De La Tristeza Absoluta A La Alegría Más Intensa, Así Es La Inestabilidad Emocional

Estás exultante, bailando shuffle dance en el salón y abrazando efusivamente a todo aquel que se cruza en tu camino. Una alegría que parece eterna. Diez minutos más tarde estás tan mustio y apagado que lo único que quieres es tumbarte en la camita y entregarte a un maratón de cualquier serie televisiva. Quizá pienses que hay algo mal en ti. Que estás solo. Que el resto del mundo vive ajeno a este vaivén interior. Pero la psicología apunta en otra dirección.

Eso que suele llamarse 'inestabilidad emocional', cuenta el psicólogo especializado en psicología humanista, Gerardo Castaño, es un rasgo de la personalidad humana y no un trastorno en sí mismo. De hecho, todos la hemos experimentado más de una vez a lo largo de nuestras vidas. "Aparece frecuentemente bajo situaciones incómodas o de estrés, algo bastante común en nuestra sociedad actual. El término 'inestabilidad emocional' es solo una etiqueta alarmante para un proceso natural y universal", asegura Castaño.

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¿Pero por qué ocurre? ¿Qué detona realmente este caos anímico? María Gutiérrez, psicóloga clínica, señala como culpable a la incapacidad, circunstancial o permanente, de reconocer, gestionar y responder eficazmente a las emociones que experimentamos. De hecho, y como afirma nuestro primer especialista, un acontecimiento gestionado de manera inadecuada afecta a nuestra sensibilidad, volviéndonos más susceptibles a todo cuanto ocurre a nuestra alrededor.

"Una persona que sufre un accidente de tráfico puede sentir inestabilidad emocional debido a la cantidad de eventos intensos que ha sufrido y que no ha sido capaz de regular con sus recursos. Hasta que no procese todos esos sucesos puede permanecer en ese estado de fluctuación emocional", apunta. Cualquier estímulo provocará en él una reacción emocional, saltando entonces de emoción en emoción en el desarrollo diario de su vida. Ahora río, ahora lloro.

Los detonantes pueden ser externos, como un accidente o la muerte de un familiar, pero también puede ser internos. "Una persona aferrada al pasado o una persona ansiosa del futuro, siempre tratando de anticipar lo que está por venir, son más susceptibles que el resto de padecer inestabilidad emocional. Todos los estímulos internos, tanto pensamientos como emociones, tienen resonancia en su susceptibilidad al entorno", añade Castaño.

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Esta insuficiencia para gestionar las emociones propias puede tener parte de su origen en el condicionamiento genético, pero ambos psicólogos señalan el aprendizaje infantil como la clave para el desarrollo de una buena inteligencia emocional. Después de todo, la manera que tenemos de afrontar las situaciones y las emociones son una copia del modo en que lo hacían nuestros padres cuando éramos bebés y niños. Esa época esponja.

Por eso, Gerardo recomienda trabajar en el crecimiento personal y la psicoeducación emocional con el objetivo de conocernos mejor a nosotros mismos y, por extensión, a la manera en la que se manifiestan nuestras emociones. De esta manera, aunque estemos bajo situaciones de estrés o ansiedad, podremos identificar nuestras reacciones emocionales y generar una respuesta acorde y no desproporcionada, evitando así que esa emoción permanezca y afecte nuestro estado anímico.

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"La práctica del focusing es muy recomendable. Una técnica psicoterapéutica basada en la introspección, parecida a la meditación, y destinada a focalizar la atención en emociones que no son expresadas verbalmente. O, de un modo más amateur, podemos centrar nuestra atención en la respiración profunda y permitirnos sentir aquello que es acorde al momento presente", recomienda Castaño.

Aunque la inestabilidad emocional sea una consecuencia de nuestra fragilidad pasajera para administrar sentimientos ante situaciones angustiosas, en algunos casos sí puede ser síntoma de una afección: "La inestabilidad emocional puede ser una señal de trastornos de la personalidad, de trastorno bipolar o incluso de esquizofrenia". Por eso, si tu inestabilidad emocional es persistente y te impide llevar una vida normal, la mejor solución pasa siempre por acudir a un especialista. De ti depende que la montaña rusa de tus emociones no acabe por arruinarte el día.