La verdad sobre la hipnosis erótica que nadie se atreve a contar

El uso de la hipnosis erótica podría ser una excusa para dar rienda suelta a tus deseos sexuales reprimidos

Pocas técnicas terapéuticas despiertan tantísima controversia como la hipnosis: ese estado de trance donde la concentración y la atención alcanzan niveles inauditamente intensos representa para algunas personas la ciencia más maravillosa y para otras una pantomima sin fundamento. Lo cierto es que, como apunta en una publicación para Psychology Today el psicólogo clínico David J. Ley, "sea real o no, la hipnosis puede influir en las creencias de algunas personas sobre sus experiencias y sobre ellas mismas". Y desde hace unos años ha comenzado a penetrar en la sexualidad a través de perfomances y vídeos.

No resulta muy complicado encontrarlos. En cualquiera de los grandes portales web de pornografía pueden encontrarse vídeos de supuesta hipnosis sexual. Una voz intenta sugestionarte para que hagas ciertas prácticas sexuales y alcances un clímax apoteósico. Nuevamente, la relación con estos vídeos tiende a estar polarizada: o aceptas que la hipnosis funciona y, alguien, desde el otro lado de la pantalla, está haciéndote hacer lo que haces, o llegas a la conclusión de que se trata de una trola más. Pero, ¿y si la verdad se encontrara a medio camino? ¿Y si no estuvieras hipnotizadx, pero profundamente sugestionadx?

Esa es la teoría de Ley, basándose en investigaciones de científicxs chipriotas. "James Mackay y Polinia Mackay sugieren que un componente clave del atractivo de estas actuaciones radica en el papel de la vergüenza y el asco sexuales, en ofrecer a los espectadores una forma de superar sus barreras internas para participar en los comportamientos sexuales deseados", explica este especialista. En otras palabras, la supuesta hipnosis te sirve como excusa para entregarte a conductas sexuales que, aunque te apetecen más que un café a primera hora, te producen contrariedad interna. Al fin y al cabo, no eres tú, te "manipulan".

En ese sentido, apunta Ley, "es poco probable que estos vídeos te den la capacidad de tener un orgasmo cuando te lo ordenen, pero pueden ayudar a relajarte y a aceptar aquellas cosas que encuentras sexualmente excitantes". Por supuesto, lo más interesante sería enfrentar esos tabús internos, preferiblemente con ayuda de unx profesional de la sexología, para desmontarlos y permitirte vivir tu sexualidad tal como te apetece en realidad. No obstante, y mientras tanto, quizá este jueguecito de la hipnosis, donde compras el argumento de que no estás decidiendo tú, te permita disfrutar mucho más.

Pero esto no significa que la hipnosis sexual sea buena para todo el mundo. Tal y como revela Ley, "en mi práctica clínica he visto personas con conflictos sexuales severos y extrema ansiedad y obsesión que se sumergen en este tipo de vídeos de hipnosis sexual y se encuentran confundidas y asustadas, incapaces de definir claramente su propio yo erótico". Lo cual resulta paradójico: las personas que más podrían beneficiarse de estos vídeos son precisamente las que corren más riesgos. A fin de cuentas, la vergüenza y la culpa pueden pesar más que los intentos de creerse la mentira. Consumir con responsabilidad.