Lo más útil que puedes aprender en la vida es a decir que NO

Eres un ser adorable. El hijo perfecto, amigo de tus amigos, la pareja ideal, un ciudadano comprometido, siempre atento a los demás y dispuesto a echar una mano. Todo eso está muy bien. PERO (sabías que habría un 'pero') es fácil que se te vaya la mano y caigas en el lado opuesto que, como todos los extremos, también es malo. Puede que no sepas poner límites, que tengas un problema de asertividad, en definitiva, que te cueste decir que no.

No te apetece una mierda salir esta noche de fiesta, no te viene bien prestarle (otra vez) dinero, no le puedes llevar en coche a Ikea, no quieres ir a su casa a regarle las plantas... y así un millón de cosas. Pero ¿por qué cuando querríamos decir No, acabamos diciendo que SÍ? La respuesta es: el miedo al rechazo. Todos tenemos, en mayor o menor medida, miedo a no sentirnos aceptados por nuestro entorno, y en especial quien más nos importan, pero hay gente a la que el rechazo le da pánico.

En general, son personas que tienen bastante desarrollada la empatía, que es una cualidad muy buena y avanzada dentro de la inteligencia emocional. Pero precisamente porque saben ponerse en el lugar del otro y entenderlo, les resulta más difícil negarse a algo que les piden y poder causar daño. También son un tipo de persona que analiza a quien tienen delante e intenta adaptarse lo máximo posible a lo que creen que se espera de ellos. Intentan ser complacientes.

Y ¿cuál es el problema de todo esto? Sobre todo que acaban perdiéndose a sí mismos, porque de tanto analizar a los demás y hacer lo que todo el mundo quiere, al final ni siquiera conocen sus propios gustos.

Además, cuando dicen que sí y en realidad no quieren, hacen que funcionen las relaciones a corto plazo, pero las dinamitan a largo. Si un amigo te pide que le prestes el coche y tú le dices que sí cuando en realidad no te hace ninguna gracia, el amigo te lo va a volver a pedir pensando que estás encantado y a ti te sentará cada vez peor. Dirás: "pero vaya cara tiene, es que no se da cuenta de que eso no se hace" y empezarás a pensar que es un gilipollas y cada vez que te llame te pondrás de mala leche. Porque estarás dando más de lo que puedes y con lo que te sientes cómodo y eso inevitablemente crea rencor y reproche.

También es importante cómo se dice que no. Cuando uno decide empezar a trabajar su problema de asertividad no hay que caer en el extremo contrario y arremeter contra todo el mundo sin piedad. Hay una técnica para decir las cosas sin hacer daño que se llama 'sandwich', que consiste en empezar diciéndole a la persona que tenemos delante algo positivo que de verdad creamos de ella. Con esto conseguiremos que se abra, se sienta a gusto, evitando que se ponga a la defensiva y pase al ataque. A continuación le decimos aquello que creemos que le puede sentar mal, y acabamos diciéndole otra vez algo positivo.

Pero si finalmente se enfada y 'te rechaza' piensa que no vale la pena estar rodeado de un montón de gente que no te aporta nada y que no esta contigo por quien eres, sino por lo que puede conseguir de ti. Porque tu le darás la mano, pero querrán cogerte todo el brazo.

Te aportará libertad, porque al decir que no a cosas que no quieres hacer o a personas con las que no quieres estar, tienes mucho más tiempo para hacer aquello que sí te gusta. Te sentirás mucho mejor contigo mismo, ya no pensarás que eres el tonto de turno y que te toman el pelo. Cuando aprendas a respetarte a ti mismo y a poner los límites que necesitas, tus relaciones no solo no empeorarán sino que serán más auténticas y cuando digas SÍ, lo harás con mayúsculas y porque tú quieras, no tan solo para que te quieran.