Cómo saber cuál es ese terapeuta que te ayudará de una vez por todas

Te ha dejado tu pareja, tienes miedos inconfesables, inseguridades en tu día a día o, simplemente, te apetece conocerte un poquito mejor. Estás inmerso/a en ese el momento en el que te planteas ir por primera vez ir a un terapeuta, pero tienes miedo a que sea de esos que no deja de mirar el reloj cada dos segundos. Por eso mismo, y para acabar con tus reticencias aquí tienes tres pilares que debes tener en cuenta, tanto en tu búsqueda como en las primeras sesiones. Atent@, porque algunas también te afectan a ti y no solo al profesional.

1. Deja a un lado tus prejuicios

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Vives en el siglo XXI es hora de superar tópicos como ‘yo no necesito un loquero’. Por desgracia, en las sociedades occidentales, donde tenemos ‘casi todas’ nuestras necesidades básicas cubiertas —aunque la crisis nos haya dado grandes palos— y no tenemos que luchar por una simple supervivencia, afloran multitud de problemas psicológicos y enfermedades mentales derivadas del estrés frenético y un entorno brutalmente competitivo.

El estrés ha sido bautizado por muchos como ‘el gran mal de nuestra época’. Según la OMS supone el 12% del total de las dolencias, incluyendo las físicas. Por este motivo, debería estar más que superado lo de tener reparos a la hora de acudir a un especialista. Nadie te está pidiendo que tengas un acto de fe.

Ana Molinaro, psicoanalista y responsable de entrevistar a los pacientes antes de derivarlos a quien será su terapeuta en la Psicoxarxa del Colegio Oficial de Psicólogos de Catalunya (COPC), explica que “no hay pastillas que acaben con los problemas —pues en muchos casos van a seguir estando ahí—" y que "la virtud de la terapia reside en aprender a cómo gestionarlos”. Entonces, no esperes que tu psicólogo sea Mary Poppins, aunque sí podrá orientarte sobre ciertos obstáculos que no te dejan avanzar.

2. No todos los tipos de terapia son iguales

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Dicen que ‘para cada problema hay una solución’, en este caso podríamos decir que en función de tus necesidades, precisarás un tipo de terapia determinado. Molinaro asegura que todo depende de si se trata de una cuestión puntual y se quiere una ‘solución rápida’ o, por el contrario, es un problema de base que requiere profundizar más a largo plazo. “Hay que escuchar la problemática y observar el tipo de personalidad de cada uno. Hay personas que tienen más permeabilidad y les interesa ir más allá, simplemente que tienen un deseo de saber y no les importa remover cuestiones más complejas”, indica la psicoanalista.

Tienes infinidad de opciones. Si buscas más una ‘solución express’, puedes acudir a un especialista en terapia conductista cognitiva (TCC). Suele ser de corta duración para tratar cosas específicas —fobias, crisis de angustia o depresivas, trastornos alimenticios—, donde te darán una serie de pautas de conducta u orientación para desenvolverte en algún ámbito concreto de tu vida. Aunque también podrías estar cómodo con una terapia gestalt, va un poco más allá que la conductista y no es exclusiva para tratar enfermedades, sino que también intenta desarrollar el potencial humano. Si lo que quieres es llegar a una introspección de las profundidades de la psique, puede que lo tuyo sea el psicoanálisis

3. Tiene que existir un feeling

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No vamos a mentir, eso de llegar a la primera cita y contarle todos tus secretos más oscuros a un desconocido no le sale a nadie. Pero, como es lógico, no se trata de eso. Es una cuestión de tiempo, de ir forjando una relación y cierta intimidad que te haga sentirte libre para poder expresar sin rodeos lo que te preocupa. Obviamente con unas cuantas sesiones es insuficiente, de hecho, la experta considera que “un mes es poco tiempo para que se forjen los lazos entre dos personas porque no existe la magia”.

Aunque esto dependerá de cada uno, ya que es muy personal. No obstante, debes ir observando si te sientes cómodo con esa persona, si hay un feeling, química o sentir cierta empatía por parte del profesional. “Nosotros utilizamos el término transferencia, es decir, sentir que la otra persona te brinda una situación de cobijo, en la que tu puedas hablar de lo que está pasando”, concluye Molinaro confirmando que a la hora de encontrar un terapeuta tan importante es el/ella como tú y tus objetivos.