Por qué mi único objetivo en la vida es no ser nadie

Cada uno de nosotros vive con la sensación de ser el centro del universo, lo que básicamente es el resultado de tener consciencia. Pero el mundo no dejará de girar mañana si ya no estás. De hecho, el Universo tampoco dejaría de existir si el mundo dejase de girar mañana. Solo eres una mota de polvo en una realidad tan inmensa que no es mentalmente abarcable. A mucha gente no le gusta escuchar esto, porque choca con la historia que nos cuenta nuestra mente. Pero, aunque parezca mentira, darme cuenta de mi poca importancia me ha dado fuerza y tranquilidad en lugar de desmotivarme.

Paso un poco de mí

Vas por el mundo pensando en cuál es tu posición en él, qué piensa la gente de ti, qué quieres o qué deberías estar haciendo. La voz que te pregunta quién quieres ser, o te dice quién deberías ser, es la que me hacía compararme constantemente con gente a la que no admiro, o la que me hacía buscarme más problemas de los necesarios, o sentir siempre que me faltaba algo. Es una voz pesada y contradictoria, porque lo mismo me gritaba que tengo derecho a que las cosas me vayan bien, que me daba un calambrazo de estrés por no encontrar una forma exacta y satisfactoria para medir mi éxito.

Todo eso disminuye si empiezo a relativizar esa posición privilegiada en el Universo que mi mente me hace asumir. Y no significa que me quiera menos, ni que deje de tener objetivos. Simplemente me ayuda a poner los "problemas" en perspectiva, a apreciar más las cosas y a ser más feliz por el camino.

Lo sublime pide humildad

¿Por qué nos gusta estar rodeados de un paisaje inmenso, infinito, entre montañas gigantes o kilómetros de mar a nuestro alrededor? ¿Has tenido la sensación de que cuando miras a la persona que quieres desapareces de la Tierra? Lo bello lo podemos apreciar todos, pero lo sublime es sobrecogedor, te hace sentir pequeño, y te sumerge en ello. Es una fuente de placer y de una especie de trance, pero para tener este tipo de experiencias hay que aceptar la vulnerabilidad, salir de ti mismo por un instante. La gente cínica que tirará por el suelo todo este discurso, lo enmascarará con humor y sarcasmo, pero esas son las mismas personas inseguras que le tienen miedo a "no ser nadie".

Presiones y expectativas sin sentido

A la vida se la pela tu sentido artificial de importancia: habrá un punto en que tener tal cargo, estar casado o ser dueño de lo que sea dejará de cumplir la función identitaria que le asignabas. "Soy esposo, soy jefa, soy campeón". Pues hoy sí, pero mañana quizás no, y cuanto más hierro le quites a eso menos dura será la caída. Claro que me siento orgullosa de mis logros o valoro lo que me rodea, pero eso no me define ni me valoriza más o menos. Cuando no eres nadie, te liberas de todo lo que el mundo espera de ti, porque sabes que cualquier etiqueta es una pequeña parte de nuestro imaginario colectivo.

Nuestra observación de la realidad es una aproximación que delimitamos con el lenguaje. Un pájaro es un pájaro porque así lo denominamos, uniendo todos los entes que tienen una serie de características comunes bajo ese nombre. Pero, ¿y si un día aparece algo parecido a un pájaro, con el 99% de las características para serlo, pero un 1% crucial que hace que no lo sea? Probablemente le llamaremos pájaro igualmente. Esta analogía (un tanto discutible) nos sirve para entender que nuestras etiquetas y jerarquías sociales son una invención. Si tu identidad depende demasiado de estas etiquetas, sometes tus expectativas a algo que en realidad es tan frágil como la vida misma.

Tragarse versiones ajenas de felicidad

No es ninguna patraña, pero por más que nos lo digan nos lo pasamos por el forro: lo material, a la larga no te llena. Y repetiremos hasta la saciedad que el marketing ha configurado nuestra percepción de lo que da felicidad: compra esto, ve allá, lleva lo otro. Y hacen que parezca fácil, forma parte del atractivo consumista. Otra ilusión producto del sistema es que nos damos de cabeza con nuestras propias aspiraciones de estatus, reputación y reconocimiento porque nunca vemos el vaso medio lleno.

Fíjate que esta concepción de "no ser nadie" podría llevarme a quedarme espachurrada en el sofá sin hacer nada (y si esa es tu opción de vida, con total franqueza te digo que adelante) porque total, qué más da. Pero al contrario, me hace ver que la realidad es lo que hacemos con ella a nuestro alrededor. El Universo no me debe nada, y a ti tampoco. Lo mejor de todo es que ya soy lo que quiero ser: nadie. Tú tampoco lo eres, y cuanto antes nos demos cuenta de eso, antes veremos todo lo que sí podemos cambiar a nuestro alrededor. Y es mucho.