Estos son los traumas que se suelen esconder detrás de las adicciones

El trauma infantil y el estrés crónico pueden aumentar el riesgo de adicción en la vida adulta

Te haces el porro de buenas noches por qué no puedes dormir de la angustia que tienes de buscar curro. Te metes una raya un día de fiesta después de una semana de mierda con tu pareja o por qué en tu familia hay problemas. Empiezas a beber cada vez que te pones triste por qué algunos días afloran viejas inseguridades. Te comes una tarrina de helado de una sentada por que te come la ansiedad. Algunos no caen en la adicción pero otros sí. Y detrás de todo eso hay una misma raíz: el dolor, un problema, un trauma

Se trata de una teoría ampliamente documentada en la literatura científica y que es defendida por figuras como  el médico canadiense Gabor Mate, que cree que es necesario reenfocar la perspectiva que se tiene sobre los adictos y como se los trata. Según explicaba a la BBC toda adicción tiene su origen en el trauma: “si es que sabemos cómo reconocer el trauma”. 

El trauma infantil, las inseguridades respecto un ideal inalcanzable o el estrés crónico (ya sea por trabajo, estudios o una relación tóxica) pueden generar una alteración neurobiológica en el circuito del estrés. En muchas ocasiones, si la persona no tiene un entorno que lo apoye y que sepa detectar el problema para ayudarlo, la adicción aparece como única vía para aliviar esa alteración

Cuando se activa el circuito del estrés este nos prepara para luchar o huir, haciendo que nuestro cuerpo segregue hormonas como la adrenalina y los glucocorticoides. En consecuencia, experimentamos hiperexcitación, aumento de la presión arterial y sensación de alarma, entre otros. El problema llega cuando vivimos con esta sensación de peligro de forma cronificada. Que es lo que pasa con las personas que han sufrido episodios traumáticos, los cuales desregulan el circuito de estrés natural.

Las drogas pueden servir de alivio a este estado de hiperexcitación y ansiedad crónica. En especial los opiáceos, el alcohol, las benzodiacepinas (como el diazepan) y el cannabis, ya que tienen efectos calmantes. De este modo, las personas con problemas psicológicos no tratados corren más peligro de caer en la adicción. Por lo tanto, si has sufrido algún tipo de trauma (abuso infantil, rechazo de las figuras paternas, etc) o estás pasando por un momento vital muy angustiante o estresante, es fácil que el tema de los porros o las cervezas se te vaya de las manos y que ya no solo consumas de fiesta. Sino que sea cada vez más recurrente.

Pero la adicción no tiene por qué ser siempre a las drogas, puede ser la comida también. De hecho el trastorno por atracón es un tipo de TCA que va sobre esto: canalizar la ansiedad a través de la comida. Que además, una vez se ha producido el atracón, genera aún más ansiedad y culpabilidad por el comportamiento, lo que acaba generando un bucle del cual es muy difícil salir.