraña cuando pasas cerca de ese rincón o te llega ese aroma efímero con el que saboreas momentos del pasado. Pero ya no te hace daño, e incluso es posible que hayas conocido a esa otra persona que te ha demostrado que lo de que como el primer amor ninguno, es pura patraña, y hace tiempo que dices con orgullo "lo he superado". Y es cierto. No será la primera ni la última que me oirás decir eso de que el tiempo no olvida pero sí cura, solo que esta vez lo has podido comprobar por ti mismo.

Sin embargo, quizás sigas hablando con ella, con él, lo justo y necesario: felicitaciones de navidad y cumpleaños y, quizás, algún que otro encuentro en el que os contáis lo bien que os va la vida sin el uno con el otro. O tal vez no, a lo mejor hace años que el silencio es vuestro único aliado... realmente, da igual; que hables o no hables, que te veas a menudo o que apenas recuerdes el tono de su voz. Da igual, porque hay personas que permanecen en el tiempo. Pasarán los años, vivirás nuevos amores, volverás a ilusionarte, sufrirás nuevos desengaños, y otra vez te atraparán recuerdos renovados. Pero todo esto dará igual, hay personas que extrañamente, siempre siguen ahí.

Hay batallas en las que ni pierdes ni ganas. Esto no va de amores imposibles ni de amores equivocados en el momento perfecto, esto va de personas. Personas que marcan un antes olvidándose del después, personas que da igual el tiempo que pase o que hayáis rehecho vuestras vidas por separado, da igual, siempre siguen ahí. Y habrá algún día en el que tal vez, en un descuido menciones su nombre y tu entorno saldrá al acecho, te advertirá y se vendrá arriba con un sinfín de consejos sin tener ni idea de lo que sientes, porque tú sabes que no es amor, ni nostalgia, ni nada de eso, es algo que no puedes explicar pero sabes que sí vale la pena conservar.

Blanco o negro. La vida muchas veces se resume en dos colores, ¿por qué? porque lo hemos decidido así, o todo o nada; o me tomas o me dejas, sin tener en cuenta que hay personas con las que encontramos la felicidad en el medio del camino hacia los extremos, y no importa si vuestros caminos hace tiempo que están a kilómetros de distancia, que la pasión se haya esfumado y que la felicidad os haya encontrado por separado, siempre habrá algún atajo, cuando más lo necesites, cuando menos lo esperes, que volverá a unirlos…justo en medio, entre el hasta nunca y el para siempre. Deja que ocurra.

“Porque tú me enseñaste a vivir cada día como el primer día del resto de mi vida, y eso, eso no lo olvidaré jamás”.

Escrito por: Bárbara Esteban

Crédito de la imagen: Théo Gosselin